soy guia

Si una pequeña palabra mía puede aliviar una vida. Si una pequeña canción mía puede aligerar una carga. Dios me ayude a decir la pequeña palabra y a tomar mi pequeña canción y soltarla en un hermoso valle para que resuene su eco.

efectos...

Creedme si os digo que era un instrumento desafinado.
Me sorprendo de lo que estoy descubriendo:
quien habita dentro de mí.
Zazen me lo está haciendo saber.
"Sencillamente sentarse" extrae los aromas profundos de mi ser.
Soy un sencillo instrumento por donde la vida se asoma.
Mi voz se conjuga con el otro que escucha, que comparte.
tengo el Corazón abierto dispuesto a la plegaria.
Vida qué hermosa eres.
Tanawa

flotando....fluyendo

flotando....fluyendo
En el silencio que no depende de la
ausencia de ruidos,
tiempo y lugar
desaparecen dejando el sabor de una
Presencia, única y entrañable, que
ilumina cada momento.


Ese silencio no necesita ser buscado, sólo
requiere la apertura incondicional nuestra
aceptando la expresión divina que
en ella se manifiesta.

Es como volver a casa
al final de un día agotador y descubrir que
esa calma tan ansiada nos estaba esperando,
que nos recibe llenándonos de sosiego y
paz
tomado del blog: en meditacion

cuando muera

por Thich Nhat Hanh

Palabras de Thay el día de su 86 cumpleaños:
Cuando muera, no quiero que construyáis una estupa y pongáis mis cenizas dentro de ella.
No me gustaría. Es un desperdicio de tierra.
Pero si insistís en construir una estupa, os dejo una linea para inscribir sobre ella:
"No hay nada aquí dentro".
Y si seguís insistiendo, os dejo otra linea más:
"Tampoco hay nada afuera".

COLOMBIA

COLOMBIA

Antes del Zen las montañas eran montañas y los árboles eran árboles.

Durante el Zen las montañas eran tronos de sabiduría y los árboles eran las voces de la sabiduría.

Después del Zen las montañas son montañas y los árboles son árboles.

Sigue meditando, pero transfórmate en el camino.

siembra

siembra

ATIENDETE

ATIENDETE
ESCUCHA EL SILENCIO

sábado, 9 de julio de 2016

reflexion de Sarah, mi hija. julio 7 -2016.Cali,Colombia

Íbamos libres de toda obligación, de toda carga, libres de miedo, libres como nacimos. Llevaba el bolso de siempre, que simula ser elegante, de cuero pero no lo es, con esquinas de un metal dorado que atraen, que dilatan la pupila. El bolso simula ser así y asa, como nuestra sociedad.

8:00 p.m. en San Antonio, barrio donde crecieron y se conocieron mis papás, barrio bonito, humilde, lleno de historias y aventuras, rico en cultura. En el bolso, un celular, 10.000 pesos, identificaciones que confirman de dónde soy, cuando nací y cómo me llamo; una cámara que simboliza mi vocación, que utilizo precisamente para revelar, destapar y manifestar que estoy del lado de ese par de seres…

En un segundo, ese bolso, esa extensión de mí (como dice mi mamá) se va, se aleja, se desvincula. Nadie hace nada a mi alrededor. Aún así, admito dentro de mí que me culparía si algo irreversible les pasara por mi situación.


Debilidad, rabia, impotencia, frustración. Se cumplen ciclos que no entendemos instantáneamente.


Al otro día descanso. Camino libre, afortunada. Verán mis fotos y sabrán que debía llegar a ellos esa cámara. Imágenes de paredes con grafitis revolucionarios, hippies doblando alambres, retratos de los que parecen ser invisibles en nuestra sociedad. Personas como ese par arriesgan sus vidas a diario para sobrevivir al caos cotidiano de una sociedad competitiva, que no vive pero sobrevive. Que juzga, que se mantiene prevenida.
¿Por qué yo tengo, y puedo tener dos juguetes y ellos ninguno?
Los llego a entender.






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