viernes, 11 de julio de 2014

meditacion y estudio

LO RIESGOSO
Dijo Mirtias (una estudiante siria
de Alejandría: bajo el reinado
de augusto Constante y augusto Constancio,
gentil en parte, y en parte cristianizado):
"Fortalecida con meditación y estudio,
yo no temeré a mis pasiones como un cobarde.
Mi cuerpo a los placeres entregaré,
a las delectaciones soñadas,
a los más atrevidos deseos amorosos,
a los lúbricos impulsos de mi sangre, sin
ningún temor, porque cuando quiera -
y tenga decisión, fortalecida
como estaré con meditación y estudio -
en los momentos críticos he de reencontrar
mi espíritu, igual que otrora, ascética".

Constantino Cavafis


ISLA FUERTE EN COLOMBIA

La isla perdida de Colombia

A 20 minutos de Paso Nuevo, Córdoba, está Isla Fuerte, un pequeño universo desconocido, aislado y habitado por 2.500 personas.
Por: Carolina Gutiérrez Torres. periodico El Espectador. colombia

La isla perdida de ColombiaDon Rufino Espitia Barrios junto a su esposa Alejandrina Cardales. Se casaron en 1946 con la bendición del entonces obispo de Cartagena, en un ceremonia colectiva. / Fotos: Camilo Rozo
Esta es la Isla Fuerte del Caribe colombiano. Pequeña y agreste. Tres kilómetros cuadrados, en el sur del Golfo de Morrosquillo, que han hospedado a indígenas, a piratas y a contrabandistas; que han escondido, ocasionalmente, a algún narcotraficante, a algún paramilitar. Este es un pedazo de tierra sin sacerdote en el que religiosamente se celebra misa una vez al año, cuando un curita del municipio de Moñitos viene a bautizar, confirmar y casar a los pocos feligreses que no reclutó la Iglesia evangélica.
Esta es la isla perdida de Colombia, ubicada a 20 minutos en lancha de Paso Nuevo, Córdoba, diminuta en el océano de aguas azules y verdes y amarillas. La isla que acogió hace tantos años a cinco familias desplazadas por las “políticas del progreso” de Bolívar. La que empezó a poblarse y a convertirse en un universo pequeñito en el que no existe la energía eléctrica, en el que la gente vive hasta pasados los cien años, en el que los fines de semana festivos no se duerme ni se pesca y al que llegan los turistas por pura casualidad.
Un islote en el que vive una mujer de casi noventa años que curaba con bebedizos a los enfermos y un hombre de más de ochenta que esconde la historia de la isla en un libro que no le presta a nadie. Así vive Isla Fuerte en sus tres kilómetros cuadrados.
Doña Ruca
En la isla perdida vive doña Rúdica Navas Luna con sus 80 y pico de años y una sordera progresiva. Vive ella de camisa rosada y pantalón azul, sentada en una silla en la puerta de su casa. A su derecha, sentado también, reposa su esposo José María, quien se ve tan jovial y tan enérgico que bien podría pasar por el hijo de la señora que escucha poquito, poquito.
Cuando cualquiera se le acerca y le grita al oído buenas noches doña Ruca, cómo ha estado. Ella responde con una risotada “bien, porque estoy viva”. Y tiene razón para celebrar la vida por estos días en que a los viejos más viejos de Isla Fuerte les está dando por morirse. Aquí, donde pueden pasar años y años sin que se celebre un funeral, acaba de cumplirse el sepelio de Juanita de la Hoz, quien respiró hasta los 107 años. El de Juanita y el de otros cuatro más. Fueron cinco muertos en quince días. Cosa rara en Isla Fuerte. Razón suficiente para celebrar la vida.
Son alrededor de las 6:00 p.m. en este islote que reclama ser un corregimiento de Cartagena, aunque esté sólo a 20 minutos de tierra cordobesa. A las 6:00 p.m. las afueras de Isla Fuerte ya están sumidas en una oscuridad total. Sólo alumbran a lo lejos algunas fincas que tienen planta eléctrica propia. Y las de los vecinos que pagan por tres o cuatro horas de energía. Los caminos que recorren de memoria los isleños son terrosos, polvorientos, ásperos. Así, en la negrura de la noche, la isla se siente más agreste.
Ya llegando al centro se empieza a iluminar la noche con las luces de las discotecas y los negocios. Se escucha una salsa de Willie Colón en la tienda más central y más surtida del corregimiento. Son días de enero, días de música. Se acerca el primer puente del año y literalmente Isla Fuerte se paralizará en torno a la celebración. No habrá pescado fresco ni abrirán los pocos comerciantes. Sólo se hablará de fiesta, de trago y de las riñas que en los últimos años se volvieron culto después del segundo y del tercer día de parranda.
De eso se queja doña Ruca. La que fue enfermera del pueblo hace tantos años. “Vos ayudaste a parir a media isla”, le dice don Horacio Giraldo, un paisa que tiene un hotelito aquí hace 15 años. “Hasta a una cachaca. Ahí, en esa casa, la ‘partié’”, como dice ella, la señora Ruca, señalando la casona que tiene a su espalda. Luego asegura: “Esto está muy distinto. Aquí los jóvenes ya no respetan. Antes a los adultos nos respetaban. A mí me consideraban. Me querían. Hoy no”. Y vuelve a repetir que aquí los jóvenes ya no respetan.
