soy guia

Si una pequeña palabra mía puede aliviar una vida. Si una pequeña canción mía puede aligerar una carga. Dios me ayude a decir la pequeña palabra y a tomar mi pequeña canción y soltarla en un hermoso valle para que resuene su eco.

efectos...

Creedme si os digo que era un instrumento desafinado.
Me sorprendo de lo que estoy descubriendo:
quien habita dentro de mí.
Zazen me lo está haciendo saber.
"Sencillamente sentarse" extrae los aromas profundos de mi ser.
Soy un sencillo instrumento por donde la vida se asoma.
Mi voz se conjuga con el otro que escucha, que comparte.
tengo el Corazón abierto dispuesto a la plegaria.
Vida qué hermosa eres.
Tanawa

flotando....fluyendo

flotando....fluyendo
En el silencio que no depende de la
ausencia de ruidos,
tiempo y lugar
desaparecen dejando el sabor de una
Presencia, única y entrañable, que
ilumina cada momento.


Ese silencio no necesita ser buscado, sólo
requiere la apertura incondicional nuestra
aceptando la expresión divina que
en ella se manifiesta.

Es como volver a casa
al final de un día agotador y descubrir que
esa calma tan ansiada nos estaba esperando,
que nos recibe llenándonos de sosiego y
paz
tomado del blog: en meditacion

cuando muera

por Thich Nhat Hanh

Palabras de Thay el día de su 86 cumpleaños:
Cuando muera, no quiero que construyáis una estupa y pongáis mis cenizas dentro de ella.
No me gustaría. Es un desperdicio de tierra.
Pero si insistís en construir una estupa, os dejo una linea para inscribir sobre ella:
"No hay nada aquí dentro".
Y si seguís insistiendo, os dejo otra linea más:
"Tampoco hay nada afuera".

COLOMBIA

COLOMBIA

Antes del Zen las montañas eran montañas y los árboles eran árboles.

Durante el Zen las montañas eran tronos de sabiduría y los árboles eran las voces de la sabiduría.

Después del Zen las montañas son montañas y los árboles son árboles.

Sigue meditando, pero transfórmate en el camino.

siembra

siembra

ATIENDETE

ATIENDETE
ESCUCHA EL SILENCIO

domingo, 26 de octubre de 2014

willian ospina. Romper una piedra...



En Colombia toda la sociedad, pero en primer lugar sus jóvenes,  no pueden aplazar más la construcción de sus sueños, la orientación de su energía impaciente y la invención de otra manera de habitar en los territorios.
Como Richard Sennett, buena parte del pensamiento más lúcido de nuestra época, en el mundo entero, se está preguntando cuáles son los nuevos caminos de la creatividad y de la producción responsable; cuáles son las alternativas para la juventud, para su energía, su amor por el riesgo, su ansia de competencia y de disciplina, su avidez por el conocimiento y su misticismo de la acción; y cuáles son las tareas de una humanidad desconcertada sobre un planeta que aceleradamente se altera por nuestra presencia en él.
Las tareas de la gente joven en Colombia son las mismas tareas de todos los seres del resto del  mundo contemporáneo. Un diálogo de los jóvenes colombianos con los del resto del continente y del mundo es uno de los imperativos de la paz. 
William Ospina *

martes, 16 de septiembre de 2014

el excelente fotografo Alejocokc

-para Alejandro Cock-


La primera imagen que ves cuando piensas en él es su sonrisa. 
Alejo te acerca con su sonrisa. 
Dos minutos después del encuentro comprendes que el mundo sería un lugar mejor si te encontraras con más gente como él. Está hecho de una materia extraña este hombre: es capaz de abrazarte con una mirada. 
Alejandro Cock-Peláez toma sus fotografías con el corazón, cuenta historias con palabras habitadas por imágenes, hace documentales que atrapan el alma –no de quien queda grabado, sino de quien los ve- y vive con la intensidad de quien ha visto el amanecer en lugares que a los demás nos resta sólo imaginar. Es coleccionista de paraísos.





Suyo es el mar y también el bosque.
Suya la brisa y el cabello en remolinos.
Tan cerca de lo ancestral, tan adentro de lo fundamental.
La naturaleza le acaricia, le susurra al oído, sueña con él. Y él con ella.
Ha visto crecer árboles que lo han visto crecer a él.
La vida es un planosecuencia.
Más que profesor ha sido Maestro. Y Cielo. Y Nube.
…ha perdido relojes y ganado atardeceres, ha bebido la savia de la vida.
Sus ojos tras el lente, tanta geografía en sus zapatos, el beso en sus labios.
Una palabra en el diccionario habla sobre Alejandro: Valiente.


+ Algunas de sus fotografías puedes verlas aquí
+ Una muestra de su trabajo en video puede verse aquí

tomado del blog Ocho16

lunes, 15 de septiembre de 2014

cocinar, es un acto sagrado





El acto más valiente que cada uno de nosotros puede hacer en este momento es atreverse a pensar en los demás –los animales, la Tierra y todos los seres.

 El primer paso para ser feliz es comenzar a ser  “otro-céntrico” en vez de  “ego-céntrico”.

