domingo, 7 de octubre de 2018

La ola es el mar






La ola es océano,
y cuando surge,
se le da el nombre de 'ola'.
Cuando se le da este nombre,
es como si tuviera una existencia independiente.
Parece rodar sobre la superficie, que es todo agua
-agua fluyendo sobre agua- y a esto le llamamos una vida.
Después desaparece y a esto se le llama muerte.
Al agua no le ha ocurrido nada.
Es solo un movimiento espontáneo,
pero debido al nombre y a la forma,
aparece como una existencia separada.
En todo momento solo es el juego del agua
elevándose, fluyendo, desapareciendo... no hay historia.
La mente elabora la historia creando una identidad ilusoria.
En la verdadera comprensión, todo ello es uno.
Cuando surge la identidad, la llamamos vida.
Cuando desaparece, la llamamos muerte.
Pero, en realidad, si miras desde la perspectiva
del Ser puro, no hay tal cosa
como una existencia autónoma, independiente.
Todas las acciones son las acciones del océano.                                                                              
Mooji

Orgullo y humildad

Orgullo y humildad.







A veces surge la humildad,
porque es lo que necesitas para contrarrestar la confusión del ego separado.
El orgullo que te invade.

Y a veces surge el orgullo vajra.

El orgullo vajra sólo puede aparecer en la ausencia del ego,
desenmascarado el pequeño yo, disuelto.
Esa humildad.

En otras palabras:
Necesitas de la humildad (y aparece) cuando el ego se ha hecho grande,
cuando eres presa de ese orgullo.
Se manifiesta el orgullo sagrado
en el instante en que no hay un ego arrogante al que proteger.

Y es así como la humildad desenmascara el orgullo (del ego)
y el orgullo manifiesta la más extrema humildad
(la vivencia de no existencia separada).


Y he aquí la paradoja:
Que la humildad surge cuando nos mueve el orgullo,
y el orgullo sagrado se manifiesta cuando somos humildad.





sábado, 29 de septiembre de 2018

La perfección de la verdad

Decía un entrañable maestro de Tai Chi, Peter Yang, que la convivencia perfecciona.
Perfecciona si estamos enamorados previamente de la Verdad y consideramos que no hay mayor derecho que la Verdad, la Realidad. Y aceptamos con todas sus consecuencias el resultado de ejercer el discernimiento entre lo Real y lo ilusorio de cada situación, eligiendo lo que realmente es necesario frente a lo que es contingente, porque no se sostiene por sí solo, porque es accidental y no esencial y se lo llevará el viento del tiempo. Decía el profeta del Islam en sus plegarias a Dios, “Hazme ver las cosas como realmente son.”
Este amor a la Verdad es el que necesitamos cultivar para que en el inevitable combate de los egos, en el tablero de la convivencia diaria, uno aprenda a replegar su ego ofendido en la batalla y medite en lo secreto de su habitación íntima, el corazón, cuánta verdad hay en lo que el compañero de vida le ha arrojado, con mayor o menor destreza ante los ojos. Para ello ha de mirar a su ego como miraría al de su compañero, como si fuera alguien distinto de su verdadero sí mismo, y desde la sinceridad amonestarse si el defecto señalado es cierto, para después dirigir luz sobre la sombra gracias a la verdadera inteligencia -que no piensa sino que ve-. Para desarraigar esa o aquella tendencia dañina, que chocará indefectiblemente con el ego del otro en cualquier tipo de convivencia, salvo si se convive con santos, que son huecos por donde lo divino pasa y sopla melodías de otros mundos no duales.
Este amor a la Verdad capacita para hacer uno de los movimientos que más le cuesta permitir al ego nuestro de cada día: objetivarle, señalarle sus miserias, sus pobrezas y no secundarle en sus bajezas ya sean de envidia, de soberbia, de tibieza, vanidad o codicia, sin permitirle defenderse con ningún tipo de razones, por muy razonables que parezcan. Juzgarle con rigor y amor y verle en su pequeña dimensión de individuo egoísta que no permite que nadie, aunque sea la Verdad misma, le cuestione la imagen que tiene de sí mismo.
Dicen además los sabios que todo lo que nos sucede tiene que suceder, que el amigo o el enemigo pueden ser incluso injustos en su apreciación, en su juicio; que incluso el absurdo también puede llegar a las costas de nuestra vida y que todos esos acontecimientos están señalando algo importante que atender, pues las cosechas de lo que sembramos nunca se sabe en qué forma van a venir a visitarnos y que, incluso, aunque no haya causas que merezcan una consecuencia trágica, a veces, esta sobreviene para que se manifieste sobre ellas las obras de lo divino, como decía Jesús, y sea la llave que abre una verdadera conversión espiritual.
Dicen también, que la conciencia frente a los fenómenos tendría que ser como un alumno aventajado dispuesto a aprender la enseñanza que los distintos correctivos cósmicos lanzan a nuestras orillas personales. Los hombres sencillos de las sociedades tradicionales siempre tienen en la boca un humilde “el destino así lo ha querido” en medio de verdaderas catástrofes, que dejarían mudas las nimiedades por las que el hombre occidental se solivianta. Son conscientes de una forma simple y certera de que la Divinidad y su ciencia exacta del karma nos traen acontecimientos diversos para ayudar a colocarnos en un lugar más real, más verdadero de nosotros mismos. Por eso el signo del hombre superior, nos dice Gampopa, “es el que regula la propia conducta de acuerdo con la ley de causa y efecto tan cuidadosamente como protege sus pupilas”, ya que como decía Omar Khayyâm ni todas tus lágrimas harán desaparecer una sola palabra dicha.
Beatriz Calvo Villoria
Periodista y Directora de EcocentroTV
www.ecocentro.es

