domingo, 22 de enero de 2017

fortaleza






No siempre tenemos que ser fuertes para ser fuertes. En ocasiones  nuestra fortaleza se expresa siendo vulnerables. A veces, necesitamos deshacernos en pedazos para rehacernos, y seguir sobre el camino. Todas tenemos días en que no podemos empujar más duro. En que no podemos contener las dudas en nosotras mismas, en que no podemos dejar de concentrarnos en el miedo, en que no podemos ser fuertes. Hay días en que no podemos concentrarnos en ser responsables. Ocasionalmente, no queremos levantarnos de la cama ni  quitarnos la  pijama.

 A veces, lloramos solas o en frente  de los demás. Exponemos nuestro cansancio, nuestra irritabilidad o nuestra ira. son dias necesarios para hacer un alto en el camino. solo nos estamos dando permiso de estar en resonancia con el cuerpo del dolor. y muy en lo hondo de nuestro corazon estara la promesa de que "Esto tambien pasara"

Cuidar de nosotras significa darnos permiso de "deshacernos" cuando lo necesitamos. No tenemos por qué ser torres perpetuas de fortaleza. hemos sido fuertes en muchas ocasiones. Lo hemos probado. 

Seguiremos siendo fuertes a traves precisamente de tener  el valor de permitirnos sentirnos temerosas, débiles y vulnerables cuando necesitamos experimentar esos sentimientos.

Melody Beattie

viernes, 6 de enero de 2017

el estado sublime

Seré capaz y recta en mi conducta,
directa y amable al hablar,
humilde y sin presunciones,
contenta y fácilmente satisfecha,
con pocas preocupaciones, 
y frugal en mis costumbres.

En paz, con calma, sabiduría y destreza,
sin orgullo ni exigencias,
nunca haré la menor cosa
que el origen o la fuente me deban reprochar.

Alegres y seguros,
que todos los seres vivan tranquilos.

Que todos los seres sin excepción
—sean débiles o fuertes,
grandes, poderosos, medianos, pequeños,
visibles e invisibles, cercanos y distantes,
nacidos y por nacer—
¡que todos vivan tranquilos!

No engañaré a nadie,
o le despreciaré por su condición.

No desearé el mal para nadie
con ira ni malicia.

Así como una madre protege con su vida
a su hijo, su único hijo,
con un corazón inmenso
amaré a todos los seres vivientes.

Irradiaré bondad al mundo entero
hacia arriba hasta los cielos,
y hacia abajo hasta las profundidades,
hacia fuera y sin límites,
libre de odio y animosidad.

Parada, caminando, sentada o acostada,
sin cansancio,
recordaré esta instrucción.

Éste es el estado sublime.


viernes, 25 de noviembre de 2016

Puntos de contacto entre el yoga y el zen


¿Cuáles son los puntos de contacto del Zen y del Yoga? ¿Y en qué difieren, sobre todo?