 Al elegir ingredientes veganos y cocinarlos tú mismo(a) con una intención pura no solo habrás creado un delicioso platillo, sino también harás empezado tu propio movimiento radical de paz y coexistencia armónica con el resto de la vida.

-Sharon Gannon

sábado, 6 de septiembre de 2014

la interesante vida de Teresita Gomez. pianista

durante la celebracion de los 20 años de la fundacion para vivir el zen, Zipacon, cundinamarca. Templo La Tierra. 

Mal calculados, Teresita Gómez puede tener cinco años de edad. Ni la dureza de la vida, ni la fama, ni el reconocimiento, ni mucho menos la discriminación y la inquisitorial persecución, han logrado hasta el momento asesinarle su niña. Nunca ha aspirado a ser una mujer adulta, pues su secreto es este: le quedó congelada su infancia. Es algo que va en la sangre, en la piel, en no se sabe qué, tal vez en el duende; ella lo tiene porque sí. Es verdad que Colombia ganó con esta criatura expósita una maravillosa pianista, pero la mujer, el ser humano, dobletea a la artista: es una obra maestra del azar. Si perdimos a una gran actriz, la culpa la tiene Bach. ¡Cómo sería este animal de mujer deambulando en dramas y comedias por nuestros escenarios!

Ha sido imposible establecer en esta conversación un trazo que abarque su inmensa personalidad. Sus palabras en el papel no dejan de ser seductoras, pero la conversación a carne viva, con su voz ahogada y guarachera, es un prodigio musical. Razón tenía Goethe al suponer que la conversación era el gran arte, porque quien conversa instala un teatro donde la música, la danza y la poesía están involucradas, y eso es plenamente verificable cuando se habla con Teresita.
Pocos desconocen que al nacer fue adoptada por el matrimonio de Valerio Gómez y María Teresa Arteaga, oriundos de Marinilla, que se desempeñaban como porteros en Bellas Artes. Ellos cada día comprobaban con inquietud cómo la niña mostraba inclinación por el piano, que usurpaba clandestinamente en las horas vacías de la institución: “donde se den cuenta nos echan, Valerio”.
Teresita vivió su infancia entre cantos, acuarelas, ballet, escenarios e instrumentos musicales, cosas que compensaban el aislamiento de los otros infantes, a quienes no les permitían acercarse a ella porque era “de color”. En esa fragua se templó el acero.

¿Cómo te ha ido de maestra?

El tema de la educación es de alto calibre, muy delicado. El educador debe tener mucho amor por lo que hace, estar convencido y tener el desprendimiento para poder ayudar a esas personas, comprometerse, y comprometerse es jodidísimo porque es una renuncia. ¿O estoy hablando pendejadas?

No, siga, siga

Tú tienes que renunciar a muchas cosas para implicarte con seres humanos y, como lo dice bellamente Saint-Exúpery, “ser responsable de lo que se domestica”.

¿Qué son tus alumnos?

Son mi familia, no hay otra, ni siquiera… Voy a decir una blasfemia: ni siquiera mis hijos, eso es otra cosa; los alumnos son los hijos que le manda a uno la vida. Me crié cuando no había ni maestrías ni doctorados ni nada de eso: era el amor incondicional por la música, sin ninguna búsqueda exterior. Si la fama llega, bienvenida, pero aquel que se pone para ser famoso está perdiendo el tiempo, se está alejando años luz de la meta, porque hay que renunciar. A un actor o un músico de verdad, en el momento en que se para ahí, se le tiene que olvidar cómo se llama, de dónde viene y de qué familia es: tiene que hacer una verdadera entrega.

¿No es ya el pedagogo simplemente un obrero calificado, un asalariado?

Sí. La del maestro es una responsabilidad diría cósmica –en lo que yo entiendo por cósmica–: es entregar algo al universo, dar de vuelta, ser vehículo y puente para que otros sean.

Pero has tenido una experiencia formidable en la Universidad de Antioquia, hasta te condecoraron…

Los primeros años fui profesora por necesidad, por ganarme el pan. Antes me enfrentaba a problemas con los alumnos que no sabía cómo resolver. Cuando llegué a la Universidad de Antioquia no llegué como profesora de piano sino de música de cámara o acompañando cantantes, porque sé mucho de ópera. Empecé a trabajar en el pregrado, y esto ha ido avanzando de tal forma que me encarreté con la enseñanza.

La operación de tus manos fue un momento difícil…

Me operaron las manos y mientras me recuperaba daba clases. La recuperación fue muy lenta pero tomé conciencia, pues tuve que volver a aprender a mover mis dedos. La fuerza se fue, la velocidad mermó un poco, me dolía mucho, confundía la izquierda con la derecha; eso fue una pesadilla. Me tocó empezar a aprender otra vez la parte ya no musical y de interpretación, sino motriz; ya no era fácil para mi tocar piano con agilidad. Aprendí a dar clase, aprendí de la permanencia, se fue la fama, todo eso se acabó. Fue muy doloroso. Fuera de eso, volví a entrar en el medio musical. Me decían: “¿Y sí vas a poder volver a tocar piano?”; “pero eso es una operación muy delicada, Tere; quién sabe si volvés a tocar”. ¡Hacían unos comentarios tan oportunos! Yo pensaba: no sé si vuelva a tocar. Pero fijate, me ayudó Bach: salí avante gracias a Bach.

