domingo, 11 de febrero de 2018

La última comida de Budda

La última comida de Buda
Buda predijo el día de su muerte tres meses antes y desde ese momento en adelante anunció a todos el tiempo y lugar de su propia extinción. Después de su última comida la narración dice que él caminó la corta distancia hacia Kusinara a iniciativa propia. Desde la época de su muerte, ningún hindú, ningún budista ha sugerido alguna vez que haya muerto de envenenamiento por hongos. Su muerte no ha provocado discusión entre los budistas. Sabiendo como ahora lo sabemos cuáles fueron los hongos que sirvió Cunda, éstos pudieron haber provocado un trastorno en el estómago de un hindú micófobo, pero no pudieron haber causado su muerte. Murió por su propio poder de voluntad, por su propio mahasamadhi. O, más que provocar su propia muerte, ¿no utilizó el poder del yoga, bajo circunstancias penosas, para posponer su traslado al nirvana hasta que hubo alcanzado su lugar de elección?
El sustituto del soma explica y justifica las extraordinarias palabras utilizadas por Buda al limitar tan sólo para sí mismo este platillo. Al destinar a un hoyo el putika excedente, se mostró familiarizado con sus propiedades cotidianas. Ahora que conocemos las propiedades precisas de este hongo, y que está aclarada su etimología como emparentada con “pútrido”, su fuerte vínculo con el soma es una buena explicación para la creencia santal de que es generado por el divino rayo.

Hasta este punto nos hemos concentrado solamente sobre una fuente –el texto pali canónico del Digha Nikaya– para los detalles acerca de la vida de Buda. Es la escritura sagrada de la rama theravadina del budismo, la cual tiene sus cuarteles generales en Sri Lanka. Existen, además de ésta, otras cinco recensiones maestras de su vida, cuatro en chino y una en sánscrito. Todas ellas mencionan la parada en Pava y nombran a Cunda como el anfitrión, pero ninguna de ellas menciona el sukara-maddava. Una explicación obvia para esta omisión es que los chinos son micófilos naturales: comen con fruición todos los tipos de hongos comestibles y los conocen. Ellos no entenderían por qué Buda honraría al putika diciendo que sólo él podría digerirlo. Para los chinos todo esto habría sido incomprensible.
El episodio de Pava se presta a varias explicaciones; el registro escrito contiene algunas anomalías. Si tuviéramos que ofrecer la solución que creemos más verosímil, seria ésta.
Sólo el comentario sobre el Udana, que Buddhaghosa presentó como un rumor, demuestra que Cunda el sudra sabía del uso del putika hecho por los brahmanes. Cunda ciertamente conocía este hongo como un favorito universal entre quienes comen hongos cuando es temporada, y estaba en temporada precisamente entonces: se sorprendió cuando Buda reconoció el hongo y le pidió, en un pasmoso lenguaje no familiar para sus oídos, que los sirviera sólo a Buda. Cunda estaba orgulloso de haber reunido hongos para todos, y ahora le prohibían darlos a los huéspedes o incluso que los comiera él mismo.
Poco después de que Buda comió sus hongos con arroz, cayó violentamente enfermo. Esto seguramente causó consternación y mortificación a Cunda. Hubo alarma y murmuraciones contra Cunda y contra los hongos de la reunión, pues todos o casi todos eran hombres dos veces nacidos y se les había adoctrinado contra los hongos. Podemos imaginar el embarazo de Cunda pero no tenemos ninguna información al respecto: una opaca nube de silencio cae sobre él.
En el Digha Nikaya Buda exonera a Cunda de manera algo pomposa, debido a las circunstancias. Tal vez todo el mundo recordaba que Buda había levantado la voz a favor de Cunda y muchos lo habían oído, pero ninguno recordaba lo que él dijo precisamente. Parece que alguien compuso el párrafo mucho después. La apropiada exoneración de Cunda demostró la previsión y la nobleza de Buda en las circunstancias más penosas.
¿Acaso no fue introducido sukara-maddava en lugar de putika en Rajagrha para evitar confundir a las personas respecto a la actitud de Buda hacia la vieja religión? Él mostró cierta actitud hacia los putika, y reaccionó ante ellos de una manera que nosotros en la actualidad, en otras circunstancias, podemos entender por primera vez.
Y por lo que concierne a las diversas explicaciones en los dos comentarios canónicos para sukara-maddava, éstas también pueden haber sido introducidas en Rajagrha, o tal vez más probablemente en época tardía durante el reinado de Asoka, cuando la necesidad de una explicación se hizo sentir de manera creciente en la comunidad budista. Jamás se ha dado ninguna importancia teológica, entonces o más tarde, al episodio de Pava porque, después de todo, Buda estaba bajo una aguda tensión en esa época, lo cual se aunó a su enfermedad, a su inminente extinción predicada libremente desde que estaba en Vaisali, tres meses antes del episodio en Pava y del inesperado platillo de putika, que repentinamente le salieron al encuentro. Hubo demasiados comentarios entre los que estaban presentes como para suprimir el episodio, pero obviamente el putika no habría de ser identificado llanamente. El sukara-maddava fue una manera de decir la verdad y, no obstante, interponer obstáculos para su entendimiento. Quizás la palabra fue un neologismo inventado ad hoc.
Ahora vemos por primera vez en qué predicamento tan dramático involucró accidentalmente a la religión budista en el preciso momento de su nacimiento la proscripción brahmánica sobre los hongos para las castas dos veces nacidas. Todavía no sabemos –probablemente nunca lo sabremos– cuándo entró en vigor esa proscripción, tal vez fue a través de los siglos, mientras se componían los himnos védicos, o posiblemente cuando los jerarcas de los brahmanes supieron de las virtudes enteogénicas de Stropharia cubensis, tal como las conocen las clases inferiores que viven en la India, o cuando finalmente abandonaron el soma y adoptaron el putika como su sustituto. Pero sí sabemos cuán efectivamente los theras budistas falsearon los hechos en el Digha Nikaya, hasta que un investigador, 2.500 años después de que tuviera lugar el acontecimiento, reunió las evidencias, y con la ayuda de Georg Morgenstierne, Roger Heim, Stella Kramrisch, Wendy Doniger O’Flaherty y, sobre todo, del pueblo santal, ensambló las piezas del rompecabezas.

