lunes, 16 de junio de 2014

el cuerpo como camino espiritual

El cuerpo como camino espiritual

Durante más de dos mil años años, una de las preocupaciones de todas las tradiciones de Oriente y Occidente ha sido la relación con el cuerpo y su vinculación con la práctica espiritual. ¿Un recipiente sagrado para ser honrado, una manifestación de lo divino, un lago maravilloso donde mora el espíritu ? 

adaptado por liliana posso.
cuerpo espiritualidad
 En la práctica del yoga, a través del cuerpo se  profundiza en la comprensión del ser. Es una práctica meditativa y  una búsqueda de la auténtica liberación.
  Buda hizo hincapié en la importancia del no-apego al cuerpo y enseñó cómo a través de prácticas especificas -incluyendo 32 meditaciones en partes concretas del cuerpo-, uno alcanzaba la verdad sobre la vida y la muerte. 
Algunos yoguis a veces descubren que tienen una gran concentración en el cojín de meditación, pero carecen de conocimientos necesarios para encarnar en la práctica diaria sus pensamientos, palabras y acciones. Una cosa es estar en calma  en el cojín mientras se medita, y otra actuar conscientemente mientras tu hijo llora, tienes un jefe difícil o confrontas  la reveldia de tu hija adolescente… Eso requiere presencia total del cuerpo.
para  Buda  estaba claro que en el  cuerpo habita  la práctica de la meditación plena… " Aquel que cultiva la atención plena del cuerpo se libera y alcanza la paz suprema”.

Venimos del cuerpo

El Buda  enfatizaba la importancia de la utilización de la atención plena del cuerpo para descubrir el dharma, la verdad de cómo son las cosas. Él estaba sugiriendo que usemos el cuerpo como un objeto de concentración, de atención y reflexión con el fin de ver a través de la realidad misma de la propia existencia; en otras palabras, usar el cuerpo como camino.
Siguiendo las instrucciones de Buda, se puede aspirar a trabajar con el cuerpo y la conciencia del cuerpo como parte del propio camino espiritual, más bien como un medio para aprender a permanecer presentes. Esto se llama atención plena del cuerpo, lo que el Buda enseñó en la Primera Noble Verdad: la práctica de la atención plena. Cuando empieces a meditar, comienza por el cuerpo y poco a poco aspira a entrar en los pensamientos.
Hazlo del mismo modo cuando descubras que las emociones difíciles nublan tu mente, incluso si tienes problemas para saber lo que estas sintiendo. El gran beneficio de la contemplación del cuerpo, es que es una experiencia física directa, uno no puede centrarse en cualquier cosa que esté pasando por la mente. Esto quiere decir que cuando tu mente esté agitada, inquieta o te pierdas en los recuerdos, reacciones y fantasías, puedes centrarte simplemente en desplazar tu atención al cuerpo.
Al concentrarte en la respiración, o en las sensaciones corporales, se llega al momento presente. Del mismo modo, cuando te consumes en las emociones fuertes perturbadoras, está bien volver la atención a la contemplación del cuerpo, y para eso nada mejor que el yoga. 
Ser capaz de volver tu atención al momento presente es de vital importancia, ya que solo por estar plenamente en el momento que surge, se puede realmente tener conocimiento y tomar la acción correcta.