¿Y a Bach cómo lo sentís? ¿Cómo lo traducís en esos términos del alma tuya?

A mí me parece que Bach es el pulso del universo, es un ritmo implacable. Donde nos falle el ritmo del universo, ni el ejército ni la guerrilla pueden hacer nada (ríe). Bach es un ser religioso, un místico, me da mucha serenidad. Es el único compositor que te quita la depresión, porque es mántrico, repetitivo. Por eso es tan bueno para el jazz. La música es antes y después de Bach.

Ciorán le preguntó a su madre si creía en Dios, y ella le respondió: “creo en Bach”. Hablemos de Chopin

Llevó el piano al nivel de la poesía: no es un músico, es un poeta. Puso a cantar el piano, porque el piano es un instrumento de percusión ¿no? Buscaba la nota azul, que es como cuando baja el santo; quiero decir, no la puedes estudiar, tiene que bajar, sale misteriosamente después de mucha técnica, es el duende en Lorca. Chopin es parcerísimo mío. Es como si existiera lo que se llama reencarnación y yo hubiese sido su vecina. Sé qué es un buen Chopin porque lo he tocado en Varsovia, sé cómo debe sonar.

Beethoven

Fascinante. ¡Uy, qué difícil! ¡Tenía que ser sordo ese hijueputa! Solo se puede definir con una palabra: grandioso. Beethoven es igual a fuerza. Su música es el mundo que él construyó. Vivía en la adversidad, era pobre, sordo y se enamoraba de las condesas. No le faltó sino ser negro.

Haydn

Humor.

Schumann

Esquizofrenia. Su música es teatral porque es de varios personajes: Florestán el cómico, Raro, que era el apacible, y Eusebius el filósofo.

Una histeria que produce personajes, heteronimias que anteceden a las de Pessoa; Schumann es de 1810. ¿Entonces cuál de los tres escribió la música de Schumann?

Para tocar el piano hay que crear personajes. Yo no soy siempre la misma, estamos habitados por muchos otros.

Schubert

Transparencia. Escribió todo en los cafés y vivía de los amigos ricos que le costeaban su existencia, lo cual me parece muy bien, como debe ser. Es el romanticismo frío, escueto.

Mozart

Mozart no se puede tocar de malgenio, porque el cuerpo tiene que estar muy liviano. Es muy transparente, cualquier cosa se nota. Tocar Mozart es estar en una cuerda floja, como si a un mantel de lino blanco le cayera una gota de vino rojo.

su experiencia con la meditacion zen

A finales de los noventa volví al zen porque estaba destruida con la muerte de mi hijo Vladimir. Se me acumularon todas las desgracias del mundo. También la élite musical me sacó de taquito, y a esa élite yo la respeto mucho, son los mejores. Rechazo tras rechazo, ¡no joda, ya es hora de que me indulten! Así que en las peores, con las manos operadas por contera, fui donde un amigo en Bogotá y le dije: “estoy deprimida, estoy muy mal, ya la búsqueda mía cesó, de eso no quedó nada, no hay dios que me interese”. Me dijo: “¿Por qué no pruebas con el zen? Vamos a buscar al monje Andre Lemort a ver si te da la postura”. Allá llegué, y Lemort me hizo pasar y puso una silla ahí y otra aquí aislada, como una cosa rara no había mesa en la mitad. Me dijo: “¿Y qué?”; “¿qué? que estoy mamada, que mi vida me importa un culo, que no creo en nada”; “ah bueno, eso no está grave. ¿Y qué quisieras?”; “que me dé la postura, la ordenación de monja”; “bien, empezamos esta noche”; “esta noche no se puede, me voy a las cinco para Medellín”; “entonces no”. Tocó aplazar el viaje. Me quedé a su lado aprendiendo, y en el 99 me dio la postura de monja, que es un ritual que me gusta mucho porque es muy teatral. Le escribí esta carta: “Maestro, la vida me llevó a este momento, el más importante, no tengo por dónde escalar; el amor, el éxito, mi familia, todo lo que ha sido mi vida necesita un cambio, un cambio profundo, lo he encontrado a usted y quiero estar ahí en esa postura que me confronta con mis miedos, mis ilusiones, mis disfraces… Tómeme como su discípula. Mi tiempo, el que me queda, quiero practicar. No sé este barco dónde me llevará, quizá a ninguna parte. No tengo conocimientos teóricos pero no me importa, estoy cansada de todo, lo que quiero es la práctica. ¿Me permite ordenarme? ¿Me permite ser su discípula? Es algo que está más allá de mi necesidad imperiosa, considere mi petición”.

Qué bueno sería irme de dōjō en dōjō por el mundo sin que nadie sepa nada de mí, solitaria.

