martes, 10 de junio de 2014

simone de beauvoir

CARTA DE SIMONE DE BEAUVOIR A JEAN PAUL SARTRE.


Querido pequeño ser:
Quiero contarle algo extremadamente placentero e inesperado que me pasó: hace tres días me acosté con el pequeño Bost. Naturalmente fui yo quien lo propuso, el deseo era de ambos y durante el día manteníamos serias conversaciones mientras que las noches se hacían intolerablemente pesadas. Una noche lluviosa, en una granja de Tignes, estábamos tumbados de espaldas a diez centímetros uno del otro y nos estuvimos observando más de una hora, alargando con diversos pretextos el momento de ir a dormir. Al final me puse a reír tontamente mirándolo y él me dijo: "¿De qué se ríe?". Y le contesté: "Me estaba preguntando qué cara pondría si le propusiera acostarse conmigo". Y replicó: "Yo estaba pensando que usted pensaba que tenía ganas de besarla y no me atrevía". Remoloneamos aún un cuarto de hora más antes de que se atreviera a besarme. Le sorprendió muchísimo que le dijera que siempre había sentido muchísima ternura por él y anoche acabó por confesarme que hacía tiempo que me amaba. Le he tomado mucho cariño. Estamos pasando unos días idílicos y unas noches apasionadas. Me parece una cosa preciosa e intensa, pero es leve y tiene un lugar muy determinado en mi vida: la feliz consecuencia de una relación que siempre me había sido grata. Hasta la vista querido pequeño ser; el sábado estaré en el andén y si no estoy en el andén estaré en la cantina. Tengo ganas de pasar unas interminables semanas a solas contigo.

Te beso tiernamente,

Tu Castor.

viernes, 6 de junio de 2014

la gracia del yoga

La Gracia del yoga

Eso que conmueve, que estremece, que llega, toca y ensancha y te revela que eres uno y el mismo con todos los seres y con la vida. Sentí la Gracia del yoga brillar ayer en Madrid en dos experiencias muy diferentes. Escribe Pepa Castro/Yoga en Red.

Freeyoga
Ayer estuvimos en la megaclase de yoga de la Plaza Mayor, convocada por una marca comercial (Free Yoga by Oyshio). Entre 2.000 y 2.500 personas seguimos, durante casi dos horas, la práctica, guiada de una forma correcta y ajustada a la ocasión -yoga tradicional para todos los niveles de práctica- por Xuan-Lan Trinh.
A uno le puede gustar más o menos la idea de este tipo de eventos espectaculares, pero lo que es seguro es que hacen de “efecto llamada” para muchas personas que no se asomarían al yoga de otro modo. Y ayer, insisto, se mostró cómo es una clase de yoga de una manera respetuosa y real.
Para mí fue una experiencia hermosa. Es tan verdad que el yoga crece en la intimidad como que su gracia se siente multiplicada cuando se practica en grupo. Esa energía de la que tanto hablamos, generada por un profundo estado de concentración de cientos de personas bajo el sol, irradia bienestar, paz y alegría de vivir. Y ayer la sentimos muchas personas en la Plaza Mayor.

La Vida Divina

Por la tarde acudimos al Centro Sivananda, en plena celebración del ‘Festival La Vida Divina: Sencilla y Directa. Otra multititudinaria clase de yoga reparador a cargo de Gopala y, como colofón a un bonito día de yoga compartido, concierto de Sri Venugopal Goswami, maestro del yoga de la devoción -Bhakti Yoga Acharya-  y de la recitación musical.
SIVANANDA
Y de nuevo sonrió la Gracia. No hay palabras ni explicaciones posibles; es así. Reconocimiento absoluto a este maestro iniciado en la interpretación del Srimad Bhagavatam (una de las más antiguas escrituras mitológicas de la India) en el templo Radha Raman de Vrindavan, tradición que ha pasado de padres a hijos durante 500 años. Reconocimiento a su entrega, a su devoción, a la calidad de su música y de los músicos que le acompañan, a su arte.
Lluvia de Arte puro sobre nosotros, gracias a Sri Venugopal Goswami, y de Gracia, esa emoción profunda de amor que asciende en ti, que vibra y equilibra y cuando cesa ya no eres quien eras antes.
tomado de la revista : yogaenred.

llega al limite de la postura "despacio"