La conciencia en del cuerpo

Trabajar con el cuerpo como camino también te libera de ser derrotado por el sufrimiento y la aversión a la vida. Tanto el dolor físico como emocional pueden ser la causa de la aversión, un grito de tu energía que desesperadamente quiere otra cosa, sea lo que sea. Esta aversión puede surgir a través del cuerpo, como el dolor de una lesión crónica o el dolor de una relación perdida. De cualquier manera, tratando de escapar del momento, te contraes. Por desgracia, esto solo te hace sentir más dolor. Si tu atención se centra en el dolor, la aversión aumenta el sufrimiento.
Tratando de sobrevivir al dolor o negando la aversión mejora el efecto negativo en tu sistema nervioso. Para hacernos conscientes del cuerpo, tienes que permanecer en el momento presente con el dolor, ya sea físico o emocional, que a su vez liberará la aversión. Cuando la aversión se reduce o se elimina a través de la contemplación del cuerpo, el sufrimiento disminuye casi inmediatamente, y su dificultad se hace mucho más llevadera.
Incluso el dolor físico nos puede ayudar a manejar la contemplación del cuerpo. El dolor no solo es dolor; se toca, palpita, contrae, expande, viene en olas, en pulsos, en latidos. Cuando te quedas presente con el dolor, te empiezas a ver con claridad, lo que a su vez calma el sistema nervioso y el dolor se convierte en mucho más tolerable. Con el surgimiento del placer, es muy útil estar presente y focalizarse en las sensaciones corporales.
Al hacerlo descubrirás que lo que es placentero te hace despertar el apego mental, y no quieres que acabe. Tratando de alcanzar y conservar la simpatía, la mente salta inmediatamente hacia el futuro con planificación y fantasías… Te imaginas que estás en las montañas, con una puesta de sol preciosa… y así empieza el apego y las expectativas. Ahora que ya no estás presente para disfrutar de lo que te está pasando, perderás la mayor parte de tu experiencia de hoy.

Concentrarse en el cuerpo

El cuerpo es un objeto ideal para concentrarse, si se accede por la respiración, el tacto o 
 las sensaciones. En muchos casos, cuando entras en un estado de meditación profunda para mantenerte concentrado en el cuerpo, una nueva dimensión se abre. Algunos maestros dirán que estamos accediendo al cuerpo energético. En algunos estados profundos de meditación se puede experimentar que no hay cuerpo, solo patrones de energía, solo un flujo libre de sensaciones sutiles:  una sensación de vacío pleno, que es la auténtica conciencia del cuerpo. Si lo que sientes es el entumecimiento del cuerpo, también puede ser objeto de la atención plena.
En la práctica de las posturas  se puede empezar a aprender la contemplación del cuerpo, cambiando el foco de  atención de la circulación externa de las extremidades y el torso. Trabajar con el aliento mientras realizas las posturas es ya el principio del camino.

Descubriendo la verdad del cuerpo

El cuerpo puede ser un camino hacia la realización de la verdad del Dharma. Esto se conoce como el surgimiento de la visión plena. Por ejemplo, a través de la atención plena y observando cómo cambian las sensaciones corporales, te das cuenta directamente de  la impermanencia de todos los fenómenos.
 Al ser consciente de lo que sucede en el cuerpo, eres capaz de experimentar dukha o sufrimiento, que viene más fuerte cuando te aferras a las cosas como si el cambio no fuera inevitable. Puedes ser testigo de ti mismo, tratando de aferrarte a una relación que ya no está, o por el atractivo del cuerpo, o por poseer la relación en sí misma. En el aferramiento, el cuerpo se tensa, el miedo y el malestar aparecen y te das cuenta de que tal actitud solo te traerá sufrimiento. A su vez puedes comenzar a desarrollar un enfoque más amplio de la vida.
El surgimiento de este tipo de conocimientos es un desarrollo natural de la práctica de la atención plena, y se producirá independientemente de si utilizas el cuerpo como un camino o no, pero para los yoguis es más fácil a través del cuerpo. 