Luz y sombra

La luz serena ilumina diez mil oscuridades.
Allí donde emerge la luz de la conciencia
aparece la sombra del inconsciente.
La naturaleza de la conciencia es iluminar la sombra del inconsciente.
La naturaleza de la sombra es oscurecer la luz de la conciencia.
El lado luminoso, el lado oscuro…
¿Dónde te encuentras en este momento?
Si ves oscuridad es gracias a la luz.
Si ves luz es gracias a la oscuridad.
Si todo fuera luz no verías la luz.
Si todo fuera oscuridad ni siquiera sabrías lo que es la oscuridad.
Usa tu luz para ver tu sombra.
Usa tu sombra para apreciar tu luz.
Dokushô Villalba
La oscuridad de la sombra del pino, 
depende de la claridad de la luna.
Kodo Sawaki
La luz existe en la oscuridad: no lo veas todo oscuro.
La oscuridad existe en la luz: no lo veas todo luminoso
Luz y oscuridad parecen opuestas
pero dependen la una de la otra
como el paso de la pierna izquierda
del paso de la pierna derecha.
Sekito KisenLa luz serena ilumina diez mil oscuridades.
Allí donde emerge la luz de la conciencia
aparece la sombra del inconsciente.
La naturaleza de la conciencia es iluminar la sombra del inconsciente.
La naturaleza de la sombra es oscurecer la luz de la conciencia.
El lado luminoso, el lado oscuro…
¿Dónde te encuentras en este momento?
Si ves oscuridad es gracias a la luz.
Si ves luz es gracias a la oscuridad.
Si todo fuera luz no verías la luz.
Si todo fuera oscuridad ni siquiera sabrías lo que es la oscuridad.
Usa tu luz para ver tu sombra.
Usa tu sombra para apreciar tu luz.
Dokushô Villalba
La oscuridad de la sombra del pino, 
depende de la claridad de la luna.
Kodo Sawaki
La luz existe en la oscuridad: no lo veas todo oscuro.
La oscuridad existe en la luz: no lo veas todo luminoso
Luz y oscuridad parecen opuestas
pero dependen la una de la otra
como el paso de la pierna izquierda
del paso de la pierna derecha.
Sekito Kisen

