lunes, 8 de octubre de 2018

El don de la vida y de la muerte

La sociedad actual ejerce una terrible violencia sobre el ser humano al someterle a una endiablada velocidad propia de los engranajes de una máquina. Ante esa enfermiza velocidad y la creciente virtualidad en la que nos quiere encerrar el devenir de los tiempos hay una medicina poderosa, que todas las tradiciones sapienciales han utilizado: el recuerdo de la hermana muerte como una consejera certera sobre lo que es importante y lo que no en la vida. Una enseñanza para vivir en el Bien, y la serenidad para morir en la Paz.
Cuando nuestro yo escindido en dualidades que laceran mira a los ojos oscuros de la muerte todo se vuelve a poner en su sitio, en su dimensión justa, pues comparada con la muerte, hasta las situaciones más tremendas del mundo cotidiano, en realidad son insignificantes. Estamos vivos. Y la muerte nos aguarda.
Pero esa poderosa medicina no se expende en las farmacias del mundo, sino en las boticas de la interioridad y la sociedad actual es mortalmente ajena a ese vademécun íntimo del alma conectada al corazón. Así que escindidos de una verdad que ordena la vida viven ese tránsito como un abismo, una interrupción violenta, una suspensión de una existencia a la que están fatalmente apegados.
No solo como consejera se cultiva su recuerdo sino también como la esperanza de un nuevo comienzo, alguna clase de vida venidera, que infunde un sentido sagrado a esta vida y nos responsabiliza de nuestros actos, por las consecuencias que ellos tienen en esas postrimerías. Pero la hermana muerte clama ahora en un desierto espiritual, la mayor parte de la gente imagina que esta vida es lo único que existe y carentes de toda fe auténtica en una vida posterior llevan una vida desprovista de sentido. Sin una mirada a largo plazo viven, como si no existiera un mañana en la eternidad, y solo para satisfacer sus fines inmediatos, devastando para ello, con una ausencia total de moralidad, todo lo que se oponga a la satisfacción de sus insaciables deseos.

domingo, 7 de octubre de 2018

Riokan

Ryōkan 良寛, nacido como Eizō Yamamoto, también conocido como Daigu Ryōkan, fue un monje budista Zen, calígrafo y poeta que vivió en Niigata (Japón) del 1758 al 1831Descendiente de una familia acomodada, el joven Eizo pasó su juventud dedicado al estudio. A los dieciocho años decidió entrar en un monasterio zen. Allí su vida dió un vuelco. Estudió con el famoso maestro Kokusen de la secta Sōtō. El monje budista Ryōkan compuso muchos wakas en un estilo naif, evadiendo intencionalmente las reglas complejas y el estilo tradicional del waka.
Después de la muerte de su maestro, Ryokan fue reconocido como el único heredero y depositario de la Transmisión. Pero a pesar de haber sido designado como sucesor de Kokusen, elegirá partir. Pasará los próximos veinte años en una ermita en la montaña. La llamará Gogo an.
En los últimos años conoce a Teishin, una monja zen joven, con la que mantuvo una íntima amistad. En el final de su vida, abandonará Gogo an para instalarse en la residencia de su amigo Kimura Motoemon. El "gran tonto", 'daigu' en japonés, murió en 1831, a los setenta y dos años.

Toda mi vida demasiado perezoso para abrirme camino,
Todo lo dejé a la verdad del Cielo.
En mi saco tres medidas de arroz,
Junto a la estufa un puñado de astillas –
¿Por qué preguntarse quién tiene satori, quién no lo tiene?
¿Qué podría saber yo de la fortuna, fama y lucro terrenales?
En las noches lluviosas, aquí, en mi choza de paja,
Estiro mis dos piernas cuanto me viene en gana.


Noche tranquila –en el interior de mi choza
Tocando a solas –un koto sin cuerdas.
La melodía se desvanece, 
internándose en el viento y las nubes.

Mi voz, unida a su discurrir, es profunda.
Con su amplitud –llena los barrancos.
Entre murmullos –cruza montañas y bosques.
Aparte de los sordos,
¿Quién oye el sonido de su voz misteriosa?


