lunes, 27 de febrero de 2012

que es el yoga ?



Esta es una pregunta que sigue haciéndose mucha gente. Una serie de ejercicios físicos con tintes de acrobacia, para unos; una técnica de relajación, para otros… También los hay que, sin haberlo practicado, creen que el Yoga forma parte de una religión dogmática, o lo relacionan con algo misterioso, esotérico, indescifrable…
Desde mi experiencia, puedo afirmar que, para mí, ha sido y es una experiencia integral, profunda y transformadora. A pesar de ejercer de guía, aún me considero una aprendiz, pero la experiencia me ha enseñado que para comprender su esencia debo aproximarme a ella sin expectativas; con respeto, entrega y humildad, y sobre todo: mente abierta, simplemente dispuesta a dejarse sorprender. También tengo la certeza de que estoy ante una experiencia muy personal, la cual conviene que esté desprovista de cuanto diga, juzgue u opine cualquier otra persona. Dicen que uno no tiene que ir en busca del Yoga, sino que es el Yoga el que llega a ti en el momento preciso…
Mucho más allá de modas, vanidades y del culto a la imagen, a años luz de cualquier etiqueta mental o idea preconcebida, el Yoga es un tesoro milenario por descubrir; una gran herramienta de autoconocimiento y aprendizaje con un inequívoco trasfondo de unión cuyo valor puede llegar a ser muy distinto según quien lo practique… Y ése es precisamente su gran valor.
Sobre mis clases…
Soy una practicante cada día mas convencida de las bondades de esta ciencia milenaria para cuerpo, mente y alma, y en el camino, me he formado como maestra de Yoga y continuo buscando ser una maestra integra.
Los grupos pequeños, además de recibir un trato cercano, tienen la oportunidad de aprender a respirar con plenitud, ganando en flexibilidad física y mental, y también sintonizando con la vibración del corazón, soltando poco a poco todo aquello que estorba y ya no se necesita, para irte reencontrando verdaderamente contigo mismo/a.
Las clases se adaptan siempre al nivel de cada alumno, por lo que no se necesita ningún tipo de experiencia previa… Sólo las ganas de probar. Namaste. Liliana posso.…

martes, 21 de febrero de 2012

ZEN Y MEDIO AMBIENTE




La crisis actual en la relación del ser humano con su medio ambiente no es un mero accidente de trayecto dentro de un proceso de progreso infinito. Es la manifestación de una actitud desequilibrada del ser humano con respecto a la naturaleza, cuyo origen se remonta a las fuentes de nuestra cultura.
Nuestra civilización occidental, cuyo modo de pensar se extiende al mundo entero, es una civilización técnica, orientada hacia el dominio y la explotación de la naturaleza.
El mito de Prometeo simboliza la actitud del ser humano occidental que se apega al desarrollo de la mente intelectual como medio de satisfacer sus deseos materiales. Ahora bien, ningún objeto puede satisfacer totalmente el deseo fundamental del ser humano, que es una búsqueda de unidad con la naturaleza. Cuanto más se descuida esta aspiración espiritual, más se asiste a la incesante multiplicación de sus deseos. Esto se ha vuelto el principal motor de la economía de los países occidentales, y se ha traducido en una degradación constante del medio ambiente natural y en un derroche de recursos no renovables del planeta, sin considerar las múltiples contaminaciones. El desarrollo de deseos artificiales no es sino un encadenamiento al ego limitado que no hace más que engendrar insatisfacción, miedo y agresividad. La competición individual se traduce, en el plano internacional, en competición entre naciones, tanto en el plano económico como militar. De esta competición resulta un empobrecimiento de los más pobres, tanto en los denominados países desarrollados como en los del tercer mundo.