domingo, 23 de septiembre de 2018

Leonardo Cohen en entrevista en la India





Durante mi visita a Ramesh, en Mumbai, a principios de 1999, fui testigo de la siguiente conversación con Leonard Cohen, y compré la cinta grabada. Después de que llegara a casa, realicé la siguiente transcripción:

Ramesh Balsekar – ¿Me dicen que usted vive en un monasterio zen?
Leonard Cohen – Sí, es correcto. 
RB – ¿Desde cuándo, tres o cuatro años? 
LC – He estado asociado con esta institución durante unos treinta años. Y hace unos cuatro años y medio fui ordenado como monje.                                                                                                            RB – Ya veo, ya veo. ¿Diría usted que es una disciplina bastante rígida?
LC – Lo es, muy rigurosa.
RB – Pero, ¿le gusta?
LC – No particularmente, no.
RB – Bien, eso es honesto. Así, pues, lo que me gustaría preguntarle es esto: la comprensión que usted tenía antes de venir aquí, y aquello sobre lo que yo hablo, ¿en qué se parecen?
LC – Fue la resonancia entre los dos modelos, el suyo y el de mis maestro la que me condujo a estudiar sus libros con algo de diligencia. Sentí que sería apropiado venir y sentarme con usted.        RB – Ya veo. Pero utilizó la palabra “resonancia”. ¿Puede explicar eso un poquito, Leonard?            LC – Encontré eso durante uno de los rigurosos retiros a los que éramos sometidos. Me encontré a mí mismo abriendo uno de sus libros, especialmente “La Verdad Final”; y descubrí que sus escritos iluminaban los discursos de mi maestro, y viceversa.                                                                            RB – ¡Usted ha estado aquí durante diez días!                                                                                        LC – Sí, Señor.                                                                                                                                        RB – ¡Pero ha estado tan callado!                                                                                                          LC – He estado libando el néctar. Es muy delicioso estar aquí. Siento el debilitamiento de ciertos sentimientos posesivos acerca de la condición de hacedor.                                                                    RB – ¡Esa es una palabra muy buena! ‘Posesivo’. ¡Yo, mío! Ya veo. Ahora, este debilitamiento, ¿cómo entiende este debilitamiento? ¿Cuándo comenzó?
LC –  Ya sabe, a lo largo de los años, especialmente cualquiera que frecuente un zendo, una sala de meditación, va a obtener un montón de muestras gratuitas. Si se sienta cada día durante largas horas, y se somete a la falta de sueño y a una deficiencia de proteínas, empezará a tener experiencias que son interesantes. Era el hambre por esas experiencias lo que me mantuvo alrededor, porque YO NECESITABA esas experiencias. 
RB – ¡SÍ! El HAMBRE por esas experiencias. 
LC – Había hambre de maximizar, de continuar, una codicia de… Se desarrolla una codicia por las experiencias de este tipo. Que es lo que pasa en los monasterios. 
RB – Estoy enteramente de acuerdo, sí. Hay una codicia por estas experiencias. 
LC – Muy mucho. Y debo decir que mi viejo maestro daba poco valor a esas experiencias. 
RB – Ya veo. De hecho, ¿le ADVIRTIÓ en contra de ellas? 
