miércoles, 4 de marzo de 2015

GANAS DE VIVIR

tu muerte me ha dejado
tantas ganas de vivir, tantas

una necesidad a veces patética
a veces placida 
de vivir cada minuto
de disfrutar cada afecto,cada amiga

de beberme el paisaje
y  las risas de mis hijas

me ha dejado la decisión de
sumergirme descalza
en el sentir intenso
sin explicar que pasa
sin preguntar  
porque,
derramando a veces lagrimas

estas indiscretas ganas de vivir
se me salen por los poros
impregnan lo que toco
y me hacen ver extraña

a veces son una amenaza
para quienes toman la vida
muy en serio

y la proclaman sin recordar
que en un recodo cualquiera
del camino
se nos cruza la parca 
y nos abraza

tu muerte me ha dejado
tantas ganas de vivir, tantas.

Mercedes  Mejia Melendez. Alethia.
jueves febrero 26 de 2015.


sábado, 17 de enero de 2015

reflexiones acerca de la fotografia. Alfredo OIiva.



Afirmaba Susan Sontag que la enorme versatilidad de la fotografía hace que no tenga mucho sentido hablar de estilo. El pintor desarrolla un estilo a lo largo de los años que hace que su obra sea reconocible. Sin embargo, en la fotografía "las cualidades formales del estilo -méta central de la pintura- a lo sumo tienen importancia secundaria, mientras que siempre tiene fundamental importancia qué es lo fotografiado." (Sontag, 1973, pag. 135).


Pese a esa libertad que la cámara ofrece al fotógrafo para hacer piruetas estilísticas, cada mirada tiene su peculiar forma de atrapar la realidad y con el tiempo el fotógrafo es reconocible en su obra. Aunque conseguir combinar originalidad y creatividad con una cierta constancia en el estilo solo está al alcance de algunos favorecidos por las musas. Y es que la maestría, o el dominio que la práctica intensiva en una actividad trae consigo, no siempre va acompañada de un aumento de la creatividad. Más bien puede ocurrir lo contrario.

Es cierto que la maestría nos brinda la posibilidad de ser más eficientes, de resolver con menos esfuerzo las situaciones problemáticas que se nos presentan en el ejercicio de nuestra profesión o de nuestros hobbies. 

La experiencia acumulada del experto le lleva a actuar de forma más intuitiva, saltándose los pasos lógicos y ordenados propios del que se inicia. Esa intuición, que es el destilado de mucho esfuerzo y dedicación, tiene su sustrato neurológico: el cerebro establece conexiones entre células en forma de patrones neuronales. Por lo tanto, cuando el experto afronta una nueva situación fácilmente encuentra en su cerebro algún patrón ya construido del que podrá tirar para resolver con decoro esa situación.

Rumania 2012.

Con la edad, y con la práctica y el envejecimiento natural de nuestro cerebro ocurren dos cosas; por una parte acumulamos una mayor número de patrones neuronales, lo que nos convierten en expertos; pero, por otra parte, nuestra energía mental ya no es la que era cuando teníamos 20 años y nos vamos volviendo mentalmente perezosos: cada vez dedicamos menos tiempo y esfuerzo a resolver nuevos problemas y encontrar soluciones fotográficas originales. Lo que hacemos es tirar de nuestra experiencia buscando en nuestra mochila de patrones visuales, ya que es muy probable que allí encontraremos algo útil. El inconveniente que tiene esta forma de trabajar es que nos repetimos una y otra vez. Nos vamos haciendo muy previsibles en un estilo eficaz pero que poco a poco va perdiendo frescura y originalidad. Eso explica que la mayoría de estudios encuentre que la curva de la creatividad suele tocar techo antes de los 40 años,

 y... que maestría y creatividad sigan trayectorias divergentes. No obstante, puede haber algunas excepciones, como la de aquellos sujetos que empezaron a una edad tardía su actividad "artística". En esos casos,  el bagaje de patrones acumulados será escaso y tendrán que esforzarse en encontrar nuevas soluciones a los problemas que afronten, por lo que su curva de creatividad llevará algún retraso. Otro caso será el de algunos individuos excepcionales, cuya insatisfacción permanente les llevará a una búsqueda continua de nuevas fórmulas expresivas. Pero, no nos engañemos, esos son los menos, la mayoría tendremos que mirar hacia atrás para ver que encontramos.

tomado del blog: Reflexiones de un fotografo aficionado.

jueves, 1 de enero de 2015

31 de diciembre de 2014..