El zen es el corazón del budismo. El budismo nació en India, como el Yoga. Ambos tienen el tronco brahmánico como raíz común. El asceta Gotama estudió y practicó bajo la dirección de maestros saddhu que practicaban diversos tipos de yoga. Finalmente, después de pasar seis años con ellos, decidió buscar su propio camino de liberación a través de la meditación en la postura del loto. 
Desde el punto de vista del camino espiritual (sadhana), el budismo comparte muchas prácticas con el yoga, tal y como fue enseñado por Patanjali en su Yoga sutra. Por ejemplo, tanto Buda como Patanjali practicaron ahimsa; la no violencia, satya, la veracidad, el no mentir; asteya, el no robar; brahmaçarya, el celibato; aparograja, el abandono de la vida familiar; esto dentro dell principio del yama. También coinciden en la importancia de la asana, la postura de meditación, que debe mantener la columna vertebral bien erecta y el cuerpo estable en una posición cómoda para la meditación; la práctica del pranayama tiene puntos en común con la práctica del anapanasati, o atención plena a la respiración; el pratihara, o frugalidad en la comida, enseñado por Patanjali tiene sus correspondencia en la frugalidad de los monjes budistas; dharana, o concentración de la mente, es también una práctica habitual en el budismo; y, por supuesto, los dos últimos preceptos de Patanjali, el dhyana y el samadhi, son también los pilares básicos de la meditación budista.
Aunque el budismo tiene su propia percepción de las prácticas descritas por Patanjali, ambas tradiciones tienen, obviamente, raíces comunes, y un propósito también compartido, a saber: la liberación del dolor y del sufrimiento que experimentamos los seres humanos debido a nuestra ignorancia.
A nivel filosófico, sin embargo, las divergencias son también evidentes. Todos los yogas forman parte del hinduismo, tradición que postula la existencia de un ‘yo espiritual’, o ‘alma’, llamado atman en sánscrito. Brahma es el dios o el poder creador para el hinduismo. La práctica del yoga tradicional tiene como propósito la unión del atman individual con el atmande Brahman. El Buda negó la existencia de este atman, de forma que anatman, el no-yo, fue uno de los principios de su dharma. Por otra parte, el Buda nunca quiso entrar en la afirmación o en la negación de un dios o poder sobrenatural, creador del mundo. Desde este punto de vista, el dharma del Buda es un camino que prescinde de la hipótesis de dios.

¿Hay peligro de dependencia y de huida de la realidad a través estas tradiciones espirituales?

Por supuesto que lo hay. Exactamente el mismo peligro que con cualquier otra cosa: el cine, la pareja, el trabajo, el ocio … El peligro no es inherente a lo que hacemos, sino que es algo que está presente, o no, en la actitud y en la intención con las que hacemos lo que hacemos.

Zen, yoga, meditación…  ¿De qué nos liberan? ¿Nos liberan de los egos espirituales?

El zen, el yoga, la meditación … son caminos de liberación. Siguen teniendo ese potencial porque fueron creados como herramientas de liberación. Ahora bien, como se dice en el zen, “este mundo ilusorio es el lugar en el que se pierden los insensatos y el lugar en el que se liberan los sabios”. El maestro zen Eihei Dôgen escribió: “están aquellos que se hacen ilusiones sobre su despertar, y están aquellos que se despiertan de sus ilusiones”. De la misma manera que podemos usar el hierro para construir un arado o para fabricar un fusil, podemos usar estos caminos de liberación para liberarnos realmente o para enfangarnos aún más en el barro del ‘yo y lo mío’.

¿Cómo resolver esas contradicciones: afectos mundanos/desapego, placeres/austeridad, vivir solo en mí/vivir para otros…? 

Esas contradicciones no son reales. Son construcciones conceptuales de una mente confusa. Cuando la mente se calma, la confusión cesa y las contradicciones desaparecen. ‘Yo’ y ‘tu’ son construcciones mentales. Yo no estoy separado de nada, y nada está separado de mi. ‘Yo’ soy ‘Eso’, se dice en el Advaita, y también en el Zen. Trabajar por el bien de uno mismo es lo mismo que trabajar por el bien de los demás, y viceversa. Deberíamos vivir sin hacer distinciones entre yo y los demás, buscando lo que es bueno tanto para mí como para los demás. Las contradicciones no pueden ser resueltas en los términos que ellas mismas plantean: deben ser trascendidas o disueltas.

¿Y si sabemos que estamos dormidos pero no queremos despertar porque el sueño nos genera sinsabores pero también grandes placeres y satisfacciones?

Todos nos vemos confrontados en cada momento ante la decisión de tomar la píldora roja o la amarilla, como se vio en ‘Matrix’. Mientras creamos que en el ensueño podremos encontrar verdadera paz y felicidad, es obvio que optaremos por seguir dormidos. Pero cuando el sueño se resquebraja por todos los costados, ya no hay más opción que la de despertar.