Revolución espiritual
Los problemas del medio ambiente no podrán, pues, ser resueltos sino mediante una verdadera revolución espiritual. El zen puede ayudar a ello puesto que es una vía de armonización del ser humano con el orden cósmico, a través de la práctica diaria de la meditación sedente.
Mantenerse sentado frente a la pared significa dejar de perseguir objetos externos y aprender a conocerse íntimamente a sí mismo.
Con su cerebro izquierdo, el ser humano ha desarrollado un pensamiento abstracto que le ha posibilitado adquirir cierto dominio de la naturaleza, pero que lo ha desconectado de la relación íntima con el medio ambiente. El pensamiento fundado en el lenguaje verbal es por esencia dualista y crea la desconexión entre el ser humano y el mundo. Esta desconexión engendra soledad y frustraciones que el ser humano trata de compensar desarrollando aún más su influencia sobre la naturaleza por medio de la técnica. Practicar zazen posibilita recobrar una relación inmediata, íntima, con la naturaleza, una visión poética del mundo, una participación en la vida que por sí sola puede corregir en profundidad la voluntad de poder del ser humano convertido exclusivamente en «homo economicus».

La no-técnica
La actitud dualista de nuestra civilización lo transforma todo en técnica, y la actitud técnica es lo que crea la crisis entre uno mismo y el medio ambiente. Esta actitud consiste en hacer algo siempre con vistas a un futuro provecho. Las cosas más simples y naturales, como amar, expresarse, incluso meditar, se convierten en técnicas, medios para conseguir otra cosa. Hacer zazen es abandonar esta actitud y dar media vuelta. No se practica zazen para conseguir el satori sino que, practicado sin objetivo ni afán de provecho, zazen en sí mismo es satori.
Cuando nos percatamos de ello, cada cosa de nuestra vida se vuelve práctica del despertar.
Cuando un monje le preguntó al maestro Joshu: « ¿Cuál es la esencia del budismo?», Joshu simplemente le respondió:
—¿Has comido?
—Sí, maestro.
—Entonces, ve a lavar tu cuenco.
Las acciones simples de nuestra vida diaria, con total atención al aquí y al ahora, son la práctica de la Vía de Buda. Esta total atención implica respetar y proteger todo como nuestros bienes más preciosos y es lo que ha llevado a los monjes a crear formas de arte como el arte floral, cuyo objetivo era prolongar la vida de las flores obsequiadas al Buda o de las flores estropeadas por una tormenta. El arte de jardinería también es expresión de este sentimiento de unidad con la naturaleza y con todo el universo.
Pero la raíz de estas prácticas es la realización de nuestra naturaleza más profunda en zazen.
Se actualiza cuando dejamos de querer asir o rechazar. En ese momento, nuestra unidad con la naturaleza, con Dios o Buda, con la más alta dimensión de la existencia humana, se realiza naturalmente, como cuando una flor se convierte en flor al abrir sus pétalos.

La ecología del sí-mismo
Aunque se hable de ecología, hay un desfase entre lo que se sabe acerca de aquello que desencadenan las técnicas modernas en el medio ambiente natural y lo que realmente se hace por solucionarlo, como si se creyera imposible detener la contaminación y la degradación del medio ambiente.
La conquista de la naturaleza se ha hecho mediante el desarrollo de la mente dualista y abstracta, mediante la mente matemática en la que predomina el enfoque cuantitativo sobre el cualitativo, el tener sobre el ser. La técnica reduce la esencia al fenómeno, el ser al ente. No es sorprendente que Dios esté muerto en semejante perspectiva. El problema es que el ser humano también ha perdido sus verdaderas raíces, su verdadera naturaleza divina o naturaleza de Buda.
La eficacia en el dominio de la naturaleza se ha traducido en la reducción de la intuición y de la creatividad. Tras haber conformado la naturaleza con sus técnicas, el ser humano se ha vuelto un engranaje que ha de conformarse al modelo tecnocrático que ha creado.
La ecología recuerda principios fundamentales sobre las leyes del equilibro natural, de la interacción entre los seres vivos y el medio; pero sin cambio radical de mentalidad, las ideas ecológicas seguirán siendo poco influyentes.
Practicar zazen es cambiar nuestra actitud aquí y ahora, empezando por nuestro medio ambiente inmediato. La contaminación está en las mentes antes de manifestarse en la atmósfera, en el agua, en la tierra.
Practicar zazen es abandonar el ego y percatarnos de nuestra interdependencia y de nuestra solidaridad con todo el universo.