Trampas en el camino

Empieza por dónde estás, explora profundamente la verdad y la integridad del cuerpo. Porque para ti como para todo el mundo llegará un momento en que el cuerpo ya no provoque tanto apego y las emociones ya no serán un problema. Para la mayoría de la gente esta comprensión llega en algún momento del proceso de maduración. Si practicas activamente en el camino, este conocimiento surge como parte del desarrollo espiritual en lugar de miedo, y trae consigo la capacidad de vivir aquí y ahora, como si la propia muerte fuera inminente. Esta es la comprensión que tuvo Buda cuando aún era un príncipe, los tres mensajeros celestiales: un enfermo, un anciano y un cadáver. Los beneficios materiales de este mundo son pasajeros y no nos debemos aferrar.
Uno debe mirar la fuente de la auténtica felicidad. Ese es el punto crítico de la enseñanza de Buda, la contemplación del cuerpo para ayudarnos a descubrir que este profundo sentido de urgencia nos llevará a la visión correcta y al conocimiento, entregándonos así a la sabiduría de la vida.
Usar el cuerpo como un camino no es facil; debes decidir si esto es tu camino o no. La única forma que conozco para saberlo es practicarlo. Si decides usar el cuerpo, puedes hacerlo sabiendo que es un esfuerzo noble. Buda dijo: “Si el cuerpo no se domina, la mente no puede ser dominada. Si el cuerpo se domina, la mente se domina”.

Por Koncha Pinos-Pey para Espacio MIMIND.

un silencio a compartir




“Comencé a sentarme a meditar en silencio y quietud por mi cuenta y riesgo, sin nadie que me diera algunas nociones básicas o que me acompañara en el proceso. La simplicidad del método -sentarse, respirar, acallar los pensamientos…- y, sobre todo, la simplicidad de su pretensión -reconciliar al hombre con lo que es- me sedujeron desde el principio. 
Como soy de temperamento tenaz, me he mantenido fiel durante varios años a esta disciplina de, sencillamente, sentarse y recogerse; y enseguida comprendí que se trataba de aceptar con buen talante lo que viniera, fuera lo que fuese”.

Pablo d’Ors

Pablo d'Ors


“Basta un año de meditación perseverante, o incluso medio, para percatarse de que se puede vivir de otra forma. La meditación nos concentra, nos devuelve a casa, nos enseña a convivir con nuestro ser, nos agrieta la estructura de nuestra personalidad hasta que, de tanto meditar, la grieta se ensancha y la vieja personalidad se rompe y, como una flor, comienza a nacer una nueva. Meditar es asistir a este fascinante y tremendo proceso de muerte y renacimiento. Gracias a la meditación el autor ha ido descubriendo que no hay yo y mundo, sino que mundo y yo son una misma y única cosa”.

En la actualidad, además de animar en el Centro Abierto de la Fundación Tomillo un seminario de entrenamiento espiritual, llamado Buscadores de la Montaña, un curso de Iniciación a la Contemplación y un taller de lectura bajo el título “La sabiduría de los cuentos”, Pablo d´Ors atiende espiritualmente a los enfermos y moribundos en un hospital de su ciudad natal.

tomado del Yoga en Red

martes, 10 de junio de 2014

simone de beauvoir

CARTA DE SIMONE DE BEAUVOIR A JEAN PAUL SARTRE.


Querido pequeño ser:
Quiero contarle algo extremadamente placentero e inesperado que me pasó: hace tres días me acosté con el pequeño Bost. Naturalmente fui yo quien lo propuso, el deseo era de ambos y durante el día manteníamos serias conversaciones mientras que las noches se hacían intolerablemente pesadas. Una noche lluviosa, en una granja de Tignes, estábamos tumbados de espaldas a diez centímetros uno del otro y nos estuvimos observando más de una hora, alargando con diversos pretextos el momento de ir a dormir. Al final me puse a reír tontamente mirándolo y él me dijo: "¿De qué se ríe?". Y le contesté: "Me estaba preguntando qué cara pondría si le propusiera acostarse conmigo". Y replicó: "Yo estaba pensando que usted pensaba que tenía ganas de besarla y no me atrevía". Remoloneamos aún un cuarto de hora más antes de que se atreviera a besarme. Le sorprendió muchísimo que le dijera que siempre había sentido muchísima ternura por él y anoche acabó por confesarme que hacía tiempo que me amaba. Le he tomado mucho cariño. Estamos pasando unos días idílicos y unas noches apasionadas. Me parece una cosa preciosa e intensa, pero es leve y tiene un lugar muy determinado en mi vida: la feliz consecuencia de una relación que siempre me había sido grata. Hasta la vista querido pequeño ser; el sábado estaré en el andén y si no estoy en el andén estaré en la cantina. Tengo ganas de pasar unas interminables semanas a solas contigo.