¿Cómo sé si necesito  un maestro espiritual?

¿Cómo sabes si necesitas aire para respirar? Lo sabes y no lo sabes. Pero, aunque no lo sepas, respiras. Igual sucede con la necesidad de practicar y estudiar bajo la dirección de un maestro. No es algo que tú elijas necesitar o no. El hecho es que lo necesitas o no lo necesitas. Si sientes que no lo necesitas, lo buscas, Si no sientes la necesidad, no lo buscas. Aquel que siente la necesidad de un maestro puede que no comprenda a aquel otro que no la siente, y al revés. Lo que resulta ridículo es pensar que todo el mundo debe tener un maestro. Tan ridículo como pensar que nadie debe tener un maestro. 
Sea como sea, la necesidad de tener un maestro es consecuencia de la necesidad de despertar. Si no quiero aprender a tocar la guitarra, no busco un maestro de guitarra.


¿Todos podemos ser maestros?

El budismo enseña que todos los seres poseemos la naturaleza de Buda, es decir, la plena potencialidad de vivir despiertos. Un maestro es alguien que ha alcanzado un cierto grado de despertar y, desde ahí, ayuda a despertar a los que están un poco menos despiertos. Al mismo tiempo, un buen maestro es un buen discípulo, es decir, alguien dispuesto a aprender de otro que esté más despierto que él.
Por lo tanto, todos podemos ser maestros, lo cual no quiere decir que ya lo seamos. 

El amor, un concierto, un buen sillón, una copa de vino… ¿De qué depende que disfrutar de los sentidos te embrutezca o te refine, te arrastre o te eleve?

El Buda enseñó la Vía del Medio, la vía que evita los extremos. En su caso, pasó la primera parte de su vida sumido en los placeres sensuales y la segunda, entregado al ascetismo más inhumano. Por último, adoptó un modo de vida equilibrado entre los extremos del hedonismo y del ascetismo.
La vida es placer y dolor, tristeza y alegría. No debemos tener miedo de estar alegre cuando viene la alegría, ni de estar triste cuando viene la tristeza. Lo mismo sucede con el placer y el dolor. Es imposible experimentar un placer o un dolor permanentes. Por su propia naturaleza, ambas experiencias son efímeras: vienen y se van. Si cultivamos una actitud justa, si no caemos en el apego ni en el rechazo, podemos abrirnos tanto a la experiencia del dolor como a la del placer. 

¿La luz de la consciencia lo corrige todo, endereza siempre los errores al iluminarlos?

La luz de la conciencia no hace nada, solo ilumina. No dice: esto es bueno, esto es malo; o esto es un error y esto otro un acierto. Es la mente la que discierne, la que anhela, la que rechaza, la que juzga. Y la mente es siempre fruto de condicionamientos familiares, sociales y culturales. La luz de la conciencia es la que nos permite ver las cosas como son. La mente es la que decide si está bien que sean así o deberían ser de otro modo. Esto no quiere decir que la luz de la conciencia sea la buena, y la mente, la mala. Simplemente cada una tiene su función.

¿Cómo saber si me estoy equivocando en mi camino espiritual?

En el zen se dice: “¿Quién va por buen camino y quien contracorriente? ¡Ni siquiera los cielos lo saben!”
Lo más importante es conectar con el radar interno. Todos tenemos una sabiduría innata, un instinto. Es importante confiar en sí mismo y seguir el propio instinto o la voz que nos habla en lo más profundo de nuestro corazón. Esta confianza básica es fundamental. Desgraciadamente, la educación que recibimos rompe esa confianza básica y nos convierte en personas dependientes de juicios o reconocimientos externos. 
Todos vivimos momentos de confusión y desorientación. Es natural. En estos casos puede ayudar el confiar en otra persona, siempre y cuando no le demos el poder ni la responsabilidad de decidir por nosotros. Un verdadero maestro es aquel que te ayuda a entrar en contacto con tu propia sabiduría innata, no aquel que te vuelve dependiente de su sabiduría.
O también podemos detenernos, y esperar que la confusión y la desorientación desaparezcan.
No hay que tener miedo de los errores. Vivir es errar, avanzar tanteando, equivocar el rumbo y recuperarlo luego. Los errores que cometimos ayer pueden ser vistos como aciertos hoy, y a la inversa. Finalmente, lo que cuenta es la sinceridad del corazón con uno mismo y con los demás. La sinceridad es la vía del cielo, se dice en el zen.