Doña Ruca es la historia misma de Isla Fuerte. De los años de casas de madera, caña brava y techo de palma; de los tiempos en los que no se tenía noticia del contrabando, que después traería a la isla bonanzas esporádicas en las que se construirían elegantes casonas de ladrillo y patios amplios a la entrada. Doña Ruca habla de los días en los que era posible enumerar uno a uno a los habitantes del pueblo. Con nombre y apellidos. Porque eran pocos. Poquitos. “Ya todos esos viejos están muertos”, dice la señora y menciona otra vez que Juanita fue la última en partir. 107 años.
Ruca era la partera, la enfermera, la que curaba las picaduras de raya y las gripes con infusiones de anamú, guají, almácigo o totumo cimarrón. Eran sagrados sus brebajes. Hechiceros. Como de bruja. Pero aquí esa palabra está prohibida. Que nadie diga que doña Ruca es o fue bruja. Ni mucho menos que con sus sortilegios espantó una a una las amantes de José María, su esposo, que era tan joven y buenmozo, que tuvo una y hasta diez amantes: Venita, Nelcides, Máxima, la difunta Caridad. “Todas esas mujeres tuvo él. Que era un bandido. Que tenía plata para todas”. Y remata diciendo a José María lo conocí desde ‘pelaito’, cuando yo ya no era señorita, y con él tuve dos hijos: una hembra y un varón.
Don Rufino
La historia de la isla está escrita en un libro que don Rufino Espitia Barrios, de 85 años, vigila con devoción. No lo presta, pero está dispuesto a conversar con cualquiera sobre lo que allí está escrito. Acérquese a su casa cuando esté llegando el anochecer. Él estará ahí, sentado en una mecedora junto a la puerta, acompañado de su esposa Alejandrina Cardales, diciendo que ya está muy viejo y que un hombre después de los 80 es un estorbo, preguntándose cuándo le llegará la muerte.
El señor Rufino lleva uno de los apellidos más populares de Isla Fuerte, que también perteneció a una de las cinco familias que colonizaron este territorio hace por lo menos 200 años: los Barrios. Llegaron también los Zúñiga, los Caraballo, los Jiménez, los Castillo. Todos provenientes de Barú. Desplazados “de mala manera” por una compañía extranjera. Eran navegantes. Pescadores. Agricultores. Se asentaron y se dieron a la tarea de “domar” la isla. No fue —no ha sido— fácil. Isla Fuerte es una tierra agreste. Con un clima bochornoso de 28 grados. Con un salitre que carcome las casas, los puertos, los barcos. Cuando se camina por los senderos que la atraviesan se tiene la sensación de que sigue siendo un territorio virgen. Salvaje. Abandonado. Y eso la hace tan atractiva. Tan bella. Tan imborrable.
Otra cosa opina don Rufino, que dice enérgico: “Isla Fuerte ya se acabó... Ufff... se nos acabó”. Su esposa frunce la boca y asiente con la cabeza, sin mirarlo. El señor se sigue lamentando y finaliza la retahíla quejándose de que hasta su dios lo haya abandonado. “Yo era católico, pero aquí ni el cura volvió. Ahora casi toda la isla es evangélica. Hasta mi mujer, que se va para el culto y me deja solito”.
Hablar de Alejandrina sí lo hace sonreír. Contar que celebraron su matrimonio en 1946 y que el mismísimo obispo de Cartagena fue quien les dio la bendición. A ellos y a diez parejas más.
Doña Ruca y don Rufino
En esta Isla Fuerte, cuando una persona pierde la razón, la memoria, la capacidad de elegir, se dice que ya no se pertenece. En el fondo todos los viejos saben que probablemente llegarán a los 100 o a los 107 años —como Juanita de la Hoz— sin recuerdos. Entonces deciden hablar.
En eso se les va la vida a doña Ruca y a don Rufino, dos de los habitantes más viejos del corregimiento que todavía conservan la lucidez, la claridad de las fechas y los nombres con apellidos. Los dos reciben a cualquier visitante y les narran las mismas anécdotas una y otra y otra vez. Ella conserva la historia de la isla en la cabeza y él, en un libro resguardado en alguna parte. Esta es la Isla Fuerte del Caribe colombiano contada por dos viejos que todavía se pertenecen.
¿Cómo se llega a Isla Fuerte?
Estas son las opciones para llegar a Isla Fuerte: por vía aérea se arriba a Montería y desde allí se puede tomar un taxi expreso hasta el puerto de Paso Nuevo (que en promedio demora 75 minutos y cuesta $100.000). Otra opción es utilizar, desde el centro de Montería, el servicio público que conecta a Paso Nuevo. Desde allí se viaja en lancha hasta la isla (un recorrido de 25 minutos por $10.000).
También se puede llegar por tierra, pasando por las poblaciones de Lorica y San Bernardo del Viento, hasta Paso Nuevo.