En un minuto fascinante, levanto la copa de champan hacia el cielo cuajado de estrellas y acompañando la luna este brindis.
al segundo, advierto bullir en mis papilas  el cosquilleo feliz de saltarines burbujas acidas y agrias a la vez, mientras ráfagas de luz chisporrotean  entre mis dedos expandiéndose por doquier.

 las comisuras de los labios  al fruncirse, gestan dulces  palabras musicales, labios dulces y viajeros que al partir dejan colgando la sonrisa. De mis brazos, como ramas de árbol cobrando vida, nace un abrazo sin límite  echando raíces en marichu, sarita y nestor.
Tantas cosas siento posibles en ese momento..
Sin embargo, pienso, bendita, valiente...yo, capaz de desdeñar toda coherencia persiguiendo ufanas fantasías.
Porque...
Me pregunto:
¿Acaso la cordura permanente, no es un estado permanente de locura?
.
Brindo por esas ilusiones que nos fascinan, porque el nuevo año venga cargado de ellas, porque el universo se confabule y seamos  capaces de fluir con la perfeccion del momento dado por El.  porque esto que pasa sea igual o mejor   que otros  momentos pasados y  los que tienen que llegar..
    ¡¡¡FELIZ AÑO NUEVO, FAMILIA!!!!!!  

domingo, 26 de octubre de 2014

willian ospina. Romper una piedra...



En Colombia toda la sociedad, pero en primer lugar sus jóvenes,  no pueden aplazar más la construcción de sus sueños, la orientación de su energía impaciente y la invención de otra manera de habitar en los territorios.
Como Richard Sennett, buena parte del pensamiento más lúcido de nuestra época, en el mundo entero, se está preguntando cuáles son los nuevos caminos de la creatividad y de la producción responsable; cuáles son las alternativas para la juventud, para su energía, su amor por el riesgo, su ansia de competencia y de disciplina, su avidez por el conocimiento y su misticismo de la acción; y cuáles son las tareas de una humanidad desconcertada sobre un planeta que aceleradamente se altera por nuestra presencia en él.
Las tareas de la gente joven en Colombia son las mismas tareas de todos los seres del resto del  mundo contemporáneo. Un diálogo de los jóvenes colombianos con los del resto del continente y del mundo es uno de los imperativos de la paz. 
William Ospina *

martes, 16 de septiembre de 2014

el excelente fotografo Alejocokc

-para Alejandro Cock-


La primera imagen que ves cuando piensas en él es su sonrisa. 
Alejo te acerca con su sonrisa. 
Dos minutos después del encuentro comprendes que el mundo sería un lugar mejor si te encontraras con más gente como él. Está hecho de una materia extraña este hombre: es capaz de abrazarte con una mirada. 
Alejandro Cock-Peláez toma sus fotografías con el corazón, cuenta historias con palabras habitadas por imágenes, hace documentales que atrapan el alma –no de quien queda grabado, sino de quien los ve- y vive con la intensidad de quien ha visto el amanecer en lugares que a los demás nos resta sólo imaginar. Es coleccionista de paraísos.





Suyo es el mar y también el bosque.
Suya la brisa y el cabello en remolinos.
Tan cerca de lo ancestral, tan adentro de lo fundamental.
La naturaleza le acaricia, le susurra al oído, sueña con él. Y él con ella.
Ha visto crecer árboles que lo han visto crecer a él.
La vida es un planosecuencia.
Más que profesor ha sido Maestro. Y Cielo. Y Nube.
…ha perdido relojes y ganado atardeceres, ha bebido la savia de la vida.
Sus ojos tras el lente, tanta geografía en sus zapatos, el beso en sus labios.
Una palabra en el diccionario habla sobre Alejandro: Valiente.


+ Algunas de sus fotografías puedes verlas aquí
+ Una muestra de su trabajo en video puede verse aquí

tomado del blog Ocho16

lunes, 15 de septiembre de 2014

cocinar, es un acto sagrado





El acto más valiente que cada uno de nosotros puede hacer en este momento es atreverse a pensar en los demás –los animales, la Tierra y todos los seres.

 El primer paso para ser feliz es comenzar a ser  “otro-céntrico” en vez de  “ego-céntrico”.

 Al elegir ingredientes veganos y cocinarlos tú mismo(a) con una intención pura no solo habrás creado un delicioso platillo, sino también harás empezado tu propio movimiento radical de paz y coexistencia armónica con el resto de la vida.

-Sharon Gannon

sábado, 6 de septiembre de 2014

la interesante vida de Teresita Gomez. pianista

durante la celebracion de los 20 años de la fundacion para vivir el zen, Zipacon, cundinamarca. Templo La Tierra. 

Mal calculados, Teresita Gómez puede tener cinco años de edad. Ni la dureza de la vida, ni la fama, ni el reconocimiento, ni mucho menos la discriminación y la inquisitorial persecución, han logrado hasta el momento asesinarle su niña. Nunca ha aspirado a ser una mujer adulta, pues su secreto es este: le quedó congelada su infancia. Es algo que va en la sangre, en la piel, en no se sabe qué, tal vez en el duende; ella lo tiene porque sí. Es verdad que Colombia ganó con esta criatura expósita una maravillosa pianista, pero la mujer, el ser humano, dobletea a la artista: es una obra maestra del azar. Si perdimos a una gran actriz, la culpa la tiene Bach. ¡Cómo sería este animal de mujer deambulando en dramas y comedias por nuestros escenarios!