LC – ¡Te advierte y TE GOLPEA, en contra de ellas! 
RB – ¿Con su bastón? ¿En el hombro de usted? 
LC – Sí, Señor. No se nos alienta a tomarnos esas alucinaciones en serio. 
RB – Pero, ¿cuán efectivos son esos golpes, Leonard? 
LC – No son efectivos en absoluto. He visto que han sido más efectivos en el caso de otros monjes de lo que lo fueron en este caso [para mí]. Así que respeto el sistema. Es un sistema riguroso basado en un modelo muy utilizable. Pero funciona para unos y no funciona para otros. 
RB – Muy bien. Ya veo. Y lo que ha estado usted escuchando durante diez días, ¿cree que ha marcado alguna diferencia? 
LC – ¡Dulce!                                                                                                                         
RB – ¿Alguna diferencia en esa codicia? ¿Puede explicar eso un poco, por favor, Leonard? 
LC – Su énfasis en la desidentificación con el sentido de hacedor es crucial para el debilitamiento de… la modificación de esa codicia. Y por la gracia de esta actividad, he experimentado… 
RB – ¿Lo ha intentado durante los últimos diez días? Ya veo. 
LC – Sí. Por supuesto, la codicia surge. El hambre surge, legítimamente, y sin que yo lo ordene. La codicia por la paz, por la ecuanimidad, por el equilibrio, surge espontáneamente. Pero siento que, de alguna manera, carezco de palanca alguna [de maniobra] en el aparato. De alguna manera, hay un endulzamiento de toda la experiencia. 
RB – Wayne señaló que, mientras ciertas prácticas producían estas muestras gratuitas, [al mismo tiempo] inflan el ego. Pero, una vez más, el peligro ESTÁ en que – si es la Voluntad de Dios y el destino del organismo cuerpo-mente – el ego se hinche a un nivel en el que el ego henchido se considere a sí mismo un maestro. ¿Ve usted? ¡Y quiere y logra en efecto cientos y miles de discípulos! Y el ego henchido permanece ahí. De modo que puede no ser pinchado. 
RB – ¿Cómo vive usted su vida? ¿Le presenta un problema vivir su vida? ¿Cuál sería su respuesta, desde su experiencia personal? ¿Es vivir su vida ahora, con esta comprensión, una cosa difícil para usted? 
LC – La comprensión ahora es que esta programación, a menos que sea la voluntad de Dios el cambiar la programación, va a ser tal y como es, pero no tengo que verme envuelto en la programación. 
Hay un trasfondo de angustia, de angustia mental, que no parece responder a ningún método que yo imponga en él. Por tanto, cuanto más profunda se hace esta comprensión, menos intento imponer ningún método; y aunque el parloteo y la actividad de la mente continua, no parece tener su aguijón venenoso. 
RB – El parloteo de la mente sucede, pero no hay ningún deseo de que el parloteo de la mente se haga menor. ¿NO es eso lo que está usted diciendo? Entonces, lo que quiera que ocurra, se acepta. ¡De acuerdo, ESTÁ el parloteo de la mente! La naturaleza de la mente es parlotear. Por tanto, el parloteo de la mente puede estar ahí, pero no hay angustia. ¿Es eso lo que está usted diciendo como creo yo que lo está? 
LC – Lo es. Pero incluso si hay angustia… 
RB – ¿Quiere decir que aceptar incluso esa angustia es aceptación? Bastante correcto. 
LC – Correcto. 
RB – Muchas gracias, Leonard. Eso es exactamente lo que esperaba que obtendría de usted. 