viernes, 27 de junio de 2014

la paciencia


LA PACIENCIA

El camino del Bodhisattva  declina en seis prácticas que son el fundamento, la base de la práctica espiritual del Zen.  la practica de la paciencia es una de sus bases.
La identificación con el sistema condicionado, me lleva a desear intensamente y saciar el menor deseo. Esta forma de funcionar esta  muy postulada en la sociedad actual y muchos de nosotros soportan cada vez menos frustración, lo que genera e intensifica la cólera.
El velo de la cólera me  impide discernir, aprehender la existencia en toda su arborescencia  y  en ocasiones  conlleva   hasta a eliminar el objeto, incluso el sujeto, lo que cerraría el camino hacia la realización del deseo. Este velo de la cólera expresa también hasta que punto estoy separada de nuestra más vasta dimensión, la dimensión del amor.

 La paciencia es una compañía necesaria si voy a seguir caminando  en la vía del zen,  ella me  permite no  reaccionar frente  a las diferentes situaciones que me  generan dolor,  a los diferentes fenómenos que encuentro, sino a estar con una mente abierta. Permite  no cristalizarme, no resistir, no juzgar o juzgarme y así cultivar la benevolencia con  los otros y  conmigo misma. 
 En el camino encuentro a diario obstáculos- oportunidades (las llamo yo) como la agitación mental, las resistencias, las relaciones difíciles, los miedos, las dudas…La paciencia en diferentes "pares" o stop  del dia  me permiten experimentar estas diferentes situaciones a las que estoy siendo  confrontada en el sentido de no reaccionar ni a favor ni en contra. Las observo con la unica intencion de atravesarlas, lo que abre mi  capacidad de discernimiento el cual no confundo  con el juicio.