Energía e impermanencia
La relación con el medio ambiente se sitúa también en el plano de la energía. Estamos constituidos por los mismos elementos y por la misma energía que todo el universo. Emplear demasiada energía crea un desequilibrio no sólo en el medio ambiente sino en uno mismo. Demasiado alimento o una alimentación demasiado rica arruinan la salud. Durante las sesshin, consumimos una comida más ligera y natural. Sin dogmatismo, zazen reeduca nuestro instinto alimenticio. Demasiada comodidad debilita la resistencia. La vida en el zen consiste en recurrir a un modo de existencia simple sin buscar demasiado confort o lujo. El ideal del monje zen consiste en vivir con su cuenco y su kesa. Demasiada información vuelve abstracta nuestra relación con el mundo. El zen es recobrar la experiencia directa de la vida.
Los monjes zen muy a menudo han establecido su dojo en la naturaleza, en las montañas, cerca de los ríos. Pero no era un apego romántico a la naturaleza. Como zazen, los fenómenos naturales expresan la enseñanza de Buda más allá del lenguaje y de las fabricaciones de lo mental.
Hay monjes que han despertado al oír caer una piedra, al ver una flor de melocotonero, o incluso al oír el ruido del torrente en el valle. Estos fenómenos naturales han sido ocasiones para percatarse de su unidad con todo el universo.
Finalmente, nuestro medio ambiente es un mundo movedizo, impermanente. Nuestro ego, que busca una felicidad estable, se topa con esta impermanencia de los fenómenos. Por eso, la mayor parte de las religiones ha buscado la felicidad en el más allá. En ciertas escuelas del budismo, se busca el nirvana más allá del mundo de los fenómenos. Pero zazen se sitúa más allá del dualismo entre el entorno fenoménico (el samsara) y el nirvana, porque este dualismo es todavía un apego de nuestro ego. Cuando se abandona este ego, ya no hay necesidad de huir del samsara o de buscar el nirvana. El bodhisattva del budismo Mahayana vive y practica en el mundo de los fenómenos para ayudar a todos los seres a resolver su sufrimiento y realizar el despertar.
Tal es el ideal de vida que la práctica de zazen nos propone a cada uno de nosotros.
Conferencia de Roland Yuno Rech.

Roland RECH

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martes, 17 de enero de 2012


En la quietud Inspiro...Expiro El Ser Superior que hay en MI, Saluda al ser Superior que hay en TI

Genero los cambios que mi espíritu considera necesarios para el bien común y en beneficio de la humanidad... con pleno amor y dedicación

sábado, 7 de enero de 2012


DISCERNIMIENTO.
Para saber distinguir. Mirar y escuchar con equilibrio, lucidez e imparcialidad sugiero las siguientes acciones
1. Orar a diario. Expresando: que se haga tu voluntad y no la mía
2. Meditar en silencio. Aquietar la mente para sentirse lucido y receptivo a los mensajes del universo
3. Autoanálisis, desidentificación con los patrones culturales y sociales. Tomar distancia de los pensamientos compulsivos y obsesivos
4. Cultivar la sabiduría interna realizando “pares” durante el día.
5. Mantener el centro. Haciendo un esfuerzo consciente por contener la conducta compulsiva. Esta acción le impedirá entrar en juzgamiento y asumir culpas por las reacciones no controladas a tiempo.
6. Las tres banderas rojas: el ego, el dinero y el poder son influencias potencialmente corruptoras que me instan a mirar en mi interior para determinar cuales son las verdaderas intenciones.

NAMASTE.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Eduardo Galeano- el derecho al delirio


el link que abajo presento es un video donde Eduardo Galeano amorosamente sueña y delira por un ratico.


http://youtu.be/m-pgHlB8QdQ

Aquí el texto
¿Qué tal si empezamos a ejercer el jamás proclamado derecho de soñar?
¿Qué tal si deliramos, por un ratito?
Vamos a clavar los ojos más allá de la infamia, para adivinar otro mundo posible: el aire estará limpio de todo veneno que no venga de los miedos humanos y de las humanas pasiones; en las calles, los automóviles serán aplastados por los perros; la gente no será manejada por el automóvil, ni será programada por la computadora, ni será comprada por el supermercado, ni será mirada por el televisor; el televisor dejará de ser el miembro más importante de la familia, y será tratado como la plancha o el lavarropas;