"No vayas a lo más profundo de la postura de golpe. Muévete lentamente y gradualmente hasta tu posición más profunda. A medida que comienzas realizar una postura, siente el primer estadio de tensión o el "limite" al que hayas llegado. Realiza una pausa en ese lugar, y relájate en ese límite. Clarifica tu postura y espera a que las sensaciones de estiramiento, dolor o tensión se eliminen un poco. A continuación, vuelve a profundizar un poco más en la postura hasta que encuentres un nuevo "límite". Pausa de nuevo, respira. Repite este proceso una y otra vez hasta llegar al límite final para que un  día en particular,  las sensaciones de tensión ya no puedan ser liberadas con más pausas." Geeta Iyengar

miércoles, 16 de abril de 2014

dokusho_villalba

Entrevista con Dokushô Villalba: “No creo en la espiritualidad como burbuja narcisista”

En esta interesante entrevista el maestro budista zen Dokushô Villalba responde a las preguntas de Yoga en Red sobre el zen y el yoga, el sentido de las exigencias del zen; sobre los maestros y los egos espirituales, los placeres de lo mundano, el amor, el camino espiritual, los errores y  muchas cosas más. Fotografía: José Ferrer.

Zen, yoga, meditación… ¿De qué nos liberan? ¿Nos liberan de los egos espirituales?
El zen, el yoga, la meditación… son caminos de liberación. Siguen teniendo ese potencial porque fueron creados como herramientas de liberación. Ahora bien, como se dice en el zen: “Este mundo ilusorio es el lugar en el que se pierden los insensatos y el lugar en el que se liberan los sabios”. El maestro zen Eihei Dôgen escribió: “Están aquellos que se hacen ilusiones sobre su despertar, y están aquellos que se despiertan de sus ilusiones”. De la misma manera que podemos usar el hierro para construir un arado o para fabricar un fusil, podemos usar estos caminos de liberación para liberarnos realmente o para enfangarnos aún más en barro del ‘yo y lo mío’.
¿Cómo resolver esas contradicciones: afectos mundanos/desapego, placeres/austeridad, vivir solo en mí/vivir para otros…?
Esas contradicciones no son reales. Son construcciones conceptuales de una mente confusa. Cuando la mente se calma, la confusión cesa y las contradicciones desaparecen. ‘Yo’ y ‘tu’ son construcciones mentales. Yo no estoy separado de nada, y nada está separado de mi. ‘Yo’ soy ‘Eso’, se dice en el Advaita, y también en el Zen. Trabajar por el bien de uno mismo es lo mismo que trabajar por el bien de los demás, y viceversa. Deberíamos vivir sin hacer distinciones entre yo y los demás, buscando lo que es bueno tanto para mí como para los demás. Las contradicciones no pueden ser resueltas en los términos que ellas mismas plantean: deben ser trascendidas o disueltas.
¿Y si sabemos que estamos dormidos pero no queremos despertar porque el sueño nos genera sinsabores pero también grandes placeres y satisfacciones?
Todos nos vemos confrontados en cada momento ante la decisión de tomar la píldora roja o la amarilla, como se vio en Matrix. Mientras creamos que en el ensueño podremos encontrar verdadera paz y felicidad, es obvio que optaremos por seguir dormidos. Pero cuando el sueño se resquebraja por todos los costados, ya no hay más opción que la de despertar.
¿Cómo sé si necesito un maestro espiritual?
¿Cómo sabes si necesitas aire para respirar? Lo sabes y no lo sabes. Pero, aunque no lo sepas, respiras. Igual sucede con la necesidad de practicar y estudiar bajo la dirección de un maestro. No es algo que tú elijas necesitar o no. El hecho es que lo necesitas o no lo necesitas. Si sientes que  lo necesitas, lo buscas. Si no sientes la necesidad, no lo buscas. Aquel que siente la necesidad de un maestro puede que no comprenda a aquel otro que no la siente, y al revés. Lo que resulta ridículo es pensar que todo el mundo debe tener un maestro. Tan ridículo como pensar que nadie debe tener un maestro.
Sea como sea, la necesidad de tener un maestro es consecuencia de la necesidad de despertar. Si no quiero aprender a tocar la guitarra, no busco un maestro de guitarra.
¿Todos podemos ser maestros?