Publicado el 28 de septiembre de 2014 por Jane
Adams:
Traducido por Jesús David Zarza. 
Revisado por Esther Alterio.

Leonard Cohen. Take this waltz. Zaragoza live 2009: 

sábado, 7 de julio de 2018

las relaciones

LAS RELACIONES

Las relaciones más sanas son aquellas que son honestas, las que se basan en la Presencia, en vez de en la fantasía o falsas esperanzas. Y las que poseen un profundo compromiso con la verdad.
Donde dos almas pueden compartir y manifestar sus seres auténticos, en tiempo real con el otro, revelar sus verdades más profundas (salvajes, desorganizadas, irresolutas, inacabadas y ásperas en los bordes), y continuamente dejar ir las ideas condicionantes y preconcebidas sobre cómo las cosas “deberían ser”.
La relación se renueva todo el tiempo en el crisol de la intimidad.
Puede haber rupturas, malos entendidos, intensos sentimientos de duda, enojo, miedo, ansiedad y sensación de no tener algo firme de que agarrarnos en el camino, por supuesto; pero también hay una voluntad mutua de enfrentar este desorden cuando emerge.

Ser vulnerable. Decir: “Sufro. Siento dolor. Siento una profunda tristeza” en vez de culpar al otro por mi dolor.
Decir “necesito algo de apoyo” pero no demandarlo del otro.
Compartir deseos, esperanzas, anhelos y sueños en vez de ordenar al otro que vea las cosas del mismo modo, o que colme todas mis necesidades.
Recibir su ‘No’ y su ‘Si’, incluso si eso me duele.
Permanecer en el crisol de la transformación,
Observar los dos con ojos bien abiertos la presente ruptura, sin mirar a otro lado, o aferrarnos a la forma en que las cosas “solían ser”.
Dejar que se consuman los conceptos de segunda mano sobre la felicidad.
Sentarse juntos en algunos momentos en los escombros de sueños y expectativas destrozados, de planes y esperanzas, y trabajar juntos para encontrar un lugar de reconexión, de reparación y reconstrucción.
Este es el trabajo corajudo y con frecuencia, intenso, en las relaciones.

Aún cuando tenemos que comenzar por admitir profundos sentimientos de desconexión,
Esta es una relación que está viva. Una relación que genera espacio para nuestros anhelos más profundos, nuestros miedos, dolores, pero que no espera que el otro los resuelva, o aleje mi dolor.
Una relación que pide al otro que sea un testigo, un partero/a de nuestra propia sanación, y que ofrece lo mismo a cambio.

Inspirarse el uno al otro para encontrar nuestra felicidad,
Incluso si esto significa dejar ir o “romper” la relación de la manera actual que viene siendo.
El amor contiene al otro suavemente, no se aferra ni intenta controlar al otro, solo quiere lo mejor para el otro. El amor solo quiere que ellos den un paso hacia su propio poder, que vivan la vida al máximo, encuentren su dicha más profunda, que sigan su sendero original, que aprendan a amar sus cuerpos y sus propios sentimientos profundos, y que encuentren nuevas maneras de cuidarse a sí mismos.

“Te amo y quiero que florezcas”.

Las relaciones pueden ser el nuevo yoga, sí, una aventura cada vez más profunda y de redescubrimiento de nosotros mismos y del otro,
Redescubrimiento de nosotros mismos en el espejo del otro, un continuo dejar ir y encontrarme, una danza de soledad y compañía, sin perdernos en ningún extremo sino jugando en algún sitio del medio. Algunas veces estando juntos, algunas veces alejandose.
Cercanía y espacio.
Intimidad con el otro, intimidad contigo mismo. Inhalar, exhalar.