Te beso tiernamente,

Tu Castor.

viernes, 6 de junio de 2014

la gracia del yoga

La Gracia del yoga

Eso que conmueve, que estremece, que llega, toca y ensancha y te revela que eres uno y el mismo con todos los seres y con la vida. Sentí la Gracia del yoga brillar ayer en Madrid en dos experiencias muy diferentes. Escribe Pepa Castro/Yoga en Red.

Freeyoga
Ayer estuvimos en la megaclase de yoga de la Plaza Mayor, convocada por una marca comercial (Free Yoga by Oyshio). Entre 2.000 y 2.500 personas seguimos, durante casi dos horas, la práctica, guiada de una forma correcta y ajustada a la ocasión -yoga tradicional para todos los niveles de práctica- por Xuan-Lan Trinh.
A uno le puede gustar más o menos la idea de este tipo de eventos espectaculares, pero lo que es seguro es que hacen de “efecto llamada” para muchas personas que no se asomarían al yoga de otro modo. Y ayer, insisto, se mostró cómo es una clase de yoga de una manera respetuosa y real.
Para mí fue una experiencia hermosa. Es tan verdad que el yoga crece en la intimidad como que su gracia se siente multiplicada cuando se practica en grupo. Esa energía de la que tanto hablamos, generada por un profundo estado de concentración de cientos de personas bajo el sol, irradia bienestar, paz y alegría de vivir. Y ayer la sentimos muchas personas en la Plaza Mayor.

La Vida Divina

Por la tarde acudimos al Centro Sivananda, en plena celebración del ‘Festival La Vida Divina: Sencilla y Directa. Otra multititudinaria clase de yoga reparador a cargo de Gopala y, como colofón a un bonito día de yoga compartido, concierto de Sri Venugopal Goswami, maestro del yoga de la devoción -Bhakti Yoga Acharya-  y de la recitación musical.
SIVANANDA
Y de nuevo sonrió la Gracia. No hay palabras ni explicaciones posibles; es así. Reconocimiento absoluto a este maestro iniciado en la interpretación del Srimad Bhagavatam (una de las más antiguas escrituras mitológicas de la India) en el templo Radha Raman de Vrindavan, tradición que ha pasado de padres a hijos durante 500 años. Reconocimiento a su entrega, a su devoción, a la calidad de su música y de los músicos que le acompañan, a su arte.
Lluvia de Arte puro sobre nosotros, gracias a Sri Venugopal Goswami, y de Gracia, esa emoción profunda de amor que asciende en ti, que vibra y equilibra y cuando cesa ya no eres quien eras antes.
tomado de la revista : yogaenred.

llega al limite de la postura "despacio"













"No vayas a lo más profundo de la postura de golpe. Muévete lentamente y gradualmente hasta tu posición más profunda. A medida que comienzas realizar una postura, siente el primer estadio de tensión o el "limite" al que hayas llegado. Realiza una pausa en ese lugar, y relájate en ese límite. Clarifica tu postura y espera a que las sensaciones de estiramiento, dolor o tensión se eliminen un poco. A continuación, vuelve a profundizar un poco más en la postura hasta que encuentres un nuevo "límite". Pausa de nuevo, respira. Repite este proceso una y otra vez hasta llegar al límite final para que un  día en particular,  las sensaciones de tensión ya no puedan ser liberadas con más pausas." Geeta Iyengar

miércoles, 16 de abril de 2014

dokusho_villalba

Entrevista con Dokushô Villalba: “No creo en la espiritualidad como burbuja narcisista”

En esta interesante entrevista el maestro budista zen Dokushô Villalba responde a las preguntas de Yoga en Red sobre el zen y el yoga, el sentido de las exigencias del zen; sobre los maestros y los egos espirituales, los placeres de lo mundano, el amor, el camino espiritual, los errores y  muchas cosas más. Fotografía: José Ferrer.