la gente trabajará para vivir, en lugar de vivir para trabajar;
se incorporará a los códigos penales el delito de estupidez, que cometen quienes viven por tener o por ganar, en vez de vivir por vivir nomás, como canta el pájaro sin saber que canta y como juega el niño sin saber que juega;
en ningún país irán presos los muchachos que se niegan a cumplir el servicio militar, sino los que quieran cumplirlo;
los economistas no llamarán nivel de vida al nivel de consumo, ni llamarán calidad de vida a la cantidad de cosas;
los cocineros no creerán que a las langostas les encanta que las hiervan vivas;
los historiadores no creerán que a los países les encanta ser invadidos;
los políticos no creerán que a los pobres les encanta comer promesas;
la solemnidad se dejará de creer que es una virtud, y nadie tomará en serio a nadie que no sea capaz de tomarse el pelo;
la muerte y el dinero perderán sus mágicos poderes, y ni por defunción ni por fortuna se convertirá el canalla en virtuoso caballero;
nadie será considerado héroe ni tonto por hacer lo que cree justo en lugar de hacer lo que más le conviene;
el mundo ya no estará en guerra contra los pobres, sino contra la pobreza, y la industria militar no tendrá más remedio que declararse en quiebra;
la comida no será una mercancía, ni la comunicación un negocio, porque la comida y la comunicación son derechos humanos;
nadie morirá de hambre, porque nadie morirá de indigestión;
los niños de la calle no serán tratados como si fueran basura, porque no habrá niños de la calle;
los niños ricos no serán tratados como si fueran dinero, porque no habrá niños ricos; la educación no será el privilegio de quienes puedan pagarla; la policía no será la maldición de quienes no puedan comprarla;
la justicia y la libertad, hermanas siamesas condenadas a vivir separadas, volverán a juntarse, bien pegaditas, espalda contra espalda;
una mujer, negra, será presidenta de Brasil y otra mujer, negra, será presidenta de los Estados Unidos de América;
una mujer india gobernará Guatemala y otra, Perú;
en Argentina, las locas de Plaza de Mayo serán un ejemplo de salud mental, porque ellas se negaron a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria;
la Santa Madre Iglesia corregirá las erratas de las tablas de Moisés, y el sexto mandamiento ordenará festejar el cuerpo;
la Iglesia también dictará otro mandamiento, que se le había olvidado a Dios: "Amarás a la naturaleza, de la que formas parte";
serán reforestados los desiertos del mundo y los desiertos del alma;
los desesperados serán esperados y los perdidos serán encontrados, porque ellos son los que se desesperaron de tanto esperar y los que se perdieron de tanto buscar; seremos compatriotas y contemporáneos de todos los que tengan voluntad de justicia y voluntad de belleza, hayan nacido donde hayan nacido y hayan vivido cuanto hayan vivido, sin que importen ni un poquito las fronteras del mapa o del tiempo;
la perfección seguirá siendo el aburrido privilegio de los dioses;
pero en este mundo chambón y jodido, cada noche será vivida como si fuera la última y cada día como si fuera el primero.

domingo, 18 de diciembre de 2011

“Hace falta encender pequeños Fuegos de Esperanza por toda la Tierra”, entrevista a la hermana Marie Vaillé









Su mejor carta de presentación es su propia presencia de anciana silente, tremendamente amable y reservada, supinamente humilde. Sin embargo esa expresión sencilla, recatada, no puede, por más que lo intente, contener un gozo particular. Es el gozo singular, único e inconfundible, absolutamente inigualable de una entera vida dedicada al prójimo. Ese gozo por más que ella lo disimule, se desborda por cada uno de sus poros.
Paz sumada a más paz. Primero la paz que emana la propia Marie Vaillé, y sus cabellos de blanca madurez, esta franciscana de María a pie de fuerte entrega y compromiso, a pie de las enormes montañas de los Atlas en Marruecos. Debe ser la paz de servir en el fin del mundo, al término de una larga y dificultosa pista; de estar siempre con las puertas abiertas y las manos dispuestas. Debe ser la paz de estar en el lugar preciso, realizando la labor adecuada, de compartir las mismas paredes de barro que sus vecinos, el mismo destino, su mismo calor abrasador en verano, su mismo y blanquecino paisaje en invierno. Después la paz de un entorno de remota belleza, paisaje ocre de belén al que apenas alcanza el verdor de los manzanales donde trabaja, en ese tiempo casi otoñal, buena parte de los vecinos.