La relación no es un lugar que alcanzar, un punto de llegada, un destino, una ‘cosa’, una historia muerta.
La relación está viva y es un punto de partida permanente, un comienzo, cada día.
Solo podemos empezar juntos, aquí, y existe alegría en este comienzo. Hay entusiasmo en el no saber. Hay vida en la continua muerte de las expectativas.
Permanecer cerca del miedo sano ante la posibilidad de pérdida.
Permanecer cerca de las cosas sin una base firme sin perdernos a nosotros mismos en ellas.
Encontrar seguridad en la incertidumbre. Encontrar una nueva base en el poder del amor en sí mismo. Quedarnos donde estamos, inhalando, exhalando.

Como dice Eckhart Tolle, las relaciones no están aquí para hacernos felices, ya que la verdadera y eterna Felicidad yace dentro de cada uno de nosotros; es esa sólida Presencia que nadie puede en última instancia darnos, o quitarnos. Estamos a salvo de todos modos. Nadie nos va a completar. Nadie nos va a salvar, o resolverá nuestras experiencias internas más profundas por nosotros. Sin embargo, nos pueden dar el presente de exponernos a nuestras heridas, a nuestro niño/a interno/a, a esos fragmentos perdidos; y de traer a la superficie los lugares dentro de nosotros que lloran a viva voz por empatía, esos hermosos huérfanos de la luz.

Y luego, ¡un riesgo! Revelar nuestros corazones en carne viva, nuestra soledad, nuestra vulnerabilidad, nuestra sensibilidad, nuestro no saber, nuestra alegría, esos secretos que nos ‘averguenzan’, a otro ser humano de este pequeño planeta azul en la vastedad del espacio.
Quitarnos la máscara y exponer el corazón sin protección, sin defensas. Arriesgarse a ser rechazado, a ser dejado solo, avergonzado o ridiculizado. Arriesgarse a repetir lo mismo que otras veces tal vez.

Pero un “riesgo” quizás aún mayor: ¡el de ser amados por lo que somos! El de ser sostenidos en la luz cegadora de la atención fascinante de otro, como un bebé es sostenido en brazos con tanta ternura por su adorable y atenta madre.
A ser encontrado/a en el momento presente, sin lugar adonde esconderse, sin ningún sitio adonde huir. Dejar entrar lo Nuevo.
Arriesgarse a perder la imagen, el falso yo, la persona construida cuidadosamente, y permitir que otro abrace esta suavidad aquí.

Esta es la posibilidad más grandiosa de una relación: Poder ver el exquisito y delicado corazón del otro y permitir que vean tu propio suave corazón. En el ver, solo puede haber sanación, transformación, gran belleza.
Podemos ser recipientes terapéuticos para nuestros hermanos y hermanas. Podemos traernos el uno al otro la medicina, el estímulo y gran compañía en estos caminos a veces solitarios de vivir antes de morir.

Y tal vez toma toda una vida en ser descubierto: Aquel que siempre has anhelado ha estado siempre bien profundo adentro tuyo.
Y al obtener ese ‘Aquel’ reflejado en otro (un compañero, un amigo, un amante, un terapeuta, un animal, un árbol, una montaña, la luna o la Vastedad del Cosmos, aunque sea solo por un momento… bueno…ya conoces entonces el Paraíso en la Tierra.