Zen, yoga, meditación… ¿De qué nos liberan? ¿Nos liberan de los egos espirituales?
El zen, el yoga, la meditación… son caminos de liberación. Siguen teniendo ese potencial porque fueron creados como herramientas de liberación. Ahora bien, como se dice en el zen: “Este mundo ilusorio es el lugar en el que se pierden los insensatos y el lugar en el que se liberan los sabios”. El maestro zen Eihei Dôgen escribió: “Están aquellos que se hacen ilusiones sobre su despertar, y están aquellos que se despiertan de sus ilusiones”. De la misma manera que podemos usar el hierro para construir un arado o para fabricar un fusil, podemos usar estos caminos de liberación para liberarnos realmente o para enfangarnos aún más en barro del ‘yo y lo mío’.
¿Cómo resolver esas contradicciones: afectos mundanos/desapego, placeres/austeridad, vivir solo en mí/vivir para otros…?
Esas contradicciones no son reales. Son construcciones conceptuales de una mente confusa. Cuando la mente se calma, la confusión cesa y las contradicciones desaparecen. ‘Yo’ y ‘tu’ son construcciones mentales. Yo no estoy separado de nada, y nada está separado de mi. ‘Yo’ soy ‘Eso’, se dice en el Advaita, y también en el Zen. Trabajar por el bien de uno mismo es lo mismo que trabajar por el bien de los demás, y viceversa. Deberíamos vivir sin hacer distinciones entre yo y los demás, buscando lo que es bueno tanto para mí como para los demás. Las contradicciones no pueden ser resueltas en los términos que ellas mismas plantean: deben ser trascendidas o disueltas.
¿Y si sabemos que estamos dormidos pero no queremos despertar porque el sueño nos genera sinsabores pero también grandes placeres y satisfacciones?
Todos nos vemos confrontados en cada momento ante la decisión de tomar la píldora roja o la amarilla, como se vio en Matrix. Mientras creamos que en el ensueño podremos encontrar verdadera paz y felicidad, es obvio que optaremos por seguir dormidos. Pero cuando el sueño se resquebraja por todos los costados, ya no hay más opción que la de despertar.
¿Cómo sé si necesito un maestro espiritual?
¿Cómo sabes si necesitas aire para respirar? Lo sabes y no lo sabes. Pero, aunque no lo sepas, respiras. Igual sucede con la necesidad de practicar y estudiar bajo la dirección de un maestro. No es algo que tú elijas necesitar o no. El hecho es que lo necesitas o no lo necesitas. Si sientes que  lo necesitas, lo buscas. Si no sientes la necesidad, no lo buscas. Aquel que siente la necesidad de un maestro puede que no comprenda a aquel otro que no la siente, y al revés. Lo que resulta ridículo es pensar que todo el mundo debe tener un maestro. Tan ridículo como pensar que nadie debe tener un maestro.
Sea como sea, la necesidad de tener un maestro es consecuencia de la necesidad de despertar. Si no quiero aprender a tocar la guitarra, no busco un maestro de guitarra.
¿Todos podemos ser maestros?
El budismo enseña que todos los seres poseemos la naturaleza de Buda, es decir, la plena potencialidad de vivir despiertos. Un maestro es alguien que ha alcanzado un cierto grado de despertar y, desde ahí, ayuda a despertar a los que están un poco menos despiertos. Al mismo tiempo, un buen maestro es un buen discípulo, es decir, alguien dispuesto a aprender de otro que esté más despierto que él.
Por lo tanto, todos podemos ser maestros, lo cual no quiere decir que ya lo seamos.
El amor, un concierto, un buen sillón, una copa de vino… ¿De qué depende que disfrutar de los sentidos te embrutezca o te refine, te arrastre o te eleve?
El Buda enseñó la Vía del Medio, la vía que evita los extremos. En su caso, pasó la primera parte de su vida sumido en los placeres sensuales y la segunda, entregado al ascetismo más inhumano. Por último, adoptó un modo de vida equilibrado entre los extremos del hedonismo y del ascetismo.