El juicio como su nombre indica, juzga, pero también condena y rechaza, mientras que el discernimiento ve, reconoce lo que está ahí, tal y como está ahí. Con esta visión penetrante que es el discernimiento se abre una comprensión intuitiva de las diferentes situaciones que jalonan la existencia, es el fruto de toda una red de interdependencias. 

Acompañada por el discernimiento conjugado con la apertura del corazón, los lazos de identificación, se desatan; no me siento culpable,afectada o amanazada,  mas bien  surge la armonia , y llego a fluir   como la corriente de un río que abraza los diferentes obstáculos que encuentra a su paso continuando avanzando de forma libre.

Alli   comprendo que la práctica de la paciencia no es una actitud pasiva sino un movimiento dinámico.

El campo de la práctica es vasto, se despliega en el menor aspecto de nuestra vida. Entonces tengo  muchas ocasiones de practicar la paciencia.  la paciencia la puedo tambien  experimentar durante  la meditación sentada cuando  confronto  los fenómenos que me  atraviesan y que invaden el espacio interior; bien sean fenómenos de origen corporal o mental; siendo consciente de ellos ,encontrando una afinidad paciente y regular con la experiencia viva del aquí y del ahora.
Esta práctica de la meditación sentada alimenta fundamental y profundamente la  actitud de "ser" en la vida y es esencial dejar que su perfume impregne todos los espacios de mi vida, cultivando así la paciencia en nuestras diferentes relaciones: las relaciones con los otros, con uno mismo, con los diferentes acontecimientos que recorren nuestra existencia.

Los cuatro votos que pronuncia el Bodhisattva - practicante zen- se alimentan de la práctica de la paciencia y lo apoyan en el camino de su realización.

Hoy Cultivo la paciencia con mi hija Sarah, respetando su camino de vida, evitando encerrárla en mis proyecciones, en mis deseos o aversiones, intentando desde mi corazon y con el apoyo del discernimiento   atravesar el mundo de las apariencias para ver en ellas que la esencia que nos habita fundamentalmente es el precioso vehículo que permite realizar el primer voto del Bodhisattva:  acompañar silenciosamente  a todos los seres en el camino del despertar.

Como  Bodhisattva, cultivo la práctica de la paciencia, frente a mis sombras, dificultades, dudas,  condicionamientos,  Sin diferenciarme de los otros, …iluminándolas con la paciencia. 
Asi, se despierta  la consciencia de que no estoy  separada de Sarah, de que mis  cuestionamientos, dudas y temores  en el fondo, no son diferentes de las que puede estar viviendo ella. 
Entonces, por ella misma, la paciencia se vuelca hacia nosotras  y puede manifestarse la compasión, terreno necesario y esencial para caminar en la vía de la realización.

Algunos apartes extraidos del blog Zen Navarra. Patrick. 


miércoles, 18 de junio de 2014

inteligencias multiples

Siete inteligencias múltiples



Tanto en el sistema educativo como laboral, para evaluar la inteligencia de alguien, usan los Test de Cociente Intelectual (CI).  En realidad, lo que se mide en ellos principalmente son las inteligencias lógico-matemática y verbal.  Muchos están en desacuerdo con ellos, porque existen otros tipos de inteligencias, por lo que, personas con enormes habilidades corporales o interpersonales, quedan relegadas, a veces justamente donde más se necesitarían esos recursos.

Howard Gardner estudió este campo y definió siete inteligencias múltiples.  Según él, todos poseemos varias formas de inteligencias independientes entre ellas y susceptibles de ser entrenadas. Algunas las poseemos más desarrolladas y otras menos, creando así nuestro perfil personal de inteligencia.  Para este autor, la brillantez académica no lo es todo: más bien interesa conocer cuál es nuestro potencial personal y explotarlo al máximo para optimizar nuestro desarrollo personal y profesional.  ¿Cuáles son más fuertes en ti?:

 1. Inteligencia lingüística-verbal: habilidad para hablar y escribir eficazmente, comprender la lectura fácilmente, mantener conversaciones complejas y usar un amplio vocabulario.