La meditación zazen tiene fama de alta exigencia. ¿Exigencias y autoexigencias pueden ser necesarias y deseables?  ¿En qué supuestos?

El esfuerzo es necesario para cualquier cosa. Tenemos que desconfiar de las propuestas que nos lo prometen todo sin esfuerzo. La meditación zen es una de las más rigurosas y exactas que existen, por eso es tan eficaz. El entrenamiento corporal, emocional, psicológico y espiritual es imprescindible. La práctica de la cirugía, por ejemplo, requiere muchos años de estudio y de experiencia. Sería insensato ponerse en manos de un cirujano que no ha hecho el esfuerzo de formarse, de practicar, de estudiar…  Vivir es dar y recibir. La vida no da nada a quien nada da. El esfuerzo es dar de nosotros mismos al proceso de co-creación que está teniendo lugar a cada momento. Hasta para beber agua hay que hacer el esfuerzo de levantar el vaso …

¿Cómo  enseñar  a los demás a discernir y a elegir sin manipularlos y sin condicionarlos?

Este es el punto esencial de cualquier sistema educativo, como lo es el Zen. Todos estamos condicionados por el karma, la ley universal de la causa y del efecto y de las circunstancias. El Budismo Zen nos enseña a observar de cerca esta ley universal: si plantas cebollas, no esperes recoger ajos! Todos buscamos un estado de felicidad exento de dolor y de sufrimiento. El discernimiento básico consiste en tomar conciencia de qué es lo que nos lleva a este estado de felicidad y qué nos lleva al dolor y al sufrimiento, tanto a nosotros mismos como a los demás. Y a partir de esta toma de conciencia, hay que actuar en consecuencia.

¿Un retiro zen te puede cambiar la vida? ¿Qué hay de mito o realidad en ese potencial transformador? 

No sólo un retiro, sino una sola sesión de meditación zen puede cambiarte la vida. Esto fue lo que me pasó a mí cuando me senté la primera vez. Zazen, la meditación zen, es una práctica muy poderosa. Puede llegar a ser un aldabonazo interior. Pero esto siempre depende de cada persona. Algunas se levantan del cojín de meditación, salen corriendo y no vuelven a sentarse nunca más. Esto es algo que depende de las circunstancias internas de cada uno. La meditación zen es una excelente medicina para quien necesita la medicina de la meditación zen, como yo, por ejemplo.


¿De qué depende que en uno surja o no el deseo de transformar, de trascender?  ¿Qué enciende el fuego de la motivación?

Cada persona es distinta, su karma es diferente, sus circunstancias internas y externas varían. ¿Por qué una fruta madura antes que otra en el árbol? No obstante, la motivación surge generalmente de la conciencia de la impermanencia, es decir, del carácter efímero y transitorio de todas nuestras experiencias, y de la conciencia del dolor que acompaña siempre al apego y al rechazo. Mientras crea que la felicidad va a surgir exclusivamente de la satisfacción de los deseos materiales, emocionales y psicológicos,  uno va a vivir sólo para la satisfacción de tales deseos. Cuando una se da cuenta de que eso no basta, entonces busca otra dimensión de la existencia.
A veces, una situación muy dolorosa y traumática se convierte en el detonante de la búsqueda. En el caso del maestro Dôgen -que fue quien introdujo el budismo zen en Japón en el siglo XIII- su detonante fue ver morir a su madre cuando él tenía siete años, siendo ya huérfano de padre. Se dice que, viendo cómo las volutas del humo del incienso se desvanecían en la nada durante el funeral de su madre, tuvo una comprensión profunda del carácter insustancial y efímero de la existencia humana y, entonces, decidió dedicarse a la vida espiritual.