lunes, 5 de febrero de 2018

Los sonidos en el monasterio

Escrito por Mioko.
Los sonidos marcan el tiempo, siguiendo los ciclos de la naturaleza  en el monasterio budista zen Luz Serena, de Requena. Ni en el mejor de mis pensamientos hubiera podido imaginar que para atravesar la conciencia del  tiempo, los sonidos iban a ser tan reveladores para mí. Se trata de un lenguaje no  verbal, un lenguaje no escrito, que atraviesa el espacio y se propaga más allá de la mente pensante, más allá de la densidad de cuerpo, más allá de los rituales ancestrales de cualquier cultura, o religión.
Los sonidos del monasterio me devuelven una y otra vez al presente. Aunque en ocasiones me ausente, aunque me pierda en divagaciones mentales, ellos me ayudan a retomar el instante eterno del ahora. Me ayudan a crear un hábito, una manera de iluminar el instante desde la presencia, a encender la luz de la conciencia para alumbrar las zonas oscuras y poder comprenderlas, a adiestrar la mente, la parte más salvaje del yo ilusorio, día a día, instante tras instante. Me ayudan a entrar en contacto con la totalidad de la vida “En realidad son el verdadero cuerpo y el verdadero espíritu de los Budas y Patriarca y sus sonidos deben ser aprehendidos como la verdadera enseñanza más allá de las palabras” Jundo-Shiki, Eihei Dôgen (Traducción de Dokushô Villalba)
Anunciar el despertar de la mañana con la campanita, shinrei recorriendo el monasterio, sintiendo el contacto de la tierra bajo los pies, la cúpula del cielo nítido y estrellado en una mañana sin nubes, o la humedad de la niebla en el rostro, cuando el oscuro cielo amanece con una espesa capa blanquecina. Sentir el olor de la tierra, la brisa fresca de la mañana penetrando a través del olfato, sin filtros, sin pensamientos, percibiendo la vida corporal plena que emerge tras el sueño. O contemplar al paso las siluetas de los pinos que se perfilan con la clara luz de la luna llena, mientras la sombra de sus ramas se reflejan en el suelo como raíces expandidas.
“El mokugyo tiene la facultad de sacar a la superficie, miedos, angustias, inseguridades, que laten más allá de la piel”
Experimentar el golpe seco del mazo sobre el madero, o moppan  anunciando la llamada para la sala de la meditación sedente, zazen. El sonido del Inkin revelando los movimientos del maestro. Podría cerrar los ojos y tan solo por el sonido saber lo que está ocurriendo en el dojo, o sala de meditación. Tocar el umban anunciando el desayuno, el sonido metálico que se esparce por la montaña y que tiene la grata cualidad de unificar su propio sonido con los sonidos de la naturaleza, con el bello paisaje de pinos verdes que se extiende tras la campana, con mi propio cuerpo y mi mente en el instante mismo en el que toco el metal. El taiko, el gran tambor que anuncia el comienzo y el fin del samu, o trabajo consciente. Cada vez que me arrodillo frente a él, lo siento como una enorme esfera redonda que simboliza el planeta tierra dormido, al que intento despertar con cada golpe que ejecuto.
Mi relación con el mokugyo, el tambor que marca el ritmo de la ceremonia  en la recitación de los sutras (enseñanzas del Budha y de algunos de sus discípulos), nunca ha sido fácil para mí. El mokugyo ha sido y sigue siendo, una especie de termómetro de cómo me siento. Tiene la facultad de sacar a la superficie, miedos, angustias, inseguridades, que laten más allá de la piel, en la zona más oscura y sombría de mí. Quizás esa misma intensa relación, sea la que me ha llevado a una de las experiencias más bellas y penetrantes que he tenido hasta el momento, en la ceremonia que tiene lugar después del zazen, la meditación sedente.
Ocurrió una mañana durante la recitación de El Sutra de la gran sabiduría. Comencé, como siempre, a marcar con el mokugyo el ritmo de la recitación de los monjes y residentes que participábamos, junto al maestro Dokushô, en la ceremonia. Pero en esta ocasión todo fue diferente.  Durante los primeros compases del instrumento sentí como si la materia gris de mi cerebro se reblandeciera, se volviera esponjosa, permitiendo que el sonido del tambor traspasara mi cuerpo y derribara cualquier resistencia física, o mental. A cada golpe de mokugyo el significado de las palabras de El Sutra de la gran sabiduría penetraban en mi corriente sanguínea, abriéndose como una flor de loto, a una comprensión nunca antes experimentada. Era como si la corteza cerebral de mi cabeza hubiera abierto sus puertas y ventanas, dejando paso al sonido de los sutras, a las notas musicales, al oculto significado de las palabras del sutra. El músculo de mi cerebro se había convertido en una parte más del cuerpo, sin otra función que la de entregarse por completo a la recitación del sutra, al puro gozo de tocar el mokugyo y experimentar la comprensión de la palabra desde la misma conciencia del ser, sin pensamientos, sin juicios, sin ningún tipo de densidad emocional que condicionara la grata expansión de conciencia que experimentaba.


