soy guia

Si una pequeña palabra mía puede aliviar una vida. Si una pequeña canción mía puede aligerar una carga. Dios me ayude a decir la pequeña palabra y a tomar mi pequeña canción y soltarla en un hermoso valle para que resuene su eco.

efectos...

Creedme si os digo que era un instrumento desafinado.
Me sorprendo de lo que estoy descubriendo:
quien habita dentro de mí.
Zazen me lo está haciendo saber.
"Sencillamente sentarse" extrae los aromas profundos de mi ser.
Soy un sencillo instrumento por donde la vida se asoma.
Mi voz se conjuga con el otro que escucha, que comparte.
tengo el Corazón abierto dispuesto a la plegaria.
Vida qué hermosa eres.
Tanawa

flotando....fluyendo

flotando....fluyendo
En el silencio que no depende de la
ausencia de ruidos,
tiempo y lugar
desaparecen dejando el sabor de una
Presencia, única y entrañable, que
ilumina cada momento.


Ese silencio no necesita ser buscado, sólo
requiere la apertura incondicional nuestra
aceptando la expresión divina que
en ella se manifiesta.

Es como volver a casa
al final de un día agotador y descubrir que
esa calma tan ansiada nos estaba esperando,
que nos recibe llenándonos de sosiego y
paz
tomado del blog: en meditacion

cuando muera

por Thich Nhat Hanh

Palabras de Thay el día de su 86 cumpleaños:
Cuando muera, no quiero que construyáis una estupa y pongáis mis cenizas dentro de ella.
No me gustaría. Es un desperdicio de tierra.
Pero si insistís en construir una estupa, os dejo una linea para inscribir sobre ella:
"No hay nada aquí dentro".
Y si seguís insistiendo, os dejo otra linea más:
"Tampoco hay nada afuera".

COLOMBIA

COLOMBIA

Antes del Zen las montañas eran montañas y los árboles eran árboles.

Durante el Zen las montañas eran tronos de sabiduría y los árboles eran las voces de la sabiduría.

Después del Zen las montañas son montañas y los árboles son árboles.

Sigue meditando, pero transfórmate en el camino.

siembra

siembra

ATIENDETE

ATIENDETE
ESCUCHA EL SILENCIO

viernes, 25 de mayo de 2012

Es tiempo de sembrar





Siempre he sentido que hay una semilla latiendo y  guardada que espera infinitamente  por nacer y ser…, a veces más de lo que yo quisiera.
He visto germinar  semillas mías muchas veces, un proyecto, una intención, un buen momento, una aventura, he visto florecer proyectos individuales, proyectos de los otros, he visto florecer a mis amigos, a mis hijas, a mis sueños.

Poco a poco fui teniendo una habitación propia como Virginia Woolf, una tarea, una misión se fue haciendo consciente y llenándome de gozo, vi como a veces florecieron  aspectos míos que no hubiese querido ver allí donde ocurrieron, a veces hice todos los procesos pertinentes para llegar a la meta y cuando todo estaba a punto pasó algo y se acabó, a veces fui a mirar mi huerta un millar de veces y no salía, no brotaba, no salió nunca lo que había sembrado, y me fui,  y cuando alguna vez volví, había un árbol grande y supe que era mío.

Y a pesar de los muchos años ya que voy por huertas y sembrados, aún siento en mis alforjas la vibración temerosa de otra semilla más que aún no brota, que necesita de otro tiempo, de otra tierra y de otra agua. Me veo siendo joven y sembrando las semillas que a esa edad son las posibles y me veo ahora, diferente, con muchísimo más andar en el cuerpo y hay otras semillas nuevecitas que son de hoy y para ahora.