El budismo enseña que todos los seres poseemos la naturaleza de Buda, es decir, la plena potencialidad de vivir despiertos. Un maestro es alguien que ha alcanzado un cierto grado de despertar y, desde ahí, ayuda a despertar a los que están un poco menos despiertos. Al mismo tiempo, un buen maestro es un buen discípulo, es decir, alguien dispuesto a aprender de otro que esté más despierto que él.
Por lo tanto, todos podemos ser maestros, lo cual no quiere decir que ya lo seamos.
El amor, un concierto, un buen sillón, una copa de vino… ¿De qué depende que disfrutar de los sentidos te embrutezca o te refine, te arrastre o te eleve?
El Buda enseñó la Vía del Medio, la vía que evita los extremos. En su caso, pasó la primera parte de su vida sumido en los placeres sensuales y la segunda, entregado al ascetismo más inhumano. Por último, adoptó un modo de vida equilibrado entre los extremos del hedonismo y del ascetismo.
La vida es placer y dolor, tristeza y alegría. No debemos tener miedo de estar alegres cuando viene la alegría, ni de estar tristes cuando viene la tristeza. Lo mismo sucede con el placer y el dolor. Es imposible experimentar un placer o un dolor permanentes. Por su propia naturaleza, ambas experiencias son efímeras: vienen y se van. Si cultivamos una actitud justa, si no caemos en el apego ni en el rechazo, podemos abrirnos tanto a la experiencia del dolor como a la del placer.
¿La luz de la consciencia lo corrige todo, endereza siempre los errores al iluminarlos?
La luz de la conciencia no hace nada, solo ilumina. No dice: esto es bueno, esto es malo; o esto es un error y esto otro un acierto. Es la mente la que discierne, la que anhela, la que rechaza, la que juzga. Y la mente es siempre fruto de condicionamientos familiares, sociales y culturales. La luz de la conciencia es la que nos permite ver las cosas como son. La mente es la que decide si está bien que sean así o deberían ser de otro modo. Esto no quiere decir que la luz de la conciencia sea la buena, y la mente, la mala. Simplemente cada una tiene su función.
¿Cómo saber si me estoy equivocando en mi camino espiritual?
En el zen se dice: “¿Quién va por buen camino y quien contracorriente? ¡Ni siquiera los cielos lo saben!”.
Lo más importante es conectar con el radar interno. Todos tenemos una sabiduría innata, un instinto. Es importante confiar en sí mismo y seguir el propio instinto o la voz que nos habla en lo más profundo de nuestro corazón. Esta confianza básica es fundamental. Desgraciadamente, la educación que recibimos rompe esa confianza básica y nos convierte en personas dependientes de juicios o reconocimientos externos.
Todos vivimos momentos de confusión y desorientación. Es natural. En estos casos puede ayudar el confiar en otra persona, siempre y cuando no le demos el poder ni la responsabilidad de decidir por nosotros. Un verdadero maestro es aquel que te ayuda a entrar en contacto con tu propia sabiduría innata, no aquel que te vuelve dependiente de su sabiduría.
O también podemos detenernos, y esperar que la confusión y la desorientación desaparezcan.
No hay que tener miedo de los errores. Vivir es errar, avanzar tanteando, equivocar el rumbo y recuperarlo luego. Los errores que cometimos ayer pueden ser vistos como aciertos hoy, y a la inversa. Finalmente, lo que cuenta es la sinceridad del corazón con uno mismo y con los demás. La sinceridad es la vía del cielo, se dice en el zen.
La meditación zazen tiene fama de alta exigencia. ¿Exigencias y autoexigencias pueden ser necesarias y deseables? ¿En qué supuestos?
El esfuerzo es necesario para cualquier cosa. Tenemos que desconfiar de las propuestas que nos lo prometen todo sin esfuerzo. La meditación zen es una de las más rigurosas y exactas que existen, por eso es tan eficaz. El entrenamiento corporal, emocional, psicológico y espiritual es imprescindible. La práctica de la cirugía, por ejemplo, requiere muchos años de estudio y de experiencia. Sería insensato ponerse en manos de un cirujano que no ha hecho el esfuerzo de formarse, de practicar, de estudiar… Vivir es dar y recibir. La vida no da nada a quien nada da. El esfuerzo es dar de nosotros mismos al proceso de co-creación que está teniendo lugar a cada momento. Hasta para beber agua hay que hacer el esfuerzo de levantar el vaso…