Subimos dos veces desde Midelt a la aldea de Tattiwine a pie de los Atlas en nuestro rastreo de esa entrega absoluta. La primera vez no encontramos a las hermanas, pues habían partido a la alta montaña, al encuentro de los nómadas para llevarles socorro y medicinas. La segunda vez tenemos la suerte de dar con ellas. Llamamos a la puerta ya abierta de una choza más, una casita de barro junto a tantas otras, ningún signo católico, ni una sola cruz en la puerta. No hallamos la más mínima ostentación, sólo el más supremo y exquisito respeto: “La gente ya sabe dónde están las hermanas….”

Su pequeño hogar, humilde entre los humildes, no alberga tampoco especial comodidad. Hasta no hace mucho curaban allí mismo a los enfermos. Ahora ya disponen de un dispensario aparte. Una sencilla habitación casi desnuda, sin apenas ornamentación, hace las veces de capilla. Todo apunta que es allí donde toman la fuerza para después salir al mundo, fuerza renovada y reciclada cada día, fuerza de un Espíritu que jamás las abandona. Cuando reciben visitas es también el espacio de acogida para pasar la noche.

Estamos en la pequeña comunidad de la orden de las franciscanas de María en Tattiwine. Viven en esta aldea bereber a 15 kilómetros de Midelt (50.000 habitantes), en un extremo del caserío casi de cuento, si no fuera por una austeridad que raya la pobreza. En estos momentos sólo dos hermanas conforman la comunidad, Bárbara la enfermera de origen polaco que tiene a su cargo el dispensario y la propia Marie, la hermana ya entrada en años, que se ocupa de los más pequeños en el pueblo. También animan una cooperativa local de prendas, chales, colchas, mantas, macutos… confeccionados artesanalmente con telares.

La entrevista apenas dura media hora, pero en ese tiempo somos testigos de cómo la gente acude a donde ellas en busca de ayuda. Somos interrumpidos por niños y ancianos que vienen a su encuentro. Huelga la pregunta de si son felices allí. Pero en el deseo de hallar ese secreto secretorum que ellas, sin lugar a duda alguna, detentan, se precipita tan indiscreto interrogante…
Se ve que es Vd. muy feliz aquí… ¿La felicidad se halla a pie de estas montañas?
Sí, eso es cierto. Soy verdaderamente feliz aquí. Así es. Como puede ver, la gente entra aquí, viene, va… Es una vida muy familiar en medio de las montañas.

¿Qué la trajo hasta aquí…?
Bueno, en realidad me han enviado… Somos enviadas. Cuando llegué a Marruecos tenía ganas de venir a Tattiwine. Las tres hermanas que estaban aquí mudaron al mismo tiempo, así que me dijeron: “Tú has deseado siempre ir a Tattiwine… Sí es mi gran deseo, contesté…”

¿Qué ha encontrado Marie en las montañas del Atlas marroquí?
Una acogida excepcional. Es una suerte de fraternidad muy fuerte. Las gentes se abren enseguida. Ahora que vivimos aquí o antes cuando estábamos en la tiendas, a menudo nos decían “venid”, “entrad”… Al principio cuando marchaba Bárbara y me quedaba sola en la casa, no querían por nada que durmiera sola. Las madres me decían que bien fuera a dormir a su casa o bien me enviaban a una hija para hacerme compañía.

Ya conocía el sentimiento de acogida marroquí, pero no hasta este punto. Aquí es muy grande. Por lo demás todo se comparte. Vienen a traernos pan, huevos…, lo que tienen en ese momento que no es nunca mucho. Ahora es época de manzanas, pues ya nos ha llegado una mujer que nos ha traído una bolsa llena de manzanas. El espíritu de compartir aquí es extraordinario. El marroquí es de por sí muy hospitalario, aunque eso ya no se vea en las ciudades. En los grandes núcleos urbanos es como en Europa. Cada quien en su casa.

¿Al volver a Francia qué encuentra…?
Es muy diferente. Me digo a mí misma: “¡Estoy mejor en Tattiwine…!” (Sonrisas) Antes ese género de acogida reinaba por doquier. Ahora se imponen cada día más los valores de ganar y ganar, de tener más, del bienestar individual… Aquí también va penetrando esa cultura materialista, aunque todavía hay diferencia con respecto a Europa.