Ha sido imposible establecer en esta conversación un trazo que abarque su inmensa personalidad. Sus palabras en el papel no dejan de ser seductoras, pero la conversación a carne viva, con su voz ahogada y guarachera, es un prodigio musical. Razón tenía Goethe al suponer que la conversación era el gran arte, porque quien conversa instala un teatro donde la música, la danza y la poesía están involucradas, y eso es plenamente verificable cuando se habla con Teresita.
Pocos desconocen que al nacer fue adoptada por el matrimonio de Valerio Gómez y María Teresa Arteaga, oriundos de Marinilla, que se desempeñaban como porteros en Bellas Artes. Ellos cada día comprobaban con inquietud cómo la niña mostraba inclinación por el piano, que usurpaba clandestinamente en las horas vacías de la institución: “donde se den cuenta nos echan, Valerio”.
Teresita vivió su infancia entre cantos, acuarelas, ballet, escenarios e instrumentos musicales, cosas que compensaban el aislamiento de los otros infantes, a quienes no les permitían acercarse a ella porque era “de color”. En esa fragua se templó el acero.

¿Cómo te ha ido de maestra?

El tema de la educación es de alto calibre, muy delicado. El educador debe tener mucho amor por lo que hace, estar convencido y tener el desprendimiento para poder ayudar a esas personas, comprometerse, y comprometerse es jodidísimo porque es una renuncia. ¿O estoy hablando pendejadas?

No, siga, siga

Tú tienes que renunciar a muchas cosas para implicarte con seres humanos y, como lo dice bellamente Saint-Exúpery, “ser responsable de lo que se domestica”.

¿Qué son tus alumnos?

Son mi familia, no hay otra, ni siquiera… Voy a decir una blasfemia: ni siquiera mis hijos, eso es otra cosa; los alumnos son los hijos que le manda a uno la vida. Me crié cuando no había ni maestrías ni doctorados ni nada de eso: era el amor incondicional por la música, sin ninguna búsqueda exterior. Si la fama llega, bienvenida, pero aquel que se pone para ser famoso está perdiendo el tiempo, se está alejando años luz de la meta, porque hay que renunciar. A un actor o un músico de verdad, en el momento en que se para ahí, se le tiene que olvidar cómo se llama, de dónde viene y de qué familia es: tiene que hacer una verdadera entrega.

¿No es ya el pedagogo simplemente un obrero calificado, un asalariado?

Sí. La del maestro es una responsabilidad diría cósmica –en lo que yo entiendo por cósmica–: es entregar algo al universo, dar de vuelta, ser vehículo y puente para que otros sean.

Pero has tenido una experiencia formidable en la Universidad de Antioquia, hasta te condecoraron…

Los primeros años fui profesora por necesidad, por ganarme el pan. Antes me enfrentaba a problemas con los alumnos que no sabía cómo resolver. Cuando llegué a la Universidad de Antioquia no llegué como profesora de piano sino de música de cámara o acompañando cantantes, porque sé mucho de ópera. Empecé a trabajar en el pregrado, y esto ha ido avanzando de tal forma que me encarreté con la enseñanza.

La operación de tus manos fue un momento difícil…

Me operaron las manos y mientras me recuperaba daba clases. La recuperación fue muy lenta pero tomé conciencia, pues tuve que volver a aprender a mover mis dedos. La fuerza se fue, la velocidad mermó un poco, me dolía mucho, confundía la izquierda con la derecha; eso fue una pesadilla. Me tocó empezar a aprender otra vez la parte ya no musical y de interpretación, sino motriz; ya no era fácil para mi tocar piano con agilidad. Aprendí a dar clase, aprendí de la permanencia, se fue la fama, todo eso se acabó. Fue muy doloroso. Fuera de eso, volví a entrar en el medio musical. Me decían: “¿Y sí vas a poder volver a tocar piano?”; “pero eso es una operación muy delicada, Tere; quién sabe si volvés a tocar”. ¡Hacían unos comentarios tan oportunos! Yo pensaba: no sé si vuelva a tocar. Pero fijate, me ayudó Bach: salí avante gracias a Bach.

¿Y a Bach cómo lo sentís? ¿Cómo lo traducís en esos términos del alma tuya?

A mí me parece que Bach es el pulso del universo, es un ritmo implacable. Donde nos falle el ritmo del universo, ni el ejército ni la guerrilla pueden hacer nada (ríe). Bach es un ser religioso, un místico, me da mucha serenidad. Es el único compositor que te quita la depresión, porque es mántrico, repetitivo. Por eso es tan bueno para el jazz. La música es antes y después de Bach.