2.- Inteligencia lógico-matemática: capacidad de resolver problemas mediante lógica, realizar cálculos matemáticos con destreza e investigar por medio de hipótesis científicas.

3.- Inteligencia espacial: facilidad para orientarse espacialmente, utilizar mapas, dibujar esquemas y rotar objetos mentalmente visualizándolos desde diversas perspectivas. Suele desarrollarse en fotógrafos o arquitectos.

4.- Inteligencia musical: habilidad para componer melodías, seguir ritmos, tocar instrumentos y analizar música.

5.- Inteligencia corporal-cinestésica: capacidad de utilizar el cuerpo en movimiento para expresar emociones (danza), competir (deportes) o crear (artes plásticas); facilidad para realizar actividades que requieran fuerza, rapidez, flexibilidad, coordinación y/o equilibrio; habilidad para usar las manos con precisión (por ejemplo: cirujanos, escultores).

6.- Inteligencia interpersonal: habilidad para percibir en las demás personas sus emociones, intenciones y estados de ánimo; capacidad de empatizar y relacionarse socialmente con éxito.

7.- Inteligencia intrapersonal: facilidad para reconocer las propias emociones y regularlas adecuadamente, controlar nuestra conducta y dirigir nuestros pensamientos. Esta inteligencia implica autoconocerse y saber trabajar con uno mismo en la intimidad personal.


lunes, 16 de junio de 2014

el cuerpo como camino espiritual

El cuerpo como camino espiritual

Durante más de dos mil años años, una de las preocupaciones de todas las tradiciones de Oriente y Occidente ha sido la relación con el cuerpo y su vinculación con la práctica espiritual. ¿Un recipiente sagrado para ser honrado, una manifestación de lo divino, un lago maravilloso donde mora el espíritu ? 

adaptado por liliana posso.
cuerpo espiritualidad
 En la práctica del yoga, a través del cuerpo se  profundiza en la comprensión del ser. Es una práctica meditativa y  una búsqueda de la auténtica liberación.
  Buda hizo hincapié en la importancia del no-apego al cuerpo y enseñó cómo a través de prácticas especificas -incluyendo 32 meditaciones en partes concretas del cuerpo-, uno alcanzaba la verdad sobre la vida y la muerte. 
Algunos yoguis a veces descubren que tienen una gran concentración en el cojín de meditación, pero carecen de conocimientos necesarios para encarnar en la práctica diaria sus pensamientos, palabras y acciones. Una cosa es estar en calma  en el cojín mientras se medita, y otra actuar conscientemente mientras tu hijo llora, tienes un jefe difícil o confrontas  la reveldia de tu hija adolescente… Eso requiere presencia total del cuerpo.
para  Buda  estaba claro que en el  cuerpo habita  la práctica de la meditación plena… " Aquel que cultiva la atención plena del cuerpo se libera y alcanza la paz suprema”.

Venimos del cuerpo

El Buda  enfatizaba la importancia de la utilización de la atención plena del cuerpo para descubrir el dharma, la verdad de cómo son las cosas. Él estaba sugiriendo que usemos el cuerpo como un objeto de concentración, de atención y reflexión con el fin de ver a través de la realidad misma de la propia existencia; en otras palabras, usar el cuerpo como camino.
Siguiendo las instrucciones de Buda, se puede aspirar a trabajar con el cuerpo y la conciencia del cuerpo como parte del propio camino espiritual, más bien como un medio para aprender a permanecer presentes. Esto se llama atención plena del cuerpo, lo que el Buda enseñó en la Primera Noble Verdad: la práctica de la atención plena. Cuando empieces a meditar, comienza por el cuerpo y poco a poco aspira a entrar en los pensamientos.
Hazlo del mismo modo cuando descubras que las emociones difíciles nublan tu mente, incluso si tienes problemas para saber lo que estas sintiendo. El gran beneficio de la contemplación del cuerpo, es que es una experiencia física directa, uno no puede centrarse en cualquier cosa que esté pasando por la mente. Esto quiere decir que cuando tu mente esté agitada, inquieta o te pierdas en los recuerdos, reacciones y fantasías, puedes centrarte simplemente en desplazar tu atención al cuerpo.
Al concentrarte en la respiración, o en las sensaciones corporales, se llega al momento presente. Del mismo modo, cuando te consumes en las emociones fuertes perturbadoras, está bien volver la atención a la contemplación del cuerpo, y para eso nada mejor que el yoga. 
Ser capaz de volver tu atención al momento presente es de vital importancia, ya que solo por estar plenamente en el momento que surge, se puede realmente tener conocimiento y tomar la acción correcta.