¿Cuál es concretamente su labor?
Tenemos el dispensario que lleva Bárbara que atiende a la gente del pueblo y a los nómadas de la región. Por mi parte atiendo a los chavales que están retrasados en la escuela y a los que aún no tienen edad escolar. También promovemos una cooperativa de trabajo artesanal compuesta por mujeres.

Las hermanas que estaban con anterioridad a nosotras comenzaron con la cooperativa para que las mujeres pudieran tener un poco de dinero. En la cooperativa eligen su propia presidenta del lugar. Hay también una amiga nuestra francesa que les ayuda con las cuentas.

Aquí apenas se vende, únicamente a algunos turistas que se acercan hasta la aldea. Intentamos hacer exposiciones en Casablanca, Tánger, Rabat… Una hermana nuestra, Montse, es la que se encargaba de establecer estos contactos, puesto que la gente adulta es toda analfabeta. Ahora sin embargo todos los niños van a la escuela. Los jóvenes han ido también a la escuela. Tenemos puesta mucha ilusión en que esto marche.

¿Le dan mucho trabajo los pequeños?
Comenzamos a dibujar, a colorear… Aprendemos también a hablar, a cantar. Tienen que aprender el árabe, puesto que ellos saben el bereber y al ir a la escuela se encuentran con que todo es en árabe. Yo hablo un poquito de árabe, un poquito de bereber, pero me ayuda una mujer del pueblo que sabe francés, árabe y también bereber. En el tercer año de permanencia en la escuela ya aprenden el francés. Los chavales sólo tienen tres o cuatro horas por la mañana de clase, con un profesorado que no está especialmente motivado. Cuando llueve o nieva ni siquiera vienen. En invierno están a menudo ausentes y eso es duro, es difícil.

¿Perspectivas de mejora de esa situación?
Ahora se está construyendo una casa comunal, en la que va a haber dos salas para el preescolar, otras salas para la asociación de jóvenes y otra para acoger a niños que viven en las montañas. Se trata de poderles proporcionar a un pequeño grupo de niños nómadas, además de escolarización, un lugar donde comer y dormir.

¿Cómo se manifiesta aquí el diálogo interreligioso?
Aquí el diálogo interreligioso es en realidad el diálogo de la vida. Las gentes saben aquí que nosotras somos religiosas, que nosotras rezamos y nos respetan. Nosotras también, como no podía ser de otra forma, respetamos sus plegarias, sus ceremonias… A la postre es ese exquisito respeto mutuo lo que conforma el diálogo. No hablamos de religión. Vivimos con ellos. Se dan cuenta que vivimos igual que ellos, en las mismas condiciones. Se dan cuenta de que no deseamos cristianizarlos, ni de aprovecharnos de ellos. Es así como llegamos a ser considerados unos más entre ellos.

Mucho aprecio por lo tanto por parte de la comunidad…
Sí, nos llegan a decir: “¡Sois nuestras hermanas!” Por supuesto nosotras les consideramos a ellos igualmente como nuestros hermanos. Es entrañable. Finalmente es así como se manifiesta el diálogo interreligioso, más que con bellas palabras y demás… Lo importante es que cada quien pueda vivir su propia fe allí donde se encuentra, de forma sencilla y natural. Lo importante es la manifestación de amor genuino hacia los otros…

No hay siquiera un crucifijo en la puerta de su casa…
No, no. No estamos aquí para hacer prosélitos. Toda la gente del pueblo sabe que nosotras somos creyentes y que estamos aquí, disponibles… Cuando las gentes pasan dicen: “He ahí a las hermanas…” La misma gente del pueblo nos envía a las personas que están necesitadas.

¿Han llegado a rezar juntos?
Hemos rezado dos o tres veces juntos. No es habitual. Antes venía el Padre Antonio desde Midelt todas las semanas a impartir la misa. Toda la gente le conocía. Cuando él murió se hizo una sadaqa, es decir una comida religiosa en su honor. Es una comida y al mismo tiempo es una ofrenda. Por ejemplo cuando alguien enferma y finalmente se cura también se hace una sadaqa con la finalidad de agradecer esa curación…

A la sadaqa que organizamos por Antonio vinieron incluso los nómadas de la montaña. Hicimos comida para toda la gente e invitamos a los Fiquis que son quienes dirigen la oración en la mezquita.