¿Zen para liberarnos del miedo a la muerte, a la soledad, a la incertidumbre?

Zen para liberarnos de nosotros mismos, de nuestra propia estupidez y ceguera. Zen para liberarnos del “yo-mí-me-conmigo”, como suelo decir. Cuando creemos que somos un yo aislado en un saco de huesos, surge inevitablemente el miedo a la muerte, el sentimiento de soledad y el pavor a la incertidumbre. La búsqueda de falsa seguridad y de autoafirmación es algo que siempre acompaña al yo aislado. Algunas tradiciones tratan de aliviar la angustia provocada por el miedo a la muerte afirmando una especie de vida eterna del yo. El Budismo Zen, por su parte, enseña y conduce a la experiencia de la inexistencia del yo: no somos un ser sino un siendo. Y este siendo ya venía siendo antes de que naciéramos y seguirá siendo después de que hayamos muerto. En lenguaje de la física cuántica, no somos una ínfima partícula perdida y aislada en medio de la infinitud del universo, sino una onda totalmente conectada con la totalidad. Como se decía en la película Samsara: ¿Cómo evitar que una gota de agua se evapore? ¡Arrojándola al océano! 

¿Zen para enseñarnos a amar?

La meditación zen, bien entendida y practicada, es un acto de puro amor, el acto de amor por excelencia. Esto es, entrega incondicional y abandono de sí. Amar es hacerse uno con el objeto amado. Amar es la experiencia del no-dos. Cuando en meditación zen se produce el santo olvido de sí, en ese preciso momento, nos hacemos una con las montañas y con los valles y con los diez mil seres que pueblan la diez direcciones del universo. En la medida en la que esta experiencia se estabiliza en la conciencia, podemos seguir sintiendo así cuando nos levantamos del cojín de meditación: haciendo de comer, trabajando, conversando o haciendo el amor. Desde el punto de vista del Budismo Zen, el amor no es un sentimiento sino un estado de conciencia, es decir, un estado de despertar.

¿Cómo luchar contra el desencanto?

¿Por qué hay que luchar contra el desencanto? La naturaleza de las burbujas ilusorias no es otra que la de estallar y desvanecerse.  Despertarse significa dejar de dormir y de soñar. Nuestro proceso de maduración es la historia de nuestros desencantos. Tarde o temprano tenemos que aceptar el hecho de que los reyes magos no existen y que a los bebés no los trae una cigüeña desde París. El desencanto puede ser vivido como una experiencia negativa que nos sume en la depresión o como una experiencia positiva que nos ayuda a ser más realistas y tener una conciencia más clara y veraz de la realidad. Como decía el poeta León Felipe: “la cuna del hombre la mecen con cuentos, los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos, el llanto del hombre lo taponan con cuentos, los huesos del hombre los entierran con cuentos, y el miedo del hombre... ha inventado todos los cuentos”. Desencantarse es desencuentarse, esto es, vivir sin cuentos.

¿Qué te queda de tu época de “concienciador social”? 

No sé si alguna vez fui un “concienciador social”. Creo que más bien fui, y lo sigo siendo, alguien con conciencia del dolor y del sufrimiento de los demás y de la sociedad.  En la medida en la que vas despertando y saliendo del huevo del “yo-mí-me-conmigo”, vas dándote cuenta del mundo que te rodea, del mundo que eres. Y en ese mundo hay muchos seres humanos y no humanos que sufren mucho de muchas maneras. Despertar y compasión son inseparables. Despertar