- Jeff Foster

miércoles, 9 de mayo de 2018

La moda de meditar

Una locura recorre el mundo. Tan vieja como el tiempo. No puedes ir a ningún sitio sin escuchar la proclamación de los gloriosos beneficios del mindfulness y la meditación.
Y aún así …
Aquí estamos, en las ruinas de la modernidad...
Si el Buda u otro profeta estuviera hoy vivo, probablemente no diría: ve a meditar. 
La meditación no debe sustituir al compromiso social. El objetivo no es darle la espalda a nuestros vecinos y compañeros. Si solo fuera eso, entonces es  mejor no meditar en absoluto. Porque si hacemos eso, no estamos realmente meditando.
Todos los grandes maestros espirituales dicen: todo es meditación. Ver un atardecer, trabajar con esmero, ser honesto y amable con la gente. Todo esto es meditación. Si concebimos la meditación como algo que hacemos de vez en cuando, realmente no estamos meditando en absoluto. ¿Entonces qué estamos haciendo?
Se está usando la técnica de la meditación para fines equivocados: para escapar, huir, embotar el dolor. Esto es como meterse heroína espiritual.
Pero nadie necesita heroína espiritual si no está hecho polvo.  Entonces, ¿qué es lo que nos está haciendo polvo? ¿Es una coincidencia que el auge del mindfulness coincida con los sistemas económicos y políticos actuales a nivel mundial.
La meditación pasiva y el capitalismo agresivo y salvaje son compañeros de cama perfectos. La pasividad de la meditación es el antídoto perfecto, la máxima respuesta al capitalismo agresivamente cruel.
¿Por qué? Porque carga todo el peso de la situación en la responsabilidad personal. Estás siendo profundamente herido por instituciones rotas y líderes fracasados. ¿Qué deberías hacer? ¿Desafiarlos? ¿Rebelarte? 
No, ve a meditar. Tu dolor es tu responsabilidad. No deberías sentir dolor. Pero si aún así lo sientes, adormécelo, escapa de él, sepúltalo.
Por todo lo dicho, el mindfulness es el último producto, el más refinado, de los sistemas actuales de poder económico y político globales. 
Podemos meditar en el olvido hasta regresar a la Edad de Piedra. Pero ningún maestro espiritual digno de su comprensión diría que vale la pena.
¿Cuál es el medicamento más barato y efectivo que existe? La terapia real cuesta dinero. Las drogas reales tienen efectos secundarios. El sistema quiere eficiencia pura. Máximo beneficio sin costo alguno.
Pero eso contradice el verdadero propósito de la verdadera meditación. El propósito de la meditación no es enterrar el dolor, la injusticia, la crueldad, sino prevenirlos.
El mindfulness, tal y como se está practicando en este momento, no previene la crueldad. Más bien la excusa, la justifica, la sanciona. La heroína espiritual solo es realmente necesaria cuando se lucha en una guerra tan salvaje que el horror cotidiano debe ser anestesiado.
Un ejemplo de lo anterior es que las grandes empresas donde trabaja la mayoría de la gente Todos los días te piden que hagas cosas moralmente repulsivas, aborrecibles y profundamente dañinas para la sociedad en la que vives. Tus decisiones causan angustia a los ancianos, explotas a los jóvenes, descartas a los débiles. Y eso te duele. ¿Cómo lidias con el dolor?
Por suerte para ti, tu departamento de Recursos Humanos organiza meditaciones diarias obligatorias. Así que vete. Y aprende a adormecer un poco el dolor. Despega. Déjate flotar …  “Oye, si no hay un yo, no puedo hacerme responsable de mis lacras morales, ¿verdad?”
Entonces, al aprender a desprenderte de tus lacras morales, adormeces tu dolor. Lo que en realidad está sucediendo es que la crueldad de la cual estás haciendo parte de Forma pasiva, está siendo excusada, justificada, alentada, maximizada.
Esto no es meditación verdadera. Esto es como usar una cruz para golpear a un niño. La verdadera meditación no consiste en desentenderte de la crueldad que has generado sino, antes que nada, en aprender a no hacer daño. Es por eso que la meditación es un camino humilde y constante, no una “actividad” desconectada de tu vida.
Si realmente quieres meditar y ser realmente consciente, ¿qué deberías hacer?
El objetivo de la verdadera meditación es entrar en contacto con el verdadero yo. El yo en ti y el tú en mí. Este es el puro ser. La materia prima de la existencia.
Para llegar ahí, debes desarrollar la conciencia de la conciencia. Verte a ti mismo viendo. Esto significa que tu ojo interno se vuelve hacia adentro y entonces ves el universo reflejado en tu alma. 
Una vez que tienes un atisbo de este giro, de repente te das cuenta de que tú eres la primera víctima de toda la crueldad y la violencia que has generado. A esto se le llama karma. Y entonces te das cuenta de por qué la felicidad surge cuando te encuentras a ti mismo en los demás, y a los demás en ti mismo. Así es como es la realidad. La felicidad consiste en vivir esto aunque sea un solo instante. En este punto es cuando entiendes la que es realmente la más grande de todas las leyes universales: estoy en ti, tú estás en mí. Por lo tanto, nunca debes hacer daño a los demás. Tu acción solo debería aportar luz. Entonces, y solo entonces, puedes sentirte satisfecho, porque estás en armonía con la verdadera existencia.
Es ahora cuando te encuentras realmente en el aquí y ahora. Antes estabas perdido en la ilusión, el engaño, la autodestrucción, la ignorancia.
Solo el momento en el que amas es el instante en el que realmente existes.
Adaptado por Liliana Posso del autor Umair  Haque. 
(*) Umair Haque es director del Havas Media Labs, un instituto de investigación del sector de la industria de los medios de comunicación con oficinas en Londres, Nueva York, Madrid y Barcelona, y fundador de Bubblegeneration, una consultora boutique que desarrolla programas para inversores, emprendedores y empresas. También colabora como bloguero en Harvard Business Review, y ha sido incluido como uno de los cincuenta pensadores más influyentes de la actualidad en la reputada lista Thinkers50.