Esta experiencia se dio sin más y se diluyó sin más en la nada, solo queda el vestigio de una puerta que se abrió a la comprensión del significado de suniata, o vacío, en el que, como  el mismo Sutra dice “Sólo hay mushotoku: nada que obtener.”

lunes, 22 de enero de 2018

Limpiando nuestra vida

"cuando aprendemos a limpiar nuestra casa y nuestra vida a fondo, a eliminar el desorden y desprendernos del pasado,creamos el espacio para que nuestras relaciones puedan respirar libremente y para que el amor se haga presente".
En el monasterio Luz Serena a todos los residentes nos van turnando en las distintas tareas necesarias para mantener El Centro en buen estado.Asi, este lugar se mantiene cuidado e inmaculado. Cada espacio contiene lo imprescindible y lo que va a usarse en determinado momento, no contiene nada más, ni tampoco hay nada fuera de lugar.
El Samu no se trata de hacer una tarea asignada casualmente, se lleva a cabo como el kinhin, con cuidado y precisión,  en silencio y con la mayor presencia que pueda yo aportar.
Me conecto directamente con la actividad que estoy realizando,ejecutándola con concentración. Así el plato, el lavavajillas, el agua, la manija, las voces de los compañeros,mi respiración y las voces internas se convierten en una sola cosa. Al fregar un plato así, consigo muchas cosas y una de ellas es unificarme con el monasterio.
Las tareas van desde asear las casetas, limpiar los cuartos de aseo, asistir al tenzo en La Cocina, ordenar la nave, apoyar  el fregado de la loza, vigilar que la mesa quede limpia y con aceite de oliva,vinagre balsámico,sal y pimienta en 4 puntos estratégicos de tal forma que queden accesibles a los que se sientan en ella.
Nadie  ni nada se considera demasiado importante. La lavandería en orden es tan importante e impecable como el doyo.
En este lugar se reverencia y cuida cada momento y cada aspecto de la vida.




