soy guia

Si una pequeña palabra mía puede aliviar una vida. Si una pequeña canción mía puede aligerar una carga. Dios me ayude a decir la pequeña palabra y a tomar mi pequeña canción y soltarla en un hermoso valle para que resuene su eco.

efectos...

Creedme si os digo que era un instrumento desafinado.
Me sorprendo de lo que estoy descubriendo:
quien habita dentro de mí.
Zazen me lo está haciendo saber.
"Sencillamente sentarse" extrae los aromas profundos de mi ser.
Soy un sencillo instrumento por donde la vida se asoma.
Mi voz se conjuga con el otro que escucha, que comparte.
tengo el Corazón abierto dispuesto a la plegaria.
Vida qué hermosa eres.
Tanawa

flotando....fluyendo

flotando....fluyendo
En el silencio que no depende de la
ausencia de ruidos,
tiempo y lugar
desaparecen dejando el sabor de una
Presencia, única y entrañable, que
ilumina cada momento.


Ese silencio no necesita ser buscado, sólo
requiere la apertura incondicional nuestra
aceptando la expresión divina que
en ella se manifiesta.

Es como volver a casa
al final de un día agotador y descubrir que
esa calma tan ansiada nos estaba esperando,
que nos recibe llenándonos de sosiego y
paz
tomado del blog: en meditacion

cuando muera

por Thich Nhat Hanh

Palabras de Thay el día de su 86 cumpleaños:
Cuando muera, no quiero que construyáis una estupa y pongáis mis cenizas dentro de ella.
No me gustaría. Es un desperdicio de tierra.
Pero si insistís en construir una estupa, os dejo una linea para inscribir sobre ella:
"No hay nada aquí dentro".
Y si seguís insistiendo, os dejo otra linea más:
"Tampoco hay nada afuera".

COLOMBIA

COLOMBIA

Antes del Zen las montañas eran montañas y los árboles eran árboles.

Durante el Zen las montañas eran tronos de sabiduría y los árboles eran las voces de la sabiduría.

Después del Zen las montañas son montañas y los árboles son árboles.

Sigue meditando, pero transfórmate en el camino.

siembra

siembra

ATIENDETE

ATIENDETE
ESCUCHA EL SILENCIO

viernes, 6 de enero de 2017

el estado sublime

Seré capaz y recta en mi conducta,
directa y amable al hablar,
humilde y sin presunciones,
contenta y fácilmente satisfecha,
con pocas preocupaciones, 
y frugal en mis costumbres.

En paz, con calma, sabiduría y destreza,
sin orgullo ni exigencias,
nunca haré la menor cosa
que el origen o la fuente me deban reprochar.

Alegres y seguros,
que todos los seres vivan tranquilos.

Que todos los seres sin excepción
—sean débiles o fuertes,
grandes, poderosos, medianos, pequeños,
visibles e invisibles, cercanos y distantes,
nacidos y por nacer—
¡que todos vivan tranquilos!

No engañaré a nadie,
o le despreciaré por su condición.

No desearé el mal para nadie
con ira ni malicia.

Así como una madre protege con su vida
a su hijo, su único hijo,
con un corazón inmenso
amaré a todos los seres vivientes.

Irradiaré bondad al mundo entero
hacia arriba hasta los cielos,
y hacia abajo hasta las profundidades,
hacia fuera y sin límites,
libre de odio y animosidad.

Parada, caminando, sentada o acostada,
sin cansancio,
recordaré esta instrucción.

Éste es el estado sublime.


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