Ahora estoy leyendo Qué viva la música de Andrés Caicedo

algunos apartes tomados de : Entrevista tomada de la edición No. 26 del periódico de Medellín en Escena. teatro Matacandelas.

jueves, 4 de septiembre de 2014

Comentarios sobre la practica del yoga. Lula Cañas, España.




Una buena práctica de hatha yoga puede tener mucha trascendencia y espiritualidad, dependiendo de cómo se aborde  la practica. Enfatizar con la motivación y energía de cada alumno y ayudarle sin intervenir en su propio ritmo y forma de afrontar la enseñanza, dando por hecho que esta le llegará cuando esté preparada para recibirla.
No se puede imponer algo que uno no siente como una verdad absoluta,
Había un maestro que decía que pretender que el hatha yoga solo beneficie a nivel de salud física o psicosomática es dejar a este yoga a un nivel muy precario, porque el hatha yoga nos puede llevar a la vivencia de samadhi, a un desarrollo evolutivo pleno de la persona. 
¿Cuáles son las claves para que ese trabajo de hatha yoga o yoga corporal sea profundo en una sesión?
Contemplar a la persona de forma holística. Por más que trabaje muy bien el cuerpo, éste está en relación con los estados internos, los estados anímicos. La mente influye en nuestra manera de sentirnos, en cómo  entramos a la postura , cómo la vivimos , cómo salimos de ella; como interactua la respiracion estando en ella. Hay una interrelación cuerpo-mente que es indivisible y a su vez la respiración y los órganos estan unidos.
A nivel individual es más sencillo que a nivel de grupo. Un profesor tiene que saber pero no tiene que demostrar con palabras que sabe sino mostrar lo que es el yoga al hacerlo, no al decirlo. Si en las clases se crea un ambiente de interiorización, un ambiente que apacigüe la mente, si ofreces unas bhavanas (objetos de concentración que pueden ser físicos, mantras, respiratorios, sensaciones…) para que la mente esté concentrada y se mantengan en el aquí y en el ahora, la sesión puede tener connotaciones muy físicas o muy trascendentes que puedes adaptar a nivel de grupo o a nivel individual, convirtiendo una sesión en una experiencia muy enriquecedora.
Háblanos, por favor, de tu apertura a otras enseñanzas, como el budismo tibetano y de aquel a quien consideras tu maestro.
Cuando empecé en el yoga, el budismo era para mí una religión y yo en ese entonces me consideraba agnóstica. Creo que el yoga me llevó de la mano al budismo. Tras un divorcio, quise reflexionar, necesitaba recogerme para entender hacia dónde quería ir. No tenía dinero y me hablaron del templo tibetano de las Alpujarras en el que puedes acudir aportando tu trabajo. Fue en el 88 y desde entonces no se ha roto la relación; he explorado en otras líneas pero esta es la mía. Es un budismo bastante complejo y esto me ha llevado a tener dudas, pero he tenido la gran suerte de encontrar un gran maestro que me enseña tanto sobre la práctica espiritual concreta como de la práctica de vida; es un ejemplo vivo de forma de vida y de relacionarse con el prójimo.
¿Cómo se puede integrar a la vida moderna una práctica espiritual tan profunda viviendo en la gran ciudad?
Si no hay una práctica, no puede haber integración, y me refiero a cualquier tipo de práctica aunque sea pequeña, muy breve, a tu manera; no necesita ser una práctica tradicional. Pero sin esta práctica constante no hay sostén, desde mi experiencia. Hoy en día la vida que vivimos en la sociedad actual y en una gran ciudad necesita pararse. Y creo que es el motivo por el cual actualmente han aflorado practicas muy asequibles a la vida cotidiana, porque realmente necesitamos un soporte para entendernos mejor en la relaciones, para tener menos crisis interiores, para confrontarnos menos con el prójimo, para que no nos desborde la actividad excesiva que hay en una gran ciudad.
La práctica es imprescindible, aunque sea de cinco minutos, aunque sea muy sencilla y se realice en el autobús, como extremo. Una práctica que te lleve a conectar con tu esencia interior, que para mí es una actitud de respeto, de amor de calidad. En una sociedad en la que estamos continuamente interrelacionándonos, si no tenemos la capacidad de mirar al prójimo con una cierta calidad y calidez interior, las relaciones se vuelven muy difíciles, muy conflictivas, y eso nos dificulta la vida con los demás y con nosotros mismos, crea mucha intranquilidad y mucho dolor. Para mí el objeto de la practica es sobre todo para podernos relacionar mejor.
De lo que haces actualmente, ¿que te gustaría compartir con nosotros?, ¿que te enriquece y qué nos puede enriquecer a los que te estamos leyendo?
La fuente de la que diariamente bebo son mis alumnos, mi relación con ellos, el día a día con ellos. Esto es un gran estímulo para la superación y la entrega. Además, mi camino en el budismo con mi maestro es un pilar importante. Pero hoy en día lo que me resulta muy enriquecedor es participar en un proyecto en el que imparto clases de yoga en una prisión para mujeres, y esto me está resultando un trampolín de evolución.
Cuando das clases a un colectivo excluido socialmente, ¿qué les aporta está práctica a esas personas y al profesor que la imparte?
Cada vez que acudo a la prisión mantengo una entrevista con una alumna, y esto es muy hermoso. Me doy cuenta de que lo que encuentran en el yoga es un modo diferente de sentirse a sí mismas. Que a través de la práctica pueden descubrir una personalidad que desconocen, y esto les motiva e impulsa al cambio. Una de las chicas que tuvimos en clase y a la que le han dado la libertad nos dijo que nunca olvidará a las personas que influyeron en que se diera cuenta del camino de salida.
Para el profesor es tanto, tanto, tanto lo que recibe que no hay palabras ni horas para describirlo. Es un toque de corazón, un toque de consciencia. Sobre todo cuando hay una verdadera intención de abrirte a estas personas, porque es tanto lo que necesitan que con poquito que les des su entrega es total. Es cierto que del número de reclusas que hay, el tanto por ciento que vienen a clase es muy poco, pero de las que vienen el agradecimiento es tal que te saltan las lágrimas.
¿Aconsejarías esta práctica de servicio dentro de una formación seria de profesores de yoga?
Totalmente; para mí el yogui es un servidor. La evolución en el ser humano nos lleva a tomar conciencia de todo lo que hemos recibido. Cuando esto sucede, es tal la gratitud que nace la responsabilidad y el deseo de compromiso. Es algo que mana del corazón, porque uno se siente tan lleno por todo lo recibido que, al ver la necesidad que hay fuera, brota el deseo de ponerte al servicio. Yo creo que ese es un verdadero yogui: un ser que se da cuenta de lo que ha recibido y quiere ponerse al servicio de la sociedad para colaborar en el impulso de desarrollo de la humanidad, y una de las mejores maneras de impulsar este desarrollo es de que haya experiencias a nivel social que puedan favorecer esta trasformación y sobre todo en las personas más desamparadas, más perdidas.
Entrevista de Isabel Ward, fundadora y directora del centro Yoga Anandamaya,