EN la medida en que vamos limpiando los espacios y nuestro corazón y mente, nos vamos volviendo flexibles,serenos y confiados. Se va desarrollando en el interior una cualidad infantil que nos va llenando de asombro. Las relaciones se convierten en una aventura que no está acarreando los residuos del pasado. Nos preparamos para nuevos encuentros.







viernes, 8 de diciembre de 2017

A veces me siento transparente
Escuchando el sonido de las hojas que caen
Es verdaderamente pacífica la vida
Lejos de los asuntos mundanos

Entonces porque derramo
Estas lagrimas
Soy tan consiente de que todo es irreal

De que una a una
Las cosas de este mundo fugitivo
 pasan
Pero... porque me aflijo todavía.
Riokan.







martes, 29 de agosto de 2017

el empeño inflexible. maestro zen Densho quintero. Colombia

PARA LA PRÁCTICA, EMPEÑO INFLEXIBLE COMO EL AGUA QUE FLUYE PERSEVERANTE
LimaEn una reciente conferencia del maestro Densho Quintero, una estudiante de secundaria le preguntó sobre qué es el «empeño inflexible», una expresión que utilizó el monje colombiano durante su charla.
El abad del Templo Zen Mente Magnánima –Daishinji de la Comunidad Soto Zen de Colombia–, le respondió citando un relato suyo publicado en el libro El despertar Zen, de Intermedio Editores.
«Desde la antigüedad las perlas han sido apreciadas por su brillo, su blancura y su elevado valor comercial. Lo interesante es que la perla es producto de la molestia e incomodidad que sufre la ostra cuando una partícula extraña penetra en su concha y se incrusta en su cuerpo carnoso. En su lucha por vencer la irritación, segrega progresivas capas de nácar que se van solidificando para cubrir la partícula y capa tras capa se va formando una perla. De igual forma, cuando luchamos contra las dificultades y las superamos, llegamos a producir una perla brillante, la joya de nuestro desarrollo espiritual. En la práctica encontramos factores de incomodidad que nos ayudan a desarrollarnos. Incomodidad con nuestro yo habitual, incomodidad con nuestros patrones de referencia y con nuestra aparente comprensión. Cuando nos decidimos a practicar y a continuar a pesar de nuestra desilusión inicial y de nuestras limitaciones temporales, descubrimos que la práctica puede ser aburrida, porque el yo no está siendo entretenido por los caramelos de una práctica edulcorada que produce autosatisfacción. A pesar de todas las dificultades, debemos continuar practicando. En sus últimas palabras el Buddha dijo: Si practican con esfuerzo diligente nada será difícil para ustedes. Deben practicar con la diligencia del agua que fluye incesante y eventualmente puede desgastar una piedra. Pero si su práctica es laxa, es como tratar de encender un fuego frotando dos palos. Si se detienen antes de que los leños estén calientes, no podrán encender el fuego. Esto es lo que se llama empeño inflexible», explicó Densho sensei.
Narró el maestro un pasaje del texto Shobogenzo —Ojo precioso del Verdadero Dharma— del maestro zen japonés Eihei Dōgen: «Muchos han sido los buddhasy ancestros que han enseñado el camino hacia la más alta iluminación, así como los métodos de la práctica. Aún permanecen las huellas de nuestros predecesores, que se dejaron la piel y los huesos estudiando y practicando la Vía, como Huike —segundo ancestro del linaje zen chino, discípulo y sucesor del primer ancestro Bodhidharma— quien se cortó un brazo con el fin de recibir la enseñanza. No dude de la leyenda del joven que cubrió el fango con su larga cabellera —el joven en cuestión no es otro que el futuro Buddha Sakyamuni—. Todo ellos se despojaron de su viejo caparazón y se liberaron de sus conocimientos, de sus opiniones y de sus comprensiones. Fue así como de pronto se presentó ante ellos la realidad que había permanecido oculta durante innumerables eones (los cuatro períodos en los que se encuentra dividido el tiempo de la Tierra). Este instante de revelación de la realidad no puede ser comprendido por ustedes, ni por mí ni por nadie. Ni siquiera el ojo del Buddha puede verlo, ¿cómo podría ser sondeado por la mente humana ordinaria?
El monje colombiano puso sus manos en Gassho, hizo la respetuosa reverencia al auditorio de estudiantes, y caminó en silencio, acompañado por el sonido del valle.