La vida es placer y dolor, tristeza y alegría. No debemos tener miedo de estar alegres cuando viene la alegría, ni de estar tristes cuando viene la tristeza. Lo mismo sucede con el placer y el dolor. Es imposible experimentar un placer o un dolor permanentes. Por su propia naturaleza, ambas experiencias son efímeras: vienen y se van. Si cultivamos una actitud justa, si no caemos en el apego ni en el rechazo, podemos abrirnos tanto a la experiencia del dolor como a la del placer.
¿La luz de la consciencia lo corrige todo, endereza siempre los errores al iluminarlos?
La luz de la conciencia no hace nada, solo ilumina. No dice: esto es bueno, esto es malo; o esto es un error y esto otro un acierto. Es la mente la que discierne, la que anhela, la que rechaza, la que juzga. Y la mente es siempre fruto de condicionamientos familiares, sociales y culturales. La luz de la conciencia es la que nos permite ver las cosas como son. La mente es la que decide si está bien que sean así o deberían ser de otro modo. Esto no quiere decir que la luz de la conciencia sea la buena, y la mente, la mala. Simplemente cada una tiene su función.
¿Cómo saber si me estoy equivocando en mi camino espiritual?
En el zen se dice: “¿Quién va por buen camino y quien contracorriente? ¡Ni siquiera los cielos lo saben!”.
Lo más importante es conectar con el radar interno. Todos tenemos una sabiduría innata, un instinto. Es importante confiar en sí mismo y seguir el propio instinto o la voz que nos habla en lo más profundo de nuestro corazón. Esta confianza básica es fundamental. Desgraciadamente, la educación que recibimos rompe esa confianza básica y nos convierte en personas dependientes de juicios o reconocimientos externos.
Todos vivimos momentos de confusión y desorientación. Es natural. En estos casos puede ayudar el confiar en otra persona, siempre y cuando no le demos el poder ni la responsabilidad de decidir por nosotros. Un verdadero maestro es aquel que te ayuda a entrar en contacto con tu propia sabiduría innata, no aquel que te vuelve dependiente de su sabiduría.
O también podemos detenernos, y esperar que la confusión y la desorientación desaparezcan.
No hay que tener miedo de los errores. Vivir es errar, avanzar tanteando, equivocar el rumbo y recuperarlo luego. Los errores que cometimos ayer pueden ser vistos como aciertos hoy, y a la inversa. Finalmente, lo que cuenta es la sinceridad del corazón con uno mismo y con los demás. La sinceridad es la vía del cielo, se dice en el zen.
La meditación zazen tiene fama de alta exigencia. ¿Exigencias y autoexigencias pueden ser necesarias y deseables? ¿En qué supuestos?
El esfuerzo es necesario para cualquier cosa. Tenemos que desconfiar de las propuestas que nos lo prometen todo sin esfuerzo. La meditación zen es una de las más rigurosas y exactas que existen, por eso es tan eficaz. El entrenamiento corporal, emocional, psicológico y espiritual es imprescindible. La práctica de la cirugía, por ejemplo, requiere muchos años de estudio y de experiencia. Sería insensato ponerse en manos de un cirujano que no ha hecho el esfuerzo de formarse, de practicar, de estudiar… Vivir es dar y recibir. La vida no da nada a quien nada da. El esfuerzo es dar de nosotros mismos al proceso de co-creación que está teniendo lugar a cada momento. Hasta para beber agua hay que hacer el esfuerzo de levantar el vaso…
¿Cómo enseñar a los demás a discernir y a elegir sin manipularlos y sin condicionarlos?
Este es el punto esencial de cualquier sistema educativo, como lo es el Zen. Todos estamos condicionados por el karma, la ley universal de la causa y del efecto y de las circunstancias. El Budismo Zen nos enseña a observar de cerca esta ley universal: si plantas cebollas, ¡no esperes recoger ajos! Todos buscamos un estado de felicidad exento de dolor y de sufrimiento. El discernimiento básico consiste en tomar conciencia de qué es lo que nos lleva a este estado de felicidad y qué nos lleva al dolor y al sufrimiento, tanto a nosotros mismos como a los demás. Y a partir de esta toma de conciencia, hay que actuar en consecuencia.