domingo, 10 de agosto de 2014

carta de amor de simone de Beauvior a Jean Paul sartre

Querido pequeño Ser:

Quiero contarle algo extremadamente placentero e inesperado que me pasó: hace tres días me acosté con el pequeño Bost. Naturalmente fui yo quien lo propuso, el deseo era de ambos y durante el día manteníamos serias conversaciones mientras que las noches se hacían intolerablemente pesadas. Una noche lluviosa, en una granja de Tignes, estábamos tumbados de espaldas a diez centímetros uno del otro y nos estuvimos observando más de una hora, alargando con diversos pretextos el momento de ir a dormir. Al final me puse a reír tontamente mirándolo y él me dijo: "¿De que se ríe?". Y le contesté: "Me estaba preguntando qué cara pondría si le propusiera acostarse conmigo". Y replicó: "Yo estaba pensando que usted pensaba que tenía ganas de besarla y no me atrevía". Remoloneamos aún un cuarto de hora más antes de que se atreviera a besarme. Le sorprendió muchísimo que le dijera que siempre había sentido muchísima ternura por él y anoche acabó por confesarme que hacía tiempo que me amaba. Le he tomado mucho cariño. Estamos pasando unos días idílicos y unas noches apasionadas. Me parece una cosa preciosa e intensa, pero es leve y tiene un lugar muy determinado en mi vida: la feliz consecuencia de una relación que siempre me había sido grata. Hasta la vista querido pequeño ser; el sábado estaré en el andén y si no estoy en el andén estaré en la cantina. Tengo ganas de pasar unas interminables semanas a solas contigo.

Te beso tiernamente, tu Castor.

sábado, 2 de agosto de 2014

como me volvi loco

... me preguntas como me volví loco, ocurrió asi:
 
un dia, mucho antes de que nacieran los dioses, desperté de un profundo sueño y descubrí que habian robado todas mis máscaras, las siete máscaras que había modelado y usado en siete vidas.
 
Huí sin máscaras por las atestadas calles gritando:
"¡ladrones! ¡ladrones! ¡malditos ladrones!.
 
Hombres y mujeres se reían de mi, y algunos corrieron a sus casas temerosos de mi.
y cuando llegué a la plaza del mercado, un muchacho, depié sobre el techo de una casa gritó:
 
¡es un loco! 

alcé la vista para mirarlo y por primera vez el sol besó mi rostro desnudo.
Y mi alma se inflamó de amor por el sol y ya no deseé más mis máscaras, como en éxtasis grité:
¡Benditos sean los ladrones que han robado mis máscaras!
 
Así fué como me volví loco.
 
Y he hallado la libertad y la salvación en mi locura, la libertad de estar solo y a salvo de ser comprendido, porque aquellos que nos comprenden esclavizan algo nuestro....
  
  Khalil Gibran

tomado del blog Comando dharma. gracias.
Quiz

viernes, 25 de julio de 2014

10 frases para pensar

10 frases para pensar.

1) Mira la señales, cuando algo aparece muy resistente no empujes mas, no es esa puerta la que tienes que abrir.

2) Encuentra la lección en todos los acontecimientos, te aseguro que hay una en cada acontecimiento.

3) Algo que parece horrible puede ser la bendición más grande en el futuro.