martes, 25 de julio de 2017

Sesha

Sesha aconseja lo siguiente para realizar una práctica meditativa interior correcta:
Busca un lugar donde sentarte y, en lo posible, mantén la espalda recta. Es mejor acostumbrarse a no apoyarla, pero si surge algún problema físico no tengas problema en hacerlo sentándote en el piso, en una silla cómoda o en un sofá.
Evita acostarte cuando practicas, pues es fácil deslizarse al sueño.
Cierra los ojos, calma tus sentidos y sitúa la atención en el mundo interior, allí donde viven recuerdos, donde pace la memoria.
Inicialmente los sentidos seguirán activos, será su tendencia. No luches contra el mundo externo para que desaparezca. Poco a poco, en la medida que detectas tu interioridad, el mundo externo se apacigua y el interno se activa.
La práctica interior se afianza en la medida que tus sentidos físicos se desconectan. La atención debes posarla en tu interioridad a la espera de reconocer la aparición de cualquier pensamiento, sentimiento, emoción o pasión.
Tu actitud de atención interior debe ser intensa pero sin esfuerzo, sin la tensión de visualizar contenido mental alguno. Adopta una actitud de espera, de acecho interior, de ser consciente de cualquier contenido mental que emerja.
En el mundo interior solo existen tus contenidos mentales. Cualquier evento que allí aparezca: emoción, sentimiento, emoción o pasión debes detectarlo, saber que efectivamente está ocurriendo; ser consciente de su existencia será el objeto fundamental inicial de tu práctica interior.
Cuando aparezca a tu consciencia personal cualquier contenido mental debes reconocerlo, darte cuenta que existe. No te conviertas en su protagonista fundiéndote en él, no. Simplemente, reconoce su existencia; ello hará que inmediatamente se distancie a los ojos del observador interior o, sin más, desaparezca.
Cualquier contenido mental que aparezca en tu mundo interior, ya sea imagen, sensaciones de cualquier tipo, colores, percepción de energía o cualquier otra forma que adopte la memoria, no es conducente al encuentro de los estados superiores de conciencia.
Cuando logres reconocer y darte cuenta que estás pensando, serás testigo de la dilución de dicho pensamiento. Mientras mantengas la actitud consciente de estar presente sobre tu mundo interior no surgirá ningún otro pensamiento; entonces notarás el inmenso y maravilloso espacio que acontece entre pensamiento y pensamiento.
Si pierdes la atención que requiere la espera de pensamientos y te vas con ellos, no te culpes ni te juzgues; cuando te des cuenta que la atención se ha ido alumbrando tu memoria, entonces amorosamente regresa, date cuenta que piensas y notarás cómo inmediatamente cualquier constructo mental que exista en tu interior desaparece.
Ten cuidado de que tu mente construya un pensamiento de vacío; no es lo mismo el pensamiento de vacío que el vacío de pensamientos. El pensamiento de vacío es un pensamiento más que, al repetirse, produce hábito por esfuerzo.
El observador, que reconoce tanto los pensamientos como el vacío o el vacío que hay entre ellos, se localiza siempre en la parte de atrás del mundo interior y lo conocido se localiza al frente. A este estado le denominamos Observación.
Si logramos permanecer atendiendo con estabilidad suficiente el espacio entre pensamientos, dicho vacío irá tomando inercia; entonces quien atestigua empieza a reconocerse a sí mismo. A este estado le denominamos Concentración.
Observar y Concentrarse no es Meditar, ni mucho menos, pero son estados de conciencia más estables que el habitual al que denominamos estado de Pensamiento.
La Meditación ocurre cuando el mundo interior identifica al universo entero como parte de su propia realidad.