¿Cómo enseñar a los demás a discernir y a elegir sin manipularlos y sin condicionarlos?
Este es el punto esencial de cualquier sistema educativo, como lo es el Zen. Todos estamos condicionados por el karma, la ley universal de la causa y del efecto y de las circunstancias. El Budismo Zen nos enseña a observar de cerca esta ley universal: si plantas cebollas, ¡no esperes recoger ajos! Todos buscamos un estado de felicidad exento de dolor y de sufrimiento. El discernimiento básico consiste en tomar conciencia de qué es lo que nos lleva a este estado de felicidad y qué nos lleva al dolor y al sufrimiento, tanto a nosotros mismos como a los demás. Y a partir de esta toma de conciencia, hay que actuar en consecuencia.
¿Un retiro zen te puede cambiar la vida? ¿Qué hay de mito o realidad en ese potencial transformador?
No sólo un retiro, sino una sola sesión de meditación zen puede cambiarte la vida. Esto fue lo que me pasó a mí cuando me senté la primera vez. Zazen, la meditación zen, es una práctica muy poderosa. Puede llegar a ser un aldabonazo interior. Pero esto siempre depende de cada persona. Algunas se levantan del cojín de meditación, salen corriendo y no vuelven a sentarse nunca más. Esto es algo que depende de las circunstancias internas de cada uno. La meditación zen es una excelente medicina para quien necesita la medicina de la meditación zen, como yo, por ejemplo.
¿De qué depende que en uno surja o no el deseo de transformar, de trascender? ¿Qué enciende el fuego de la motivación?
Cada persona es distinta, su karma es diferente, sus circunstancias internas y externas varían. ¿Por qué una fruta madura antes que otra en el árbol? No obstante, la motivación surge generalmente de la conciencia de la impermanencia, es decir, del carácter efímero y transitorio de todas nuestras experiencias, y de la conciencia del dolor que acompaña siempre al apego y al rechazo. Mientras crea que la felicidad va a surgir exclusivamente de la satisfacción de los deseos materiales, emocionales y psicológicos, uno va a vivir sólo para la satisfacción de tales deseos. Cuando una se da cuenta de que eso no basta, entonces busca otra dimensión de la existencia.
A veces, una situación muy dolorosa y traumática se convierte en el detonante de la búsqueda. En el caso del maestro Dôgen -que fue quien introdujo el budismo zen en Japón en el siglo XIII- su detonante fue ver morir a su madre cuando él tenía siete años, siendo ya huérfano de padre. Se dice que, viendo cómo las volutas del humo del incienso se desvanecían en la nada durante el funeral de su madre, tuvo una comprensión profunda del carácter insustancial y efímero de la existencia humana y, entonces, decidió dedicarse a la vida espiritual.
¿Zen para liberarnos del miedo a la muerte, a la soledad, a la incertidumbre?
Zen para liberarnos de nosotros mismos, de nuestra propia estupidez y ceguera. Zen para liberarnos del “yo-mí-me-conmigo”, como suelo decir. Cuando creemos que somos un yo aislado en un saco de huesos, surge inevitablemente el miedo a la muerte, el sentimiento de soledad y el pavor a la incertidumbre. La búsqueda de falsa seguridad y de autoafirmación es algo que siempre acompaña al yo aislado.
Algunas tradiciones tratan de aliviar la angustia provocada por el miedo a la muerte afirmando una especie de vida eterna del yo. El Budismo Zen, por su parte, enseña y conduce a la experiencia de la inexistencia del yo: no somos un ser sino un siendo. Y este siendo ya venía siendo antes de que naciéramos y seguirá siendo después de que hayamos muerto. En lenguaje de la física cuántica, no somos una ínfima partícula perdida y aislada en medio de la infinitud del universo, sino una onda totalmente conectada con la totalidad. Como se decía en la película Samsara: ¿Cómo evitar que una gota de agua se evapore? ¡Arrojándola al océano!
¿Zen para enseñarnos a amar?