4) Recibirás lo que quieras cuando estés maduro para recibirlo.

5) La opinión de los demás hacia ti, si no es constructiva y no viene de un lugar de amor, no interesa.

6) Ser amigo de alguien te obliga a ser sincero con ese alguien.

7) No peles con tus emociones, sino investiga de dónde vienen.

8) Lo que piensas se transforma en tu vida.

9) El trabajo espiritual no reemplaza el psicológico, ni el psicológico el espiritual.

10) Agradece todas las oportunidades que tengas y no las dejes ir.


viernes, 11 de julio de 2014

meditacion y estudio

LO RIESGOSO
Dijo Mirtias (una estudiante siria
de Alejandría: bajo el reinado
de augusto Constante y augusto Constancio,
gentil en parte, y en parte cristianizado):
"Fortalecida con meditación y estudio,
yo no temeré a mis pasiones como un cobarde.
Mi cuerpo a los placeres entregaré,
a las delectaciones soñadas,
a los más atrevidos deseos amorosos,
a los lúbricos impulsos de mi sangre, sin
ningún temor, porque cuando quiera -
y tenga decisión, fortalecida
como estaré con meditación y estudio -
en los momentos críticos he de reencontrar
mi espíritu, igual que otrora, ascética".

Constantino Cavafis


ISLA FUERTE EN COLOMBIA

La isla perdida de Colombia

A 20 minutos de Paso Nuevo, Córdoba, está Isla Fuerte, un pequeño universo desconocido, aislado y habitado por 2.500 personas.
Por: Carolina Gutiérrez Torres. periodico El Espectador. colombia