La conciencia en del cuerpo

Trabajar con el cuerpo como camino también te libera de ser derrotado por el sufrimiento y la aversión a la vida. Tanto el dolor físico como emocional pueden ser la causa de la aversión, un grito de tu energía que desesperadamente quiere otra cosa, sea lo que sea. Esta aversión puede surgir a través del cuerpo, como el dolor de una lesión crónica o el dolor de una relación perdida. De cualquier manera, tratando de escapar del momento, te contraes. Por desgracia, esto solo te hace sentir más dolor. Si tu atención se centra en el dolor, la aversión aumenta el sufrimiento.
Tratando de sobrevivir al dolor o negando la aversión mejora el efecto negativo en tu sistema nervioso. Para hacernos conscientes del cuerpo, tienes que permanecer en el momento presente con el dolor, ya sea físico o emocional, que a su vez liberará la aversión. Cuando la aversión se reduce o se elimina a través de la contemplación del cuerpo, el sufrimiento disminuye casi inmediatamente, y su dificultad se hace mucho más llevadera.
Incluso el dolor físico nos puede ayudar a manejar la contemplación del cuerpo. El dolor no solo es dolor; se toca, palpita, contrae, expande, viene en olas, en pulsos, en latidos. Cuando te quedas presente con el dolor, te empiezas a ver con claridad, lo que a su vez calma el sistema nervioso y el dolor se convierte en mucho más tolerable. Con el surgimiento del placer, es muy útil estar presente y focalizarse en las sensaciones corporales.
Al hacerlo descubrirás que lo que es placentero te hace despertar el apego mental, y no quieres que acabe. Tratando de alcanzar y conservar la simpatía, la mente salta inmediatamente hacia el futuro con planificación y fantasías… Te imaginas que estás en las montañas, con una puesta de sol preciosa… y así empieza el apego y las expectativas. Ahora que ya no estás presente para disfrutar de lo que te está pasando, perderás la mayor parte de tu experiencia de hoy.

Concentrarse en el cuerpo

El cuerpo es un objeto ideal para concentrarse, si se accede por la respiración, el tacto o 
 las sensaciones. En muchos casos, cuando entras en un estado de meditación profunda para mantenerte concentrado en el cuerpo, una nueva dimensión se abre. Algunos maestros dirán que estamos accediendo al cuerpo energético. En algunos estados profundos de meditación se puede experimentar que no hay cuerpo, solo patrones de energía, solo un flujo libre de sensaciones sutiles:  una sensación de vacío pleno, que es la auténtica conciencia del cuerpo. Si lo que sientes es el entumecimiento del cuerpo, también puede ser objeto de la atención plena.
En la práctica de las posturas  se puede empezar a aprender la contemplación del cuerpo, cambiando el foco de  atención de la circulación externa de las extremidades y el torso. Trabajar con el aliento mientras realizas las posturas es ya el principio del camino.