La lluvia ha cesado
las nubes han desaparecido
ha vuelto el buen tiempo.
Si vuestro corazón es puro,
todas las cosas de vuestro mundo
son puras.
Abandonad este mundo flotante,
abandonaos a vosotros mismos
y las flores y la luna
os guiarán por la Vía.
La luna está en mí
y yo soy la luna;
no puede haber diferencia
puesto que son originalmente indiferenciados.
Esta noche la luna ilumina mi espíritu
como ilumina el cielo.


Ya próximo a su muerte escribió este precioso poema:

¿Qué quedará de mí?
El cerezo en primavera,
el cuclillo en las montañas,
las hojas de arce en otoño.

Eneagrama y el cine

ENEATIPO UNO. The Queen. Stephen Frears. 2006.
La reina actual del Reino Unido, Isabel II, interpretada en la película por Helen Mirren, es la corrección y la perfección personificada, o sea, un eneatipo 1. Transmite rigidez (corporal y mental), distancia, frialdad. Como dice la reina en una ocasión: “El deber es lo primero, después es la persona”. Sin embargo, para la princesa Diana, esto no valía para ella, y este era uno de los motivos por el que a la reina no le caía bien. Y es que con su sinceridad, encanto y cercanía, sus dones 6, se había ganado al pueblo inglés. Por el contrario, la reina se muestra superior, protocolaria, dogmática, exigente, seria, altiva. El puesto de reina que ocupa le refuerza su eneatipo 1. Como les sucede a los 1, tener razón es muy importante para ella. 
Hay un fragmento de la película en el que la belleza de la naturaleza y la visión de un precioso ciervo le llevan a vivir unos momentos de apreciar la perfección ya existente, de conexión con su corazón, de emoción, de liberación de su personaje, de serenidad, es decir, de centramiento. Muestra también los dones del 1: disciplia,  integridad, entrega, valores. La ira, la pasión dominante del 1, la transmite mediante un tenso lenguaje corporal y ocupándose en corregir y criticar el comportamiento de todo el mundo. El Primer Ministro, Tony Blair, un eneatipo 3, con sus habilidades sociales, un don de los 3, le ayuda a solventar la crisis de la corona.


ENEATIPO DOS. Pena de muerte. Tim Robbins. 1995.
Sean Penn, un eneatipo 8 en la vida real, interpreta en la película a Matthew, un condenado a muerte, un 8 descentrado. Mientras que Susan Sarandon, interpreta el papel de la hermana Helen, una monja que se implica en ayudarle, un eneatipo 2 centrado. En la vida real la actriz siempre ha estado implicada en organizaciones de carácter social y seguramente es también un 2. 
Sumamente empática, también con los padres de los jóvenes asesinados, generosa, compasiva, afectuosa, servicial, su ayuda ha generado una gran dependencia emocional de Matthew. 
En un determinado momento de la película le pregunta su madre: “¿Por qué haces esto?” Y ella le contesta: “Me siento atrapada, más que atraída”. Aquí muestra su compulsión por ayudar a los demás. Necesita ayudar a los demás para sentirse. Sus propias necesidades las ignora o no las tiene en cuenta. Y es que el 2 recibe en el mismo acto de dar. La verdadera necesitada es ella. A esto se le podría llamar “generosidad egocéntrica”. Sintiéndose llena de amor, la persona orgullosa (la pasión dominante del eneatipo 2) se siente “gran persona” y apenas es consciente de esto.
La hermana Helen es el apoyo de Matthew en sus últimos días. Su mirada amorosa en los últimos momentos de su vida, al ser ajusticiado mediante inyección letal, es su último consuelo. Ella le ha dicho previamente: “Mírame, verás el amor en mi rostro”.