La meditación zen, bien entendida y practicada, es un acto de puro amor, el acto de amor por excelencia. Esto es, entrega incondicional y abandono de sí. Amar es hacerse uno con el objeto amado. Amar es la experiencia del no-dos. Cuando en meditación zen se produce el santo olvido de sí, en ese preciso momento, nos hacemos uno con las montañas y con los valles y con los diez mil seres que pueblan la diez direcciones del universo. En la medida en la que esta experiencia se estabiliza en la conciencia, podemos seguir sintiendo así cuando nos levantamos del cojín de meditación: haciendo de comer, trabajando, conversando o haciendo el amor. Desde el punto de vista del Budismo Zen, el amor no es un sentimiento sino un estado de conciencia, es decir, un estado de despertar.
¿Cómo luchar contra el desencanto?
¿Por qué hay que luchar contra el desencanto? La naturaleza de las burbujas ilusorias no es otra que la de estallar y desvanecerse. Despertarse significa dejar de dormir y de soñar. Nuestro proceso de maduración es la historia de nuestros desencantos. Tarde o temprano tenemos que aceptar el hecho de que los reyes magos no existen y que a los bebés no los trae una cigüeña desde París. El desencanto puede ser vivido como una experiencia negativa que nos sume en la depresión o como una experiencia positiva que nos ayuda a ser más realistas y tener una conciencia más clara y veraz de la realidad. Como decía el poeta León Felipe: “La cuna del hombre la mecen con cuentos, los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos, el llanto del hombre lo taponan con cuentos, los huesos del hombre los entierran con cuentos, y el miedo del hombre… ha inventado todos los cuentos”. Desencantarse es desencuentarse, esto es, vivir sin cuentos.
¿Qué te queda de tu época de “concienciador social”?
No sé si alguna vez fui un “concienciador social”. Creo que más bien fui, y lo sigo siendo, alguien con conciencia del dolor y del sufrimiento de los demás y de la sociedad. En la medida en la que vas despertando y saliendo del huevo del “yo-mí-me-conmigo”, vas dándote cuenta del mundo que te rodea, del mundo que eres. Y en ese mundo hay muchos seres humanos y no humanos que sufren mucho de muchas maneras. Despertar y compasión son inseparables. Despertar es abrirte al mundo y ser el mundo. Y compasión es sentir en ti mismo el dolor de los seres que viven en el mundo. Si el dolor de los demás es mi dolor, ¿cómo no voy a hacer todo lo posible para ayudarles a liberarse/nos de él?
No creo en la espiritualidad-ficción, esa especie de espiritualidad-burbuja-narcisista en la que, como decía Mecano, uno se monta el paraíso en su piso. Siento más bien como el poeta Gabriel Celaya:
“¿Hay que denunciarlo? El yo no existe. El yo es un encantamiento: un aparato fácilmente manejable al que todos nuestros muertos recurren para ser de algún modo; un sistema tan milagrosa y provisionalmente oscilante que un cambio atmosférico, una palabra que nos dicen en voz baja, una emoción, una droga —quizá una película de actualidad, seguramente mala, pero siempre impresionante— alteran hasta extremos imprevisibles. Y, sin embargo, aunque uno no es nada, debe responder de todo: del mundo entero y de todos los hombres secreta o patentemente latentes que fueron y han de venir, son ya en nosotros coleando o germinando. Porque todo —lo vivo y lo muerto, lo animado y lo inanimado, lo alto y lo bajo, lo futuro o fuera del tiempo y lo preciosamente efímero expuesto como un escándalo en los escaparates de lo instantáneo— está buscando en cada uno de nosotros su salvación, y está así haciéndonos ser como somos más de lo que sabemos, ser anteriores a nuestra historia y a nuestra conciencia, ser sin consecuencia previsible lo que cambiando hace como que se repite, pero es una invención permanente, ser por archiviejos o archinuevos más allá de nosotros mismos. Nuestras palabras y nuestros gestos, por minúsculos que parezcan, provocan alteraciones irrevocables en el curso general de lo existente”.
¿Cómo describirías hoy a Dokushô Villalba?
Siendo como soy y sintiéndome eso que llaman Dokushô Villalba, no tengo ninguna necesidad de describirlo. Siento que soy indescriptible. Como me decía mi abuela, que en paz descanse: “¡Eres lo que no hay en los escritos!”.

tomado de yoga en red. 

miércoles, 2 de abril de 2014

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lunes, 24 de marzo de 2014

El milagro del Yoga y la relajación consciente en prisión
El poder transformador del Yoga no se limita a las clases. Surge allí donde se practique, incluso en las condiciones menos favorables, para asombro incluso de quienes lo conocen bien. Es la esencia del Yoga.

Es miércoles, 5 a.m.…y las fuerzas flaquean. El martes ha sido intenso, 5 sesiones de yoga, sobrepasando mis limites, teniendo en cuenta mis 54 años. El cuerpo pide cama y el espíritu silencio. Afuera hace frío, no llega aun  el sol… Todo llama a quedarse quieta… Los y las internas esperan… Salgo con Samuel, mona, mecato y zángano a dar la vuelta de rutina diaria. Me voy  hasta la ducha… siento el fuego ardiente, la fuerza  de la disciplina, y la certeza  que me lleva a lo que busco. Termino de arreglarme, desenredo las cadenas del garaje y salgo con  el pichirilo rumbo a la casa de La Tati, con quien me iré a la cárcel en Jamundi.
En el camino hacia la cárcel, nos topamos con Don Luis y sus vacas. Le encargamos la leche para de vuelta recogerla y hacer nuestro queso casero semanal. Le grito desde lejos: don Luis….déjele mas lechita al ternero!!!!
Llego al centro penitenciario, tropiezo con la “burocracia” y las dificultades de seguridad propias  para entrar, para congregar a los alumnos, para comenzar a tiempo… Me centro en la respiración para comprender y evitar discutir.
El discurso mental me invita a dejar esta actividad que cuesta tanto energéticamente mantener, y dejar de luchar con los Dragoniantes, los cuales tiene poco o nada de interés y no facilitan la labor de sacar a los internos de los patios.
 Solo cuando me topo con los ojos de los primeros internos, de las mujeres con su sabana y veo su alegría, su mano extendida, su ansiedad por salir y recibirme, me empuja desde el corazón y me empuja a seguir, a vencer los obstáculos. Lo consigo, una vez más…
Las alumnas acuden: ¡¡¡Sorpresa!!!! Hoy son todas nuevas. La clase preparada no sirve… Comienzan las dudas… Observo a las participantes para buscar la mejor adaptación posible. Una de ellas es italiana, le pregunto a Ana Fausti. Que haces aquí? Me contesta con su lechera en la boca: mi maleta salió positiva! Y punto.  los ojos le brillan y sonríe. La otra alumna está muy agitada, tiene una piyama  hermosa de satín. Otra mas joven se me acerca y me dice si algunos de estos movimientos sirven para el sexo. Yo le contesto que claro, y ella alegremente se incorpora al grupo. Son más o menos 40 alumnas.

Fluye la armonía
Me parece difícil ajustar algo que pueda captar sus mentes dispersas y no sé si seré capaz de construir frases comunes con un lenguaje extremadamente simple. La confianza en el Yoga es mi único sustento.  Comenzamos la  clase de pie, movimientos simples asociados a la respiración, mantener la presencia en la acción, en el instante, eliminar todo lo accesorio…
Estiramos brazos y piernas y comenzamos posturas dinámicas y sostenidas como la montaña, la pinza y el estiramiento de la columna en  4 apoyos.  Observación del resultado… Alargar espiración… Han pasado 10 minutos. Todas las fluctuaciones mentales  se han detenido, las caras se han relajado, fluye una armonía
Entre todas, se desparrama: ¡el milagro del Yoga!  Estoy asistiendo en primera fila a ver un milagro de transformación a través de esta práctica oriental milenaria. Dirigida  a la esencia del ser humano, veo como las clases sociales, la cultura, las ataduras superficiales, no suponen un obstáculo para el avance. Esas grandes murallas que se elevan en la vida ordinaria que hemos creado y que  incluso producen crisis y guerras, se desvanecen como sombras cuando nos dirigimos a la esencia, a la diana a la que apunta el Yoga.
Sigo la clase con gran emoción. Al terminar, las alumnas sonríen, me rodean y de forma espontánea dicen: “¡Que bueno es esto!, ¡qué energía seño!”, cuando vuelve?
Esto es solo una pequeña narración  de lo que verdaderamente ocurre  con uno de los  grupos de Yoga en  la Prisión de Jamundi.  Cada 8 días asisto a presenciar un milagro desde un palco de primera. Me doy cuenta  cómo caen los  preconceptos y me aferro cada vez más al Yoga como la esencia de la transformación que da lugar a un nuevo sentir, formado por seres humanos donde las crisis serán siempre oportunidades.
Salgo de ese lugar rebosante de energía, de alegría, con lagrimas de  gozo y plenitud.

Liliana Posso.

inspirada en Riokan monje zen y poeta

El silencio, tan lleno. Los sonidos del silencio. El tren que pasa, algún golpe de viento suave, un pájaro al vuelo, los crujidos de la casa...