La isla perdida de ColombiaDon Rufino Espitia Barrios junto a su esposa Alejandrina Cardales. Se casaron en 1946 con la bendición del entonces obispo de Cartagena, en un ceremonia colectiva. / Fotos: Camilo Rozo
Esta es la Isla Fuerte del Caribe colombiano. Pequeña y agreste. Tres kilómetros cuadrados, en el sur del Golfo de Morrosquillo, que han hospedado a indígenas, a piratas y a contrabandistas; que han escondido, ocasionalmente, a algún narcotraficante, a algún paramilitar. Este es un pedazo de tierra sin sacerdote en el que religiosamente se celebra misa una vez al año, cuando un curita del municipio de Moñitos viene a bautizar, confirmar y casar a los pocos feligreses que no reclutó la Iglesia evangélica.
Esta es la isla perdida de Colombia, ubicada a 20 minutos en lancha de Paso Nuevo, Córdoba, diminuta en el océano de aguas azules y verdes y amarillas. La isla que acogió hace tantos años a cinco familias desplazadas por las “políticas del progreso” de Bolívar. La que empezó a poblarse y a convertirse en un universo pequeñito en el que no existe la energía eléctrica, en el que la gente vive hasta pasados los cien años, en el que los fines de semana festivos no se duerme ni se pesca y al que llegan los turistas por pura casualidad.
Un islote en el que vive una mujer de casi noventa años que curaba con bebedizos a los enfermos y un hombre de más de ochenta que esconde la historia de la isla en un libro que no le presta a nadie. Así vive Isla Fuerte en sus tres kilómetros cuadrados.
Doña Ruca
En la isla perdida vive doña Rúdica Navas Luna con sus 80 y pico de años y una sordera progresiva. Vive ella de camisa rosada y pantalón azul, sentada en una silla en la puerta de su casa. A su derecha, sentado también, reposa su esposo José María, quien se ve tan jovial y tan enérgico que bien podría pasar por el hijo de la señora que escucha poquito, poquito.
Cuando cualquiera se le acerca y le grita al oído buenas noches doña Ruca, cómo ha estado. Ella responde con una risotada “bien, porque estoy viva”. Y tiene razón para celebrar la vida por estos días en que a los viejos más viejos de Isla Fuerte les está dando por morirse. Aquí, donde pueden pasar años y años sin que se celebre un funeral, acaba de cumplirse el sepelio de Juanita de la Hoz, quien respiró hasta los 107 años. El de Juanita y el de otros cuatro más. Fueron cinco muertos en quince días. Cosa rara en Isla Fuerte. Razón suficiente para celebrar la vida.
Son alrededor de las 6:00 p.m. en este islote que reclama ser un corregimiento de Cartagena, aunque esté sólo a 20 minutos de tierra cordobesa. A las 6:00 p.m. las afueras de Isla Fuerte ya están sumidas en una oscuridad total. Sólo alumbran a lo lejos algunas fincas que tienen planta eléctrica propia. Y las de los vecinos que pagan por tres o cuatro horas de energía. Los caminos que recorren de memoria los isleños son terrosos, polvorientos, ásperos. Así, en la negrura de la noche, la isla se siente más agreste.
Ya llegando al centro se empieza a iluminar la noche con las luces de las discotecas y los negocios. Se escucha una salsa de Willie Colón en la tienda más central y más surtida del corregimiento. Son días de enero, días de música. Se acerca el primer puente del año y literalmente Isla Fuerte se paralizará en torno a la celebración. No habrá pescado fresco ni abrirán los pocos comerciantes. Sólo se hablará de fiesta, de trago y de las riñas que en los últimos años se volvieron culto después del segundo y del tercer día de parranda.
De eso se queja doña Ruca. La que fue enfermera del pueblo hace tantos años. “Vos ayudaste a parir a media isla”, le dice don Horacio Giraldo, un paisa que tiene un hotelito aquí hace 15 años. “Hasta a una cachaca. Ahí, en esa casa, la ‘partié’”, como dice ella, la señora Ruca, señalando la casona que tiene a su espalda. Luego asegura: “Esto está muy distinto. Aquí los jóvenes ya no respetan. Antes a los adultos nos respetaban. A mí me consideraban. Me querían. Hoy no”. Y vuelve a repetir que aquí los jóvenes ya no respetan.
Doña Ruca es la historia misma de Isla Fuerte. De los años de casas de madera, caña brava y techo de palma; de los tiempos en los que no se tenía noticia del contrabando, que después traería a la isla bonanzas esporádicas en las que se construirían elegantes casonas de ladrillo y patios amplios a la entrada. Doña Ruca habla de los días en los que era posible enumerar uno a uno a los habitantes del pueblo. Con nombre y apellidos. Porque eran pocos. Poquitos. “Ya todos esos viejos están muertos”, dice la señora y menciona otra vez que Juanita fue la última en partir. 107 años.
Ruca era la partera, la enfermera, la que curaba las picaduras de raya y las gripes con infusiones de anamú, guají, almácigo o totumo cimarrón. Eran sagrados sus brebajes. Hechiceros. Como de bruja. Pero aquí esa palabra está prohibida. Que nadie diga que doña Ruca es o fue bruja. Ni mucho menos que con sus sortilegios espantó una a una las amantes de José María, su esposo, que era tan joven y buenmozo, que tuvo una y hasta diez amantes: Venita, Nelcides, Máxima, la difunta Caridad. “Todas esas mujeres tuvo él. Que era un bandido. Que tenía plata para todas”. Y remata diciendo a José María lo conocí desde ‘pelaito’, cuando yo ya no era señorita, y con él tuve dos hijos: una hembra y un varón.
Don Rufino
La historia de la isla está escrita en un libro que don Rufino Espitia Barrios, de 85 años, vigila con devoción. No lo presta, pero está dispuesto a conversar con cualquiera sobre lo que allí está escrito. Acérquese a su casa cuando esté llegando el anochecer. Él estará ahí, sentado en una mecedora junto a la puerta, acompañado de su esposa Alejandrina Cardales, diciendo que ya está muy viejo y que un hombre después de los 80 es un estorbo, preguntándose cuándo le llegará la muerte.
El señor Rufino lleva uno de los apellidos más populares de Isla Fuerte, que también perteneció a una de las cinco familias que colonizaron este territorio hace por lo menos 200 años: los Barrios. Llegaron también los Zúñiga, los Caraballo, los Jiménez, los Castillo. Todos provenientes de Barú. Desplazados “de mala manera” por una compañía extranjera. Eran navegantes. Pescadores. Agricultores. Se asentaron y se dieron a la tarea de “domar” la isla. No fue —no ha sido— fácil. Isla Fuerte es una tierra agreste. Con un clima bochornoso de 28 grados. Con un salitre que carcome las casas, los puertos, los barcos. Cuando se camina por los senderos que la atraviesan se tiene la sensación de que sigue siendo un territorio virgen. Salvaje. Abandonado. Y eso la hace tan atractiva. Tan bella. Tan imborrable.
Otra cosa opina don Rufino, que dice enérgico: “Isla Fuerte ya se acabó... Ufff... se nos acabó”. Su esposa frunce la boca y asiente con la cabeza, sin mirarlo. El señor se sigue lamentando y finaliza la retahíla quejándose de que hasta su dios lo haya abandonado. “Yo era católico, pero aquí ni el cura volvió. Ahora casi toda la isla es evangélica. Hasta mi mujer, que se va para el culto y me deja solito”.
Hablar de Alejandrina sí lo hace sonreír. Contar que celebraron su matrimonio en 1946 y que el mismísimo obispo de Cartagena fue quien les dio la bendición. A ellos y a diez parejas más.
Doña Ruca y don Rufino
En esta Isla Fuerte, cuando una persona pierde la razón, la memoria, la capacidad de elegir, se dice que ya no se pertenece. En el fondo todos los viejos saben que probablemente llegarán a los 100 o a los 107 años —como Juanita de la Hoz— sin recuerdos. Entonces deciden hablar.
En eso se les va la vida a doña Ruca y a don Rufino, dos de los habitantes más viejos del corregimiento que todavía conservan la lucidez, la claridad de las fechas y los nombres con apellidos. Los dos reciben a cualquier visitante y les narran las mismas anécdotas una y otra y otra vez. Ella conserva la historia de la isla en la cabeza y él, en un libro resguardado en alguna parte. Esta es la Isla Fuerte del Caribe colombiano contada por dos viejos que todavía se pertenecen.
¿Cómo se llega a Isla Fuerte?
Estas son las opciones para llegar a Isla Fuerte: por vía aérea se arriba a Montería y desde allí se puede tomar un taxi expreso hasta el puerto de Paso Nuevo (que en promedio demora 75 minutos y cuesta $100.000). Otra opción es utilizar, desde el centro de Montería, el servicio público que conecta a Paso Nuevo. Desde allí se viaja en lancha hasta la isla (un recorrido de 25 minutos por $10.000).
También se puede llegar por tierra, pasando por las poblaciones de Lorica y San Bernardo del Viento, hasta Paso Nuevo.