ENEATIPO TRES. Atrápame su puedes. Steven Spielberg. 2002.
Esta película está basada en una historia real. Leonardo di Caprio (un 3 en la vida real) interpreta en la película el papel de Frank, un eneatipo 3. Frank comienza su carrera delictiva con 16 años (es muy precoz), poco después del divorcio de sus padres, en su primer día de clase en un nuevo colegio. Al entrar, otro joven le empieza a acosar en plan matón y él decide hacerse pasar por el profesor de francés y ridiculizar al acosador. Cuando el director llama al padre, a la salida, éste le sonríe, mostrándole complicidad y aprobación por su actuación. Y es que su padre también tiene problemas con la justicia. Frank muestra con claridad la pasión dominante del 3: el narcisismo, la vanidad, el engaño, la ocultación. Seduce y manipula a sus víctimas para conseguir sus objetivos. Es un camaleón, capaz de interpretar cualquier papel que le permita conseguir admiración y éxito social. Su frialdad, falta de empatía y  habilidades sociales le facilitan sus estafas, pero sin embargo su incapacidad para intimar le hace sentirse solo. Conoce a una chica buena e ingenua, una 6, que le ayuda a centrarse, a ser más auténtico, con la que se quiere casar. Pero las cosas se complican. Como buen 3 le encanta competir, y lo hace hasta con el agente del FBI que le persigue. 


ENEATIPO CUATRO. Las horas. Stephen Daldry. 2002.
La película comienza con el suicidio de Virginia Woolf (Nicole Kidman). Describe la vida de tres personajes 4, todos  ellos bastante descentrados: Virginia Woolf, Laura (Julianne Moore) y Richard (Ed Harris), y de un 2, Clarissa (Meryl Streep). El libro de “La señora Dallloway”, que en la película escribe Virginia Woolf, es el nexo de unión entre los cuatro personajes. Se van sucediendo los saltos espacio-temporales y de personajes. Los tres 4, Virginia, Laura y Richard, tienen mucho en común, son sensibles, atormentados, depresivos, apegados a su sufrimiento, autodestructivos, enigmáticos, introvertidos, y se sienten incomprendidos. Su pasión dominante es la envidia, la nostalgia, el anhelo. Los tres perciben que algo les falta para ser felices. Su nostalgia es de un pasado, cuando las cosas les parece que fueron más reales y auténticas. Al final de la película, han pasado los años, se descubre que la madre de Richard es Laura, que no soportaba su convencional vida familiar con su marido y su hijo y que, entre suicidarse o abandonar a su familia, eligió lo segundo. Y es que los 4 tienden a huir de lo normal, de lo corriente, de lo común. Laura, un 4 descentrado, lleva esto al extremo. Clarissa, un 2, se ha dedicado durante años a cuidar a Richard. Sus cuidados y la dependencia que le ha generado es lo que le ha impedido acabar con su vida antes.


ENEATIPO CINCO. Historia de una pasión. Terence Davies. 2016.
El título de la película en inglés “A quiet pasión” se ha cambiado en España por el nada acertado “Historia de una pasión”. Mucho más adecuado hubiera sido “Una pasión silenciosa (o callada)”. La película está basada en la vida de la poeta norteamericana Emily Dickinson, un eneatipo 5. Qué bien la describe su mejor amiga: “Eres una criatura extraña. Más profunda, sospecho, que cualquiera de nosotros. Tú no demuestras, tú revelas”. Independiente, solitaria, en busca de sentido mediante la poesía, austera, con pocos amigos, pero muy íntimos; perder uno es un drama. Proteger su privacidad, sus espacios de soledad, su tiempo para ella misma, forma parte de la pasión dominante de los 5, la avaricia. Dice en una escena: “Cuando se acercan demasiado siento que me asfixio”.
Cercada por el puritanismo de su entorno, la pérdida de su mejor amiga (contrae matrimonio), la muerte de su padre y una enfermedad que se le manifiesta le hacen hundirse, retraerse y aislarse, viviendo desde entonces en el piso de arriba, manteniendo así una mayor distancia emocional con los demás y vistiendo de blanco, su color de luto. Al final, el precio de su independencia es la aridez interior, que le hace mostrarse arisca, irónica y distante con los demás.


ENEATIPO SEIS. Sueños de un seductor. Woody Allen. 1972.
La película comienza con el final de otra gran película, Casablanca. Y es que Woody Allen en su papel de 6 (en la vida real también lo es), hace algo muy típico de este eneatipo, buscar una figura de autoridad en la que apoyarse, en la película el personaje de Humphrey Bogart en Casablanca, que se le aparece para darle consejos. Woody Allen se parodia a sí mismo. Su humor se basa en la sinceridad, uno de los dones del 6, llevada al extremo, mostrando su inseguridad, miedo, dudas, que es la pasión dominante del 6, su desconfianza, sus contradicciones. Así como el hábito de asumir lo peor, viviendo en la mente y anticipando el futuro con la imaginación, que siempre será catastrófico. Esta es la versión de pesimismo del eneatipo 6. Es gracioso que la única que le comprende es la mujer, casualmente un 6, de su mejor amigo, un 3. Al final la lealtad, otro de los dones del 6, y un final de película se anteponen al amor.


ENEATIPO SIETE. La vida es bella. Roberto Benigni. 1997.
Para la mayoría de las personas en la vida hay momentos en que es bella, a veces son días, o incluso temporadas; pero también hay momentos, días o temporadas en los que esto no sucede. Los eneatipo 7, como Guido, el protagonista de esta película que interpreta Roberto Benigni (que también es el director y guionista y un 7 en la vida real), utilizan un truco para que la vida sea siempre bella, que consiste en idealizar la realidad, ignorando y huyendo de la tristeza y el sufrimiento. Guido muestra también la gula, la pasión dominante del 7, siempre dispuesto a saborear y disfrutar nuevas y sabrosas experiencias. Así como el entusiasmo y la alegría de vivir que transmite, que es el don de los 7.
En la película el optimismo llega a ser fantástico, mágico, incluso compulsivo. Fantasía y realidad se confunden.  A veces Guido hace trampas o trucos para que la magia funcione. En la primera parte, su optimismo llevado al extremo le impide percibir el grave peligro que se avecina contra los judíos, a pesar de las claras señales que lo anuncian. En la segunda parte, que el niño no sufra lo justifica todo.


ENEATIPO OCHO. Cyrano de Bergerac. Jean-Paul Rappeneau. 1990.
En la primera parte de la película, el personaje de Cyrano de Bergerac, interpretado por Gerard Depardieu (un eneatipo 8 en la vida real), manifiesta su pasión dominante con claridad: la intensidad, el exceso, la vehemencia. Se muestra retador, provocador, arrogante, enérgico, fuerte, luchador, dominante, franco, confiado, justiciero, iracundo. Su lema es “¡Puedo!, luego existo”. Su capacidad de liderazgo es evidente, es por esto que muchos le admiran y siguen. De vez en cuando, también asoma su inocencia.
Dos palabras lo definen: Sensibilidad acorazada. Como les sucede a los 8, tiene dificultad para aceptar y expresar su lado tierno, agradable, suave, “femenino”; para intimar. La excusa de Cyrano es su nariz. Ignora que en su debilidad está su fuerza.
Su amor platónico por Roxane consigue resquebrajar su coraza, mantiene viva su sensibilidad, pero no lo suficiente como para liberar su corazón. Es demasiado arriesgado. Prefiere vivir y morir siendo un alma solitaria.


ENEATIPO NUEVE. Los Chicos del coro. Christophe Barratier. 2004.
El protagonista de la película, Clément Mathieu, interpretado por Gérard Jugnot, es bonachón, complaciente, sencillo, acomodaticio; transmite paz y tranquilidad, o sea, un 9 centrado. Enseguida empatiza con los chicos del centro, se pone en su lugar, tiende puentes, establece complicidades, media por ellos ante el director. Así, poco a poco, con delicadeza, amorosamente, sin que ellos se den cuenta, mediante el coro, los va sanando, llevándolos del desarraigo a la pertenencia. Como suelen hacer los 9, procura evitar el conflicto de enfrentarse abiertamente con el director y practica la resistencia pasiva y terca.
Muestra su pasión dominante, la pereza, por su resignación, por su falta de energía para luchar por conseguir dedicarse a lo que más le entusiasma, cosa que pocos 9 saben, que en su caso es la música. Tiene también la típica baja autoestima 9, el infravalorarse, que hace que otros se apropien de sus méritos, no destaque y pase desapercibido, su exagerada modestia. Como dice de sí mismo al final de la película en su diario: “Me llamo Clémont Mathieu, músico fracasado. Vigilante en paro”.

La ola es el mar






La ola es océano,
y cuando surge,
se le da el nombre de 'ola'.
Cuando se le da este nombre,
es como si tuviera una existencia independiente.
Parece rodar sobre la superficie, que es todo agua
-agua fluyendo sobre agua- y a esto le llamamos una vida.
Después desaparece y a esto se le llama muerte.
Al agua no le ha ocurrido nada.
Es solo un movimiento espontáneo,
pero debido al nombre y a la forma,
aparece como una existencia separada.
En todo momento solo es el juego del agua
elevándose, fluyendo, desapareciendo... no hay historia.
La mente elabora la historia creando una identidad ilusoria.
En la verdadera comprensión, todo ello es uno.
Cuando surge la identidad, la llamamos vida.
Cuando desaparece, la llamamos muerte.
Pero, en realidad, si miras desde la perspectiva
del Ser puro, no hay tal cosa
como una existencia autónoma, independiente.
Todas las acciones son las acciones del océano.                                                                              
Mooji

Orgullo y humildad

Orgullo y humildad.







A veces surge la humildad,
porque es lo que necesitas para contrarrestar la confusión del ego separado.
El orgullo que te invade.

Y a veces surge el orgullo vajra.

El orgullo vajra sólo puede aparecer en la ausencia del ego,
desenmascarado el pequeño yo, disuelto.
Esa humildad.

En otras palabras:
Necesitas de la humildad (y aparece) cuando el ego se ha hecho grande,
cuando eres presa de ese orgullo.
Se manifiesta el orgullo sagrado
en el instante en que no hay un ego arrogante al que proteger.

Y es así como la humildad desenmascara el orgullo (del ego)
y el orgullo manifiesta la más extrema humildad
(la vivencia de no existencia separada).


Y he aquí la paradoja:
Que la humildad surge cuando nos mueve el orgullo,
y el orgullo sagrado se manifiesta cuando somos humildad.





sábado, 29 de septiembre de 2018

La perfección de la verdad

Decía un entrañable maestro de Tai Chi, Peter Yang, que la convivencia perfecciona.
Perfecciona si estamos enamorados previamente de la Verdad y consideramos que no hay mayor derecho que la Verdad, la Realidad. Y aceptamos con todas sus consecuencias el resultado de ejercer el discernimiento entre lo Real y lo ilusorio de cada situación, eligiendo lo que realmente es necesario frente a lo que es contingente, porque no se sostiene por sí solo, porque es accidental y no esencial y se lo llevará el viento del tiempo. Decía el profeta del Islam en sus plegarias a Dios, “Hazme ver las cosas como realmente son.”
Este amor a la Verdad es el que necesitamos cultivar para que en el inevitable combate de los egos, en el tablero de la convivencia diaria, uno aprenda a replegar su ego ofendido en la batalla y medite en lo secreto de su habitación íntima, el corazón, cuánta verdad hay en lo que el compañero de vida le ha arrojado, con mayor o menor destreza ante los ojos. Para ello ha de mirar a su ego como miraría al de su compañero, como si fuera alguien distinto de su verdadero sí mismo, y desde la sinceridad amonestarse si el defecto señalado es cierto, para después dirigir luz sobre la sombra gracias a la verdadera inteligencia -que no piensa sino que ve-. Para desarraigar esa o aquella tendencia dañina, que chocará indefectiblemente con el ego del otro en cualquier tipo de convivencia, salvo si se convive con santos, que son huecos por donde lo divino pasa y sopla melodías de otros mundos no duales.
Este amor a la Verdad capacita para hacer uno de los movimientos que más le cuesta permitir al ego nuestro de cada día: objetivarle, señalarle sus miserias, sus pobrezas y no secundarle en sus bajezas ya sean de envidia, de soberbia, de tibieza, vanidad o codicia, sin permitirle defenderse con ningún tipo de razones, por muy razonables que parezcan. Juzgarle con rigor y amor y verle en su pequeña dimensión de individuo egoísta que no permite que nadie, aunque sea la Verdad misma, le cuestione la imagen que tiene de sí mismo.
Dicen además los sabios que todo lo que nos sucede tiene que suceder, que el amigo o el enemigo pueden ser incluso injustos en su apreciación, en su juicio; que incluso el absurdo también puede llegar a las costas de nuestra vida y que todos esos acontecimientos están señalando algo importante que atender, pues las cosechas de lo que sembramos nunca se sabe en qué forma van a venir a visitarnos y que, incluso, aunque no haya causas que merezcan una consecuencia trágica, a veces, esta sobreviene para que se manifieste sobre ellas las obras de lo divino, como decía Jesús, y sea la llave que abre una verdadera conversión espiritual.
Dicen también, que la conciencia frente a los fenómenos tendría que ser como un alumno aventajado dispuesto a aprender la enseñanza que los distintos correctivos cósmicos lanzan a nuestras orillas personales. Los hombres sencillos de las sociedades tradicionales siempre tienen en la boca un humilde “el destino así lo ha querido” en medio de verdaderas catástrofes, que dejarían mudas las nimiedades por las que el hombre occidental se solivianta. Son conscientes de una forma simple y certera de que la Divinidad y su ciencia exacta del karma nos traen acontecimientos diversos para ayudar a colocarnos en un lugar más real, más verdadero de nosotros mismos. Por eso el signo del hombre superior, nos dice Gampopa, “es el que regula la propia conducta de acuerdo con la ley de causa y efecto tan cuidadosamente como protege sus pupilas”, ya que como decía Omar Khayyâm ni todas tus lágrimas harán desaparecer una sola palabra dicha.
Beatriz Calvo Villoria
Periodista y Directora de EcocentroTV
www.ecocentro.es

domingo, 23 de septiembre de 2018

Leonardo Cohen en entrevista en la India





Durante mi visita a Ramesh, en Mumbai, a principios de 1999, fui testigo de la siguiente conversación con Leonard Cohen, y compré la cinta grabada. Después de que llegara a casa, realicé la siguiente transcripción:

Ramesh Balsekar – ¿Me dicen que usted vive en un monasterio zen?
Leonard Cohen – Sí, es correcto. 
RB – ¿Desde cuándo, tres o cuatro años? 
LC – He estado asociado con esta institución durante unos treinta años. Y hace unos cuatro años y medio fui ordenado como monje.                                                                                                            RB – Ya veo, ya veo. ¿Diría usted que es una disciplina bastante rígida?
LC – Lo es, muy rigurosa.
RB – Pero, ¿le gusta?
LC – No particularmente, no.
RB – Bien, eso es honesto. Así, pues, lo que me gustaría preguntarle es esto: la comprensión que usted tenía antes de venir aquí, y aquello sobre lo que yo hablo, ¿en qué se parecen?
LC – Fue la resonancia entre los dos modelos, el suyo y el de mis maestro la que me condujo a estudiar sus libros con algo de diligencia. Sentí que sería apropiado venir y sentarme con usted.        RB – Ya veo. Pero utilizó la palabra “resonancia”. ¿Puede explicar eso un poquito, Leonard?            LC – Encontré eso durante uno de los rigurosos retiros a los que éramos sometidos. Me encontré a mí mismo abriendo uno de sus libros, especialmente “La Verdad Final”; y descubrí que sus escritos iluminaban los discursos de mi maestro, y viceversa.                                                                            RB – ¡Usted ha estado aquí durante diez días!                                                                                        LC – Sí, Señor.                                                                                                                                        RB – ¡Pero ha estado tan callado!                                                                                                          LC – He estado libando el néctar. Es muy delicioso estar aquí. Siento el debilitamiento de ciertos sentimientos posesivos acerca de la condición de hacedor.                                                                    RB – ¡Esa es una palabra muy buena! ‘Posesivo’. ¡Yo, mío! Ya veo. Ahora, este debilitamiento, ¿cómo entiende este debilitamiento? ¿Cuándo comenzó?
LC –  Ya sabe, a lo largo de los años, especialmente cualquiera que frecuente un zendo, una sala de meditación, va a obtener un montón de muestras gratuitas. Si se sienta cada día durante largas horas, y se somete a la falta de sueño y a una deficiencia de proteínas, empezará a tener experiencias que son interesantes. Era el hambre por esas experiencias lo que me mantuvo alrededor, porque YO NECESITABA esas experiencias. 
RB – ¡SÍ! El HAMBRE por esas experiencias. 
LC – Había hambre de maximizar, de continuar, una codicia de… Se desarrolla una codicia por las experiencias de este tipo. Que es lo que pasa en los monasterios. 
RB – Estoy enteramente de acuerdo, sí. Hay una codicia por estas experiencias. 
LC – Muy mucho. Y debo decir que mi viejo maestro daba poco valor a esas experiencias. 
RB – Ya veo. De hecho, ¿le ADVIRTIÓ en contra de ellas? 
LC – ¡Te advierte y TE GOLPEA, en contra de ellas! 
RB – ¿Con su bastón? ¿En el hombro de usted? 
LC – Sí, Señor. No se nos alienta a tomarnos esas alucinaciones en serio. 
RB – Pero, ¿cuán efectivos son esos golpes, Leonard? 
LC – No son efectivos en absoluto. He visto que han sido más efectivos en el caso de otros monjes de lo que lo fueron en este caso [para mí]. Así que respeto el sistema. Es un sistema riguroso basado en un modelo muy utilizable. Pero funciona para unos y no funciona para otros. 
RB – Muy bien. Ya veo. Y lo que ha estado usted escuchando durante diez días, ¿cree que ha marcado alguna diferencia? 
LC – ¡Dulce!                                                                                                                         
RB – ¿Alguna diferencia en esa codicia? ¿Puede explicar eso un poco, por favor, Leonard? 
LC – Su énfasis en la desidentificación con el sentido de hacedor es crucial para el debilitamiento de… la modificación de esa codicia. Y por la gracia de esta actividad, he experimentado… 
RB – ¿Lo ha intentado durante los últimos diez días? Ya veo. 
LC – Sí. Por supuesto, la codicia surge. El hambre surge, legítimamente, y sin que yo lo ordene. La codicia por la paz, por la ecuanimidad, por el equilibrio, surge espontáneamente. Pero siento que, de alguna manera, carezco de palanca alguna [de maniobra] en el aparato. De alguna manera, hay un endulzamiento de toda la experiencia. 
RB – Wayne señaló que, mientras ciertas prácticas producían estas muestras gratuitas, [al mismo tiempo] inflan el ego. Pero, una vez más, el peligro ESTÁ en que – si es la Voluntad de Dios y el destino del organismo cuerpo-mente – el ego se hinche a un nivel en el que el ego henchido se considere a sí mismo un maestro. ¿Ve usted? ¡Y quiere y logra en efecto cientos y miles de discípulos! Y el ego henchido permanece ahí. De modo que puede no ser pinchado. 
RB – ¿Cómo vive usted su vida? ¿Le presenta un problema vivir su vida? ¿Cuál sería su respuesta, desde su experiencia personal? ¿Es vivir su vida ahora, con esta comprensión, una cosa difícil para usted? 
LC – La comprensión ahora es que esta programación, a menos que sea la voluntad de Dios el cambiar la programación, va a ser tal y como es, pero no tengo que verme envuelto en la programación. 
Hay un trasfondo de angustia, de angustia mental, que no parece responder a ningún método que yo imponga en él. Por tanto, cuanto más profunda se hace esta comprensión, menos intento imponer ningún método; y aunque el parloteo y la actividad de la mente continua, no parece tener su aguijón venenoso. 
RB – El parloteo de la mente sucede, pero no hay ningún deseo de que el parloteo de la mente se haga menor. ¿NO es eso lo que está usted diciendo? Entonces, lo que quiera que ocurra, se acepta. ¡De acuerdo, ESTÁ el parloteo de la mente! La naturaleza de la mente es parlotear. Por tanto, el parloteo de la mente puede estar ahí, pero no hay angustia. ¿Es eso lo que está usted diciendo como creo yo que lo está? 
LC – Lo es. Pero incluso si hay angustia… 
RB – ¿Quiere decir que aceptar incluso esa angustia es aceptación? Bastante correcto. 
LC – Correcto. 
RB – Muchas gracias, Leonard. Eso es exactamente lo que esperaba que obtendría de usted. 


Publicado el 28 de septiembre de 2014 por Jane
Adams:
Traducido por Jesús David Zarza. 
Revisado por Esther Alterio.

Leonard Cohen. Take this waltz. Zaragoza live 2009: 

inspirada en Riokan monje zen y poeta

El silencio, tan lleno. Los sonidos del silencio. El tren que pasa, algún golpe de viento suave, un pájaro al vuelo, los crujidos de la casa...