¿Los Fiquis?
Sí, como los imanes, pero éstos habitualmente tienen estudios. Los Fiquis no los tienen.

¿Cómo transcurrió la sadaqa?
Primero recitaron ellos sus plegarias y después nos llegó el turno a nosotras. Rezamos el Padre Nuestro y cantamos dos cantos en árabe. Esa fue nuestra oración conjunta. A la muerte de Juan Pablo II hicimos otro tanto, sadaqa con oraciones. Primero los Fiquis y después nosotras, mientras que los asistentes escuchaban con un gran respeto.

Ellos saben que nosotras respetamos su religión y ellos respetan la nuestra. Cuando vienen a casa y saben que estamos rezando, ellos esperan.

¿Este diálogo de la vida a un nivel reducido puede trasladarse a una esfera más amplia, puede transformarse en universal?
Sí, debería ser algo más universal. Sí son precisas las oraciones, los templos para encontrarse…, pero para Dios las oraciones no son mejores en función de su marco religioso. Dios no se congratula más con unas oraciones que con otras. Dios es más grande que todo lo que imaginemos.

¿Cuál es la esperanza para este mundo?
El problema es que a la gente le falta precisamente la esperanza. Estamos faltos de esperanza. La falta de esperanza representa la muerte. Yo abrigo la esperanza de que un día todas las gentes nos vamos a reencontrar. Vamos a comprender que es preciso amarnos verdaderamente. Nos vamos a dar cuenta de que no merece la pena pelearse por un poco de petróleo, por un trozo de tierra o a saber por qué…

No sé cuándo, pero los jóvenes algún día se reencontrarán en la esperanza. Hace falta encender pequeños fuegos de esperanza por doquier, esos pequeños fuegos un día alumbrarán la tierra entera.

¿Y el futuro de la Iglesia?
Yo abrigo también la esperanza de una Iglesia más vinculada al propio pueblo, que entre más en la vida de la gente. Es preciso que la Iglesia esté más con los pobres, con los pequeños y olvidados… Obrando así la Iglesia se convertirá en lo que en verdad está llamada a ser. Convendría retomar el valor de la simplicidad, pero simplicidad con amor, de lo contrario la simplicidad no representa nada… Convendría retornar al espíritu de los primeros cristianos.

¿Qué necesita nuestro mundo?
Hace falta amor para comprender que el otro es, al igual que yo, imagen de Dios y que por lo tanto no le puedo hacer mal, más al contrario estoy llamado a ayudarle. Estamos llamados a vivir y trabajar juntos y en unión.

¿Son duros los inviernos aquí?
Sí lo son. Nieva mucho, aunque no todo el tiempo. A veces nos podemos quedar hasta tres o cuatro días sin poder salir del pueblo. Cuando la nieve se deshiela, el barro lo invade todo.

¿Y la Navidad…?
La Nochebuena la pasamos aquí. Invitamos a las mujeres y los niños a nuestra fiesta. Les damos chocolate y galletas. Les convocamos a la fiesta de Nuestra Señora María. Ellos al fin y al cabo creen también en María, la madre de Jesús. Ella se encuentra en el Corán. El día de Navidad bajamos a Midelt.

¿Para los nómadas de más arriba en la montaña será aún más duro el invierno?
Sí lo es. La nieve hace a menudo que las tiendas se caigan Es por ello que cuando llegan los días más fríos, bien se meten en las cuevas, bien descienden a cotas más bajas. Los más pobres no se pueden mover y se quedan. Hace falta camión para llevar la tienda, las bestias, los utensilios… y para ellos es caro. Unos y otros vuelven en el mes de Mayo.


Entrevista cedida a Portal Dorado por Fundación Ananta (www.fundacionananta.org)

Articulo difundido por
Ciudad Virtual de la Gran Hermandad Blanca - http://hermandadblanca.org/

inspirada en Riokan monje zen y poeta

El silencio, tan lleno. Los sonidos del silencio. El tren que pasa, algún golpe de viento suave, un pájaro al vuelo, los crujidos de la casa...