viernes, 27 de junio de 2014

la paciencia


LA PACIENCIA

El camino del Bodhisattva  declina en seis prácticas que son el fundamento, la base de la práctica espiritual del Zen.  la practica de la paciencia es una de sus bases.
La identificación con el sistema condicionado, me lleva a desear intensamente y saciar el menor deseo. Esta forma de funcionar esta  muy postulada en la sociedad actual y muchos de nosotros soportan cada vez menos frustración, lo que genera e intensifica la cólera.
El velo de la cólera me  impide discernir, aprehender la existencia en toda su arborescencia  y  en ocasiones  conlleva   hasta a eliminar el objeto, incluso el sujeto, lo que cerraría el camino hacia la realización del deseo. Este velo de la cólera expresa también hasta que punto estoy separada de nuestra más vasta dimensión, la dimensión del amor.

 La paciencia es una compañía necesaria si voy a seguir caminando  en la vía del zen,  ella me  permite no  reaccionar frente  a las diferentes situaciones que me  generan dolor,  a los diferentes fenómenos que encuentro, sino a estar con una mente abierta. Permite  no cristalizarme, no resistir, no juzgar o juzgarme y así cultivar la benevolencia con  los otros y  conmigo misma. 
 En el camino encuentro a diario obstáculos- oportunidades (las llamo yo) como la agitación mental, las resistencias, las relaciones difíciles, los miedos, las dudas…La paciencia en diferentes "pares" o stop  del dia  me permiten experimentar estas diferentes situaciones a las que estoy siendo  confrontada en el sentido de no reaccionar ni a favor ni en contra. Las observo con la unica intencion de atravesarlas, lo que abre mi  capacidad de discernimiento el cual no confundo  con el juicio.

El juicio como su nombre indica, juzga, pero también condena y rechaza, mientras que el discernimiento ve, reconoce lo que está ahí, tal y como está ahí. Con esta visión penetrante que es el discernimiento se abre una comprensión intuitiva de las diferentes situaciones que jalonan la existencia, es el fruto de toda una red de interdependencias. 

Acompañada por el discernimiento conjugado con la apertura del corazón, los lazos de identificación, se desatan; no me siento culpable,afectada o amanazada,  mas bien  surge la armonia , y llego a fluir   como la corriente de un río que abraza los diferentes obstáculos que encuentra a su paso continuando avanzando de forma libre.

Alli   comprendo que la práctica de la paciencia no es una actitud pasiva sino un movimiento dinámico.

El campo de la práctica es vasto, se despliega en el menor aspecto de nuestra vida. Entonces tengo  muchas ocasiones de practicar la paciencia.  la paciencia la puedo tambien  experimentar durante  la meditación sentada cuando  confronto  los fenómenos que me  atraviesan y que invaden el espacio interior; bien sean fenómenos de origen corporal o mental; siendo consciente de ellos ,encontrando una afinidad paciente y regular con la experiencia viva del aquí y del ahora.
Esta práctica de la meditación sentada alimenta fundamental y profundamente la  actitud de "ser" en la vida y es esencial dejar que su perfume impregne todos los espacios de mi vida, cultivando así la paciencia en nuestras diferentes relaciones: las relaciones con los otros, con uno mismo, con los diferentes acontecimientos que recorren nuestra existencia.

Los cuatro votos que pronuncia el Bodhisattva - practicante zen- se alimentan de la práctica de la paciencia y lo apoyan en el camino de su realización.

Hoy Cultivo la paciencia con mi hija Sarah, respetando su camino de vida, evitando encerrárla en mis proyecciones, en mis deseos o aversiones, intentando desde mi corazon y con el apoyo del discernimiento   atravesar el mundo de las apariencias para ver en ellas que la esencia que nos habita fundamentalmente es el precioso vehículo que permite realizar el primer voto del Bodhisattva:  acompañar silenciosamente  a todos los seres en el camino del despertar.

Como  Bodhisattva, cultivo la práctica de la paciencia, frente a mis sombras, dificultades, dudas,  condicionamientos,  Sin diferenciarme de los otros, …iluminándolas con la paciencia. 
Asi, se despierta  la consciencia de que no estoy  separada de Sarah, de que mis  cuestionamientos, dudas y temores  en el fondo, no son diferentes de las que puede estar viviendo ella. 
Entonces, por ella misma, la paciencia se vuelca hacia nosotras  y puede manifestarse la compasión, terreno necesario y esencial para caminar en la vía de la realización.

Algunos apartes extraidos del blog Zen Navarra. Patrick.