soy guia

Si una pequeña palabra mía puede aliviar una vida. Si una pequeña canción mía puede aligerar una carga. Dios me ayude a decir la pequeña palabra y a tomar mi pequeña canción y soltarla en un hermoso valle para que resuene su eco.

efectos...

Creedme si os digo que era un instrumento desafinado.
Me sorprendo de lo que estoy descubriendo:
quien habita dentro de mí.
Zazen me lo está haciendo saber.
"Sencillamente sentarse" extrae los aromas profundos de mi ser.
Soy un sencillo instrumento por donde la vida se asoma.
Mi voz se conjuga con el otro que escucha, que comparte.
tengo el Corazón abierto dispuesto a la plegaria.
Vida qué hermosa eres.
Tanawa

flotando....fluyendo

flotando....fluyendo
En el silencio que no depende de la
ausencia de ruidos,
tiempo y lugar
desaparecen dejando el sabor de una
Presencia, única y entrañable, que
ilumina cada momento.


Ese silencio no necesita ser buscado, sólo
requiere la apertura incondicional nuestra
aceptando la expresión divina que
en ella se manifiesta.

Es como volver a casa
al final de un día agotador y descubrir que
esa calma tan ansiada nos estaba esperando,
que nos recibe llenándonos de sosiego y
paz
tomado del blog: en meditacion

cuando muera

por Thich Nhat Hanh

Palabras de Thay el día de su 86 cumpleaños:
Cuando muera, no quiero que construyáis una estupa y pongáis mis cenizas dentro de ella.
No me gustaría. Es un desperdicio de tierra.
Pero si insistís en construir una estupa, os dejo una linea para inscribir sobre ella:
"No hay nada aquí dentro".
Y si seguís insistiendo, os dejo otra linea más:
"Tampoco hay nada afuera".

COLOMBIA

COLOMBIA

Antes del Zen las montañas eran montañas y los árboles eran árboles.

Durante el Zen las montañas eran tronos de sabiduría y los árboles eran las voces de la sabiduría.

Después del Zen las montañas son montañas y los árboles son árboles.

Sigue meditando, pero transfórmate en el camino.

siembra

siembra

ATIENDETE

ATIENDETE
ESCUCHA EL SILENCIO

lunes, 24 de marzo de 2014

El milagro del Yoga y la relajación consciente en prisión
El poder transformador del Yoga no se limita a las clases. Surge allí donde se practique, incluso en las condiciones menos favorables, para asombro incluso de quienes lo conocen bien. Es la esencia del Yoga.

Es miércoles, 5 a.m.…y las fuerzas flaquean. El martes ha sido intenso, 5 sesiones de yoga, sobrepasando mis limites, teniendo en cuenta mis 54 años. El cuerpo pide cama y el espíritu silencio. Afuera hace frío, no llega aun  el sol… Todo llama a quedarse quieta… Los y las internas esperan… Salgo con Samuel, mona, mecato y zángano a dar la vuelta de rutina diaria. Me voy  hasta la ducha… siento el fuego ardiente, la fuerza  de la disciplina, y la certeza  que me lleva a lo que busco. Termino de arreglarme, desenredo las cadenas del garaje y salgo con  el pichirilo rumbo a la casa de La Tati, con quien me iré a la cárcel en Jamundi.
En el camino hacia la cárcel, nos topamos con Don Luis y sus vacas. Le encargamos la leche para de vuelta recogerla y hacer nuestro queso casero semanal. Le grito desde lejos: don Luis….déjele mas lechita al ternero!!!!
Llego al centro penitenciario, tropiezo con la “burocracia” y las dificultades de seguridad propias  para entrar, para congregar a los alumnos, para comenzar a tiempo… Me centro en la respiración para comprender y evitar discutir.
El discurso mental me invita a dejar esta actividad que cuesta tanto energéticamente mantener, y dejar de luchar con los Dragoniantes, los cuales tiene poco o nada de interés y no facilitan la labor de sacar a los internos de los patios.
 Solo cuando me topo con los ojos de los primeros internos, de las mujeres con su sabana y veo su alegría, su mano extendida, su ansiedad por salir y recibirme, me empuja desde el corazón y me empuja a seguir, a vencer los obstáculos. Lo consigo, una vez más…
Las alumnas acuden: ¡¡¡Sorpresa!!!! Hoy son todas nuevas. La clase preparada no sirve… Comienzan las dudas… Observo a las participantes para buscar la mejor adaptación posible. Una de ellas es italiana, le pregunto a Ana Fausti. Que haces aquí? Me contesta con su lechera en la boca: mi maleta salió positiva! Y punto.  los ojos le brillan y sonríe. La otra alumna está muy agitada, tiene una piyama  hermosa de satín. Otra mas joven se me acerca y me dice si algunos de estos movimientos sirven para el sexo. Yo le contesto que claro, y ella alegremente se incorpora al grupo. Son más o menos 40 alumnas.

Fluye la armonía
Me parece difícil ajustar algo que pueda captar sus mentes dispersas y no sé si seré capaz de construir frases comunes con un lenguaje extremadamente simple. La confianza en el Yoga es mi único sustento.  Comenzamos la  clase de pie, movimientos simples asociados a la respiración, mantener la presencia en la acción, en el instante, eliminar todo lo accesorio…
Estiramos brazos y piernas y comenzamos posturas dinámicas y sostenidas como la montaña, la pinza y el estiramiento de la columna en  4 apoyos.  Observación del resultado… Alargar espiración… Han pasado 10 minutos. Todas las fluctuaciones mentales  se han detenido, las caras se han relajado, fluye una armonía
Entre todas, se desparrama: ¡el milagro del Yoga!  Estoy asistiendo en primera fila a ver un milagro de transformación a través de esta práctica oriental milenaria. Dirigida  a la esencia del ser humano, veo como las clases sociales, la cultura, las ataduras superficiales, no suponen un obstáculo para el avance. Esas grandes murallas que se elevan en la vida ordinaria que hemos creado y que  incluso producen crisis y guerras, se desvanecen como sombras cuando nos dirigimos a la esencia, a la diana a la que apunta el Yoga.
Sigo la clase con gran emoción. Al terminar, las alumnas sonríen, me rodean y de forma espontánea dicen: “¡Que bueno es esto!, ¡qué energía seño!”, cuando vuelve?
Esto es solo una pequeña narración  de lo que verdaderamente ocurre  con uno de los  grupos de Yoga en  la Prisión de Jamundi.  Cada 8 días asisto a presenciar un milagro desde un palco de primera. Me doy cuenta  cómo caen los  preconceptos y me aferro cada vez más al Yoga como la esencia de la transformación que da lugar a un nuevo sentir, formado por seres humanos donde las crisis serán siempre oportunidades.
Salgo de ese lugar rebosante de energía, de alegría, con lagrimas de  gozo y plenitud.

Liliana Posso.

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