 A veces se piensa que hay periodos de semillas y otros de cosechas, que el uno es una parte y el segundo la otra, que parece que los dos agotan una vida entera, cuando la verdad  es que en un año se repite ese proceso, pero cada vez es diferente, porque son otras aguas, porque es distinta la tierra, las nubes, el sol, la cosecha es diferente, a veces abundante y otras no.
De siembra en siembra veo que he ido por la  vida permanentemente, mirarme siempre en los graneros y depósitos  internos para descubrir que aún  quedan semillas, descubrir maravillada que siempre  quedan, que mientras más adentro de la vida hay semillas nuevas, más encanto, más misiones y misiones diferentes todas. Al principio fueron hechos materiales, personas, fueron tareas, fueron obras que se ven a todas luces, también fueron invisibles jardines de flores de colores, que alumbraron para siempre el paisaje del alma, después fue la conciencia, y una conciencia cada vez más  pura, al grado de llegar a una conciencia que a  cada momento madura, se reconoce, y se reconoce nueva.

 Y resulta que ahora. Ahora  todo es una semilla nueva, que al revés de la rutina que prometía el futuro, se vino este vendaval de cosas nuevas, y que ya no es necesario que la novedad sea gigante, asombrosa y rutilante, que sólo basta cada día, cada instante y que cada trozo pequeño de la vida sea esta obra mía, tuya, de mi responsabilidad completa, de la tuya y de nuestra divinidad eterna.

Después no sé qué venga, no importa, habrá siempre semillas, semillas de colores diferentes, semillas que brotan en el aire y en el fuego, semillas que brotan en las manos y en el corazón de otro, semillas que brotan después de larguísimos periodos, que algo que planté en otras  vidas, brota hoy y es aquí.

Así la vida en las semillas se hace, así el trabajo de darse siempre cuenta, de conectarse cada vez más con la mente una, para poder  reconocer qué hay ahí, donde la luz no llega,  entrar en ese espacio sagrado con la conciencia como con una lámpara colgando de la mano y descubrir un costal de un color único, que jamás supimos que estaba, abrirlo y descubrir que tiene granos de semillas desconocidas, de vidas que aún esperan su turno, sembrarlas, ir más adelante y hallar una vasija dorada con otras semillas como polvo que siembran bosques fabulosos, y más adentro  encontrarse con un cántaro invisible que sólo vibra en la oscuridad más intensa y que aguarda de tus manos para abrirse a la vida.

Amiga, compañera de esta senda maravillosa y mágica, es tiempo de semillas éste, tiempo para ver que puedes, y si se trata de obtener un manzana o de cosechar un par de alas, o de tomar de entre tus ramas una obra o si se trata de acoger con ambas palmas  tu divina presencia, no sé, no sé qué quieras, qué,  lo que brote de tu alma, qué, lo que haga que tu cuerpo vibre ante una humedad que te abrasa, pero esa semilla que hoy te llama es tuya y has de acogerla entre tu tierra, prodigarle tu  abono, es  tu obra,  eres  tú  tu obra, tú te has hecho a cada instante, tú te haces momento tras momento, si alguna vez te han hecho, si alguna vez te ha modelado alguien, sólo fue un aporte, es tuya la obra de tu vida, has conciencia y apórtate a ti misma y a ti mismo lo que aún falta,  porque la novedad no acaba, porque cuando el otoño arroje por la tierra todo el verde de tus ramas, vendrá la primavera nuevamente y vendrá otra vez, otra cosecha. 

Que esta Onda Encantada de la Semilla Amarilla sea la gracia singular del universo que pueda despertar lo que  te haga falta, cuenta con que aquello que te pertenece es todo tuyo y para hacerlo florecer eres tú la semilla, eres tú la tierra, eres el agua, el sol, todo lo que hace falta para brotar de nuevo, y que te pasará ahora y te pasará mañana y pasado mañana, hasta un día descubrir que es para siempre, que para siempre eres la sembradora, el sembrador de tu propia vida y que aunque vengan las tormentas, los arrebatos diarios, una manada de animales, que aunque venga lo que venga todo son semillas que traen holográfica tu esencia, para hacerla cada vez más grande.

Mensaje de Nancy San Miguel.   Adaptado por Liliana posso.namaste.