Ciorán le preguntó a su madre si creía en Dios, y ella le respondió: “creo en Bach”. Hablemos de Chopin

Llevó el piano al nivel de la poesía: no es un músico, es un poeta. Puso a cantar el piano, porque el piano es un instrumento de percusión ¿no? Buscaba la nota azul, que es como cuando baja el santo; quiero decir, no la puedes estudiar, tiene que bajar, sale misteriosamente después de mucha técnica, es el duende en Lorca. Chopin es parcerísimo mío. Es como si existiera lo que se llama reencarnación y yo hubiese sido su vecina. Sé qué es un buen Chopin porque lo he tocado en Varsovia, sé cómo debe sonar.

Beethoven

Fascinante. ¡Uy, qué difícil! ¡Tenía que ser sordo ese hijueputa! Solo se puede definir con una palabra: grandioso. Beethoven es igual a fuerza. Su música es el mundo que él construyó. Vivía en la adversidad, era pobre, sordo y se enamoraba de las condesas. No le faltó sino ser negro.

Haydn

Humor.

Schumann

Esquizofrenia. Su música es teatral porque es de varios personajes: Florestán el cómico, Raro, que era el apacible, y Eusebius el filósofo.

Una histeria que produce personajes, heteronimias que anteceden a las de Pessoa; Schumann es de 1810. ¿Entonces cuál de los tres escribió la música de Schumann?

Para tocar el piano hay que crear personajes. Yo no soy siempre la misma, estamos habitados por muchos otros.

Schubert

Transparencia. Escribió todo en los cafés y vivía de los amigos ricos que le costeaban su existencia, lo cual me parece muy bien, como debe ser. Es el romanticismo frío, escueto.

Mozart

Mozart no se puede tocar de malgenio, porque el cuerpo tiene que estar muy liviano. Es muy transparente, cualquier cosa se nota. Tocar Mozart es estar en una cuerda floja, como si a un mantel de lino blanco le cayera una gota de vino rojo.

su experiencia con la meditacion zen

A finales de los noventa volví al zen porque estaba destruida con la muerte de mi hijo Vladimir. Se me acumularon todas las desgracias del mundo. También la élite musical me sacó de taquito, y a esa élite yo la respeto mucho, son los mejores. Rechazo tras rechazo, ¡no joda, ya es hora de que me indulten! Así que en las peores, con las manos operadas por contera, fui donde un amigo en Bogotá y le dije: “estoy deprimida, estoy muy mal, ya la búsqueda mía cesó, de eso no quedó nada, no hay dios que me interese”. Me dijo: “¿Por qué no pruebas con el zen? Vamos a buscar al monje Andre Lemort a ver si te da la postura”. Allá llegué, y Lemort me hizo pasar y puso una silla ahí y otra aquí aislada, como una cosa rara no había mesa en la mitad. Me dijo: “¿Y qué?”; “¿qué? que estoy mamada, que mi vida me importa un culo, que no creo en nada”; “ah bueno, eso no está grave. ¿Y qué quisieras?”; “que me dé la postura, la ordenación de monja”; “bien, empezamos esta noche”; “esta noche no se puede, me voy a las cinco para Medellín”; “entonces no”. Tocó aplazar el viaje. Me quedé a su lado aprendiendo, y en el 99 me dio la postura de monja, que es un ritual que me gusta mucho porque es muy teatral. Le escribí esta carta: “Maestro, la vida me llevó a este momento, el más importante, no tengo por dónde escalar; el amor, el éxito, mi familia, todo lo que ha sido mi vida necesita un cambio, un cambio profundo, lo he encontrado a usted y quiero estar ahí en esa postura que me confronta con mis miedos, mis ilusiones, mis disfraces… Tómeme como su discípula. Mi tiempo, el que me queda, quiero practicar. No sé este barco dónde me llevará, quizá a ninguna parte. No tengo conocimientos teóricos pero no me importa, estoy cansada de todo, lo que quiero es la práctica. ¿Me permite ordenarme? ¿Me permite ser su discípula? Es algo que está más allá de mi necesidad imperiosa, considere mi petición”.

Qué bueno sería irme de dōjō en dōjō por el mundo sin que nadie sepa nada de mí, solitaria.

Ahora estoy leyendo Qué viva la música de Andrés Caicedo

algunos apartes tomados de : Entrevista tomada de la edición No. 26 del periódico de Medellín en Escena. teatro Matacandelas.

inspirada en Riokan monje zen y poeta

El silencio, tan lleno. Los sonidos del silencio. El tren que pasa, algún golpe de viento suave, un pájaro al vuelo, los crujidos de la casa...