domingo, 8 de abril de 2018

Historias de Inmigrantes

VAMOS A UN PAIS QUE NOS AYUDARA Y NOSOTROS LE DEVOLVEREMOS EL FAVOR:
Un pin del Athletic en la chaqueta, en el lado izquierdo, junto al corazón. Fue lo primero en lo que me fijé cuando conocí a Nicolás Gregorio Rodríguez, niño de la Guerra, exiliado en Moscú durante la Guerra Civil. Tiene 90 años y unos meses, y con nueve llegó a Rusia. Era un chavalito de Bilbao, del barrio de Las Siete Calles (el casco antiguo), me dice. Aún tiene acento después de pasar toda su vida aquí.
En la entrada al centro español de Moscú una placa recuerda cómo la ‘Pasionaria’ organizaba en ese local las actividades de la emigración española en Rusia. “Era una mujer muy lista, muy inteligente. Yo he estado con ella decenas de veces… sabía mucho. También conocí a Irene Falcón, su secretaria, y estuve con Fidel, con el ‘Che’, con Raúl”.
Nicolás abandonó su Bilbao junto a miles de niños más, no le acompañaba ningún familiar, viajaba solo. A todos los niños y niñas les ubicaron en el Puerto de Odessa, en el mar negro, en un orfanato.
“Cuando acabó la Segunda Guerra Mundial, nos trasladaron a un pueblo y comenzamos a aprender una profesión. Había varias escuelas. Durante dos años estudié para ser tornero. Tenía muchas faltas en ruso, pero los españoles tenímos algunos privilegios en la Union Sovietica y, bueno, después hice ya el ‘Técnico’ que se llamaba. Luego llegó la edad del amor y me casé con una rusa”.
Nicolás cada día, a partir del verano del 41, hablaba en la Radio España Independiente -más conocida como Radio Pirenaica- para buscar a su madre. “Yo la llamaba, decía mi nombre, explicaba quién era, a ver si me escuchaba… y finalmente, mi madre me escuchó”.
En el año 1948 recibió una carta desde Argentina, no entendía qué estaba pasando. “Me preguntaba por qué mi madre estaba en Argentina, pero luego descubrí que enviaba las cartas a una persona allí y desde allí me la reenviaban con otro sobre porque estaba prohibida la correspondencia España-Rusia”.
“En el año 1968 tuve la posibilidad de ir a España. Vi a mi madre después de 31 años. Te puedes figurar cómo fue el encuentro… mi padre ya no estaba, murió”.
http://arainfo.org/del-barrio-de-las-siete-calles-a-moscu/

inspirada en Riokan monje zen y poeta

El silencio, tan lleno. Los sonidos del silencio. El tren que pasa, algún golpe de viento suave, un pájaro al vuelo, los crujidos de la casa...