Descubriendo la verdad del cuerpo

El cuerpo puede ser un camino hacia la realización de la verdad del Dharma. Esto se conoce como el surgimiento de la visión plena. Por ejemplo, a través de la atención plena y observando cómo cambian las sensaciones corporales, te das cuenta directamente de  la impermanencia de todos los fenómenos.
 Al ser consciente de lo que sucede en el cuerpo, eres capaz de experimentar dukha o sufrimiento, que viene más fuerte cuando te aferras a las cosas como si el cambio no fuera inevitable. Puedes ser testigo de ti mismo, tratando de aferrarte a una relación que ya no está, o por el atractivo del cuerpo, o por poseer la relación en sí misma. En el aferramiento, el cuerpo se tensa, el miedo y el malestar aparecen y te das cuenta de que tal actitud solo te traerá sufrimiento. A su vez puedes comenzar a desarrollar un enfoque más amplio de la vida.
El surgimiento de este tipo de conocimientos es un desarrollo natural de la práctica de la atención plena, y se producirá independientemente de si utilizas el cuerpo como un camino o no, pero para los yoguis es más fácil a través del cuerpo. 

Trampas en el camino

Empieza por dónde estás, explora profundamente la verdad y la integridad del cuerpo. Porque para ti como para todo el mundo llegará un momento en que el cuerpo ya no provoque tanto apego y las emociones ya no serán un problema. Para la mayoría de la gente esta comprensión llega en algún momento del proceso de maduración. Si practicas activamente en el camino, este conocimiento surge como parte del desarrollo espiritual en lugar de miedo, y trae consigo la capacidad de vivir aquí y ahora, como si la propia muerte fuera inminente. Esta es la comprensión que tuvo Buda cuando aún era un príncipe, los tres mensajeros celestiales: un enfermo, un anciano y un cadáver. Los beneficios materiales de este mundo son pasajeros y no nos debemos aferrar.
Uno debe mirar la fuente de la auténtica felicidad. Ese es el punto crítico de la enseñanza de Buda, la contemplación del cuerpo para ayudarnos a descubrir que este profundo sentido de urgencia nos llevará a la visión correcta y al conocimiento, entregándonos así a la sabiduría de la vida.
Usar el cuerpo como un camino no es facil; debes decidir si esto es tu camino o no. La única forma que conozco para saberlo es practicarlo. Si decides usar el cuerpo, puedes hacerlo sabiendo que es un esfuerzo noble. Buda dijo: “Si el cuerpo no se domina, la mente no puede ser dominada. Si el cuerpo se domina, la mente se domina”.

Por Koncha Pinos-Pey para Espacio MIMIND.

un silencio a compartir




“Comencé a sentarme a meditar en silencio y quietud por mi cuenta y riesgo, sin nadie que me diera algunas nociones básicas o que me acompañara en el proceso. La simplicidad del método -sentarse, respirar, acallar los pensamientos…- y, sobre todo, la simplicidad de su pretensión -reconciliar al hombre con lo que es- me sedujeron desde el principio. 
Como soy de temperamento tenaz, me he mantenido fiel durante varios años a esta disciplina de, sencillamente, sentarse y recogerse; y enseguida comprendí que se trataba de aceptar con buen talante lo que viniera, fuera lo que fuese”.

Pablo d’Ors

Pablo d'Ors


“Basta un año de meditación perseverante, o incluso medio, para percatarse de que se puede vivir de otra forma. La meditación nos concentra, nos devuelve a casa, nos enseña a convivir con nuestro ser, nos agrieta la estructura de nuestra personalidad hasta que, de tanto meditar, la grieta se ensancha y la vieja personalidad se rompe y, como una flor, comienza a nacer una nueva. Meditar es asistir a este fascinante y tremendo proceso de muerte y renacimiento. Gracias a la meditación el autor ha ido descubriendo que no hay yo y mundo, sino que mundo y yo son una misma y única cosa”.

En la actualidad, además de animar en el Centro Abierto de la Fundación Tomillo un seminario de entrenamiento espiritual, llamado Buscadores de la Montaña, un curso de Iniciación a la Contemplación y un taller de lectura bajo el título “La sabiduría de los cuentos”, Pablo d´Ors atiende espiritualmente a los enfermos y moribundos en un hospital de su ciudad natal.

tomado del Yoga en Red

inspirada en Riokan monje zen y poeta

El silencio, tan lleno. Los sonidos del silencio. El tren que pasa, algún golpe de viento suave, un pájaro al vuelo, los crujidos de la casa...