Sesha aconseja lo siguiente para realizar una práctica meditativa externa correcta:
El objeto fundamental de la experiencia externa es percibir los objetos del mundo mediante la intermediación sensoria, tal como lo hacemos habitualmente en la vida cotidiana
Cuando la percepción del mundo externo se realiza correctamente desencadena una nueva modalidad de percepción que finalmente desemboca en la No-dualidad.
Una percepción común requiere de pasos para decantarse en la No-dualidad. Dichos pasos implican la aparición de tres nuevos estados de conciencia: Observación, Concentración y Meditación.
Todo se inicia en la simpleza de observar cualquier evento externo: verlo, olerlo, gustarlo, tocarlo o escucharlo. Constantemente estamos captando la información de los objetos que nos rodean a través de cualquiera de los sentidos.
Lo esencial es que a la atención le acompañe siempre una respuesta presencial. No debemos inducir respuestas sobre eventos inexistentes; nuestra respuesta mental y física debe expresarse en función de un acontecer que está sucediendo.
Así, si caminamos debemos mantener la atención en el contacto de los pies con el suelo, si comemos toca estar atentos a los sabores y demás percepciones que ocurren en nuestra boca, si miramos un paisaje la atención deberá estar situada en la forma y color de los objetos que detectemos, y si escuchamos música la atención debe estar situada en la fuente desde donde brota el sonido. Todo ello se puede percibir sin necesidad de estar continuamente comparando, interpretando o juzgando mentalmente cada uno de los eventos en los que estamos inmersos, es decir, podemos contemplar constantemente el mundo que percibimos sin necesidad de pensarlo.
Realizar cualquier actividad externa y estar correctamente situados en ella implica depositar la atención en el presente y reaccionar exclusivamente ante los eventos que nacen en él. La atención debe situarse fuera de la cabeza y del cuerpo y colocarse en el ámbito de los objetos externos, no debe situarse dentro de la cabeza; debe proyectarse mediante los sentidos a los objetos de percepción.
La reacción al presente puede ser también mental, es decir, es posible pensar mientras se está afuera, siempre que ello sea una reacción al presente. Si, por ejemplo, alguien solicita tu número telefónico, entonces usas tu memoria para localizarlo; ello es válido, puesto que el presente te lo solicita mediante quien te lo pregunta.
Siempre que estamos experimentando el mundo y reaccionamos física y mentalmente respecto a algo que no hace parte del presente, entonces estamos percibiendo erróneamente.
El estado de conciencia de Observación externa es aquel donde la percepción no genera sentido de distancia entre quien percibe y el objeto conocido. Detectar los objetos situando la atención en ellos y experimentar así el mundo  impide la aparición de un yo, y permite descubrir que no se requiere de un sujeto activo como parte integrante de la percepción y, por ende, del conocimiento.
Esta forma de percibir los objetos de forma presencial reporta innumerables ventajas: no aparece sujeto que se preocupe o angustie, no aparecen pensamientos, recuerdos o emociones que no sean requeridos por el propio instante presencial; es una percepción exenta de tensión psicológica, una percepción fluida y continua que puede trasladarnos a los mas altos estados de conciencia.
Es erróneo observar el mundo con distancia, produce duda, apatía, y se experimenta sin intensidad. La correcta percepción del mundo ofrece una especial vivacidad de los objetos, mayor brillo y tridimensionalidad espacial, produce exaltación, genera solaz, ausencia de temores, angustias y cualquier otro contenido mental, así como la ausencia de esfuerzo por vivir.
El estado de Concentración externa induce la aparición de un sujeto no diferente del mundo externo que se está experimentando. El yo se ha erradicado en el estado de Observación y nace un nuevo sujeto que hace parte integral y simultánea del universo que los sentidos experimentan.
Nace un universo completamente vivo, lleno de exaltación y vida por el solo hecho de ser conocido. El conocedor está en todas partes de lo conocido y lo conocido en todas partes del conocedor; ambos son simultáneos.
Finalmente, y ante la continuidad de la Concentración, surge el más alto estado de percepción: la Meditación. Allí los sentidos expanden sus funciones más allá de los límites físicos normales: el sujeto de la Concentración muere y da paso a un nuevo sujeto sin fronteras de tiempo ni espacio, el atman. El atman se convierte en el perceptor de todo el universo conocido y por conocer, se convierte en un evento que no diferencia entre lo conocido y quien conoce: el mundo se conoce a sí mismo pues él es evidentemente la sustancia de la conciencia No-dual.

inspirada en Riokan monje zen y poeta

El silencio, tan lleno. Los sonidos del silencio. El tren que pasa, algún golpe de viento suave, un pájaro al vuelo, los crujidos de la casa...