¿Un retiro zen te puede cambiar la vida? ¿Qué hay de mito o realidad en ese potencial transformador?
No sólo un retiro, sino una sola sesión de meditación zen puede cambiarte la vida. Esto fue lo que me pasó a mí cuando me senté la primera vez. Zazen, la meditación zen, es una práctica muy poderosa. Puede llegar a ser un aldabonazo interior. Pero esto siempre depende de cada persona. Algunas se levantan del cojín de meditación, salen corriendo y no vuelven a sentarse nunca más. Esto es algo que depende de las circunstancias internas de cada uno. La meditación zen es una excelente medicina para quien necesita la medicina de la meditación zen, como yo, por ejemplo.
¿De qué depende que en uno surja o no el deseo de transformar, de trascender? ¿Qué enciende el fuego de la motivación?
Cada persona es distinta, su karma es diferente, sus circunstancias internas y externas varían. ¿Por qué una fruta madura antes que otra en el árbol? No obstante, la motivación surge generalmente de la conciencia de la impermanencia, es decir, del carácter efímero y transitorio de todas nuestras experiencias, y de la conciencia del dolor que acompaña siempre al apego y al rechazo. Mientras crea que la felicidad va a surgir exclusivamente de la satisfacción de los deseos materiales, emocionales y psicológicos, uno va a vivir sólo para la satisfacción de tales deseos. Cuando una se da cuenta de que eso no basta, entonces busca otra dimensión de la existencia.
A veces, una situación muy dolorosa y traumática se convierte en el detonante de la búsqueda. En el caso del maestro Dôgen -que fue quien introdujo el budismo zen en Japón en el siglo XIII- su detonante fue ver morir a su madre cuando él tenía siete años, siendo ya huérfano de padre. Se dice que, viendo cómo las volutas del humo del incienso se desvanecían en la nada durante el funeral de su madre, tuvo una comprensión profunda del carácter insustancial y efímero de la existencia humana y, entonces, decidió dedicarse a la vida espiritual.
¿Zen para liberarnos del miedo a la muerte, a la soledad, a la incertidumbre?
Zen para liberarnos de nosotros mismos, de nuestra propia estupidez y ceguera. Zen para liberarnos del “yo-mí-me-conmigo”, como suelo decir. Cuando creemos que somos un yo aislado en un saco de huesos, surge inevitablemente el miedo a la muerte, el sentimiento de soledad y el pavor a la incertidumbre. La búsqueda de falsa seguridad y de autoafirmación es algo que siempre acompaña al yo aislado.
Algunas tradiciones tratan de aliviar la angustia provocada por el miedo a la muerte afirmando una especie de vida eterna del yo. El Budismo Zen, por su parte, enseña y conduce a la experiencia de la inexistencia del yo: no somos un ser sino un siendo. Y este siendo ya venía siendo antes de que naciéramos y seguirá siendo después de que hayamos muerto. En lenguaje de la física cuántica, no somos una ínfima partícula perdida y aislada en medio de la infinitud del universo, sino una onda totalmente conectada con la totalidad. Como se decía en la película Samsara: ¿Cómo evitar que una gota de agua se evapore? ¡Arrojándola al océano!
¿Zen para enseñarnos a amar?
La meditación zen, bien entendida y practicada, es un acto de puro amor, el acto de amor por excelencia. Esto es, entrega incondicional y abandono de sí. Amar es hacerse uno con el objeto amado. Amar es la experiencia del no-dos. Cuando en meditación zen se produce el santo olvido de sí, en ese preciso momento, nos hacemos uno con las montañas y con los valles y con los diez mil seres que pueblan la diez direcciones del universo. En la medida en la que esta experiencia se estabiliza en la conciencia, podemos seguir sintiendo así cuando nos levantamos del cojín de meditación: haciendo de comer, trabajando, conversando o haciendo el amor. Desde el punto de vista del Budismo Zen, el amor no es un sentimiento sino un estado de conciencia, es decir, un estado de despertar.
¿Cómo luchar contra el desencanto?
¿Por qué hay que luchar contra el desencanto? La naturaleza de las burbujas ilusorias no es otra que la de estallar y desvanecerse. Despertarse significa dejar de dormir y de soñar. Nuestro proceso de maduración es la historia de nuestros desencantos. Tarde o temprano tenemos que aceptar el hecho de que los reyes magos no existen y que a los bebés no los trae una cigüeña desde París. El desencanto puede ser vivido como una experiencia negativa que nos sume en la depresión o como una experiencia positiva que nos ayuda a ser más realistas y tener una conciencia más clara y veraz de la realidad. Como decía el poeta León Felipe: “La cuna del hombre la mecen con cuentos, los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos, el llanto del hombre lo taponan con cuentos, los huesos del hombre los entierran con cuentos, y el miedo del hombre… ha inventado todos los cuentos”. Desencantarse es desencuentarse, esto es, vivir sin cuentos.
¿Qué te queda de tu época de “concienciador social”?
No sé si alguna vez fui un “concienciador social”. Creo que más bien fui, y lo sigo siendo, alguien con conciencia del dolor y del sufrimiento de los demás y de la sociedad. En la medida en la que vas despertando y saliendo del huevo del “yo-mí-me-conmigo”, vas dándote cuenta del mundo que te rodea, del mundo que eres. Y en ese mundo hay muchos seres humanos y no humanos que sufren mucho de muchas maneras. Despertar y compasión son inseparables. Despertar es abrirte al mundo y ser el mundo. Y compasión es sentir en ti mismo el dolor de los seres que viven en el mundo. Si el dolor de los demás es mi dolor, ¿cómo no voy a hacer todo lo posible para ayudarles a liberarse/nos de él?
No creo en la espiritualidad-ficción, esa especie de espiritualidad-burbuja-narcisista en la que, como decía Mecano, uno se monta el paraíso en su piso. Siento más bien como el poeta Gabriel Celaya:
“¿Hay que denunciarlo? El yo no existe. El yo es un encantamiento: un aparato fácilmente manejable al que todos nuestros muertos recurren para ser de algún modo; un sistema tan milagrosa y provisionalmente oscilante que un cambio atmosférico, una palabra que nos dicen en voz baja, una emoción, una droga —quizá una película de actualidad, seguramente mala, pero siempre impresionante— alteran hasta extremos imprevisibles. Y, sin embargo, aunque uno no es nada, debe responder de todo: del mundo entero y de todos los hombres secreta o patentemente latentes que fueron y han de venir, son ya en nosotros coleando o germinando. Porque todo —lo vivo y lo muerto, lo animado y lo inanimado, lo alto y lo bajo, lo futuro o fuera del tiempo y lo preciosamente efímero expuesto como un escándalo en los escaparates de lo instantáneo— está buscando en cada uno de nosotros su salvación, y está así haciéndonos ser como somos más de lo que sabemos, ser anteriores a nuestra historia y a nuestra conciencia, ser sin consecuencia previsible lo que cambiando hace como que se repite, pero es una invención permanente, ser por archiviejos o archinuevos más allá de nosotros mismos. Nuestras palabras y nuestros gestos, por minúsculos que parezcan, provocan alteraciones irrevocables en el curso general de lo existente”.
¿Cómo describirías hoy a Dokushô Villalba?
Siendo como soy y sintiéndome eso que llaman Dokushô Villalba, no tengo ninguna necesidad de describirlo. Siento que soy indescriptible. Como me decía mi abuela, que en paz descanse: “¡Eres lo que no hay en los escritos!”.

tomado de yoga en red. 

inspirada en Riokan monje zen y poeta

El silencio, tan lleno. Los sonidos del silencio. El tren que pasa, algún golpe de viento suave, un pájaro al vuelo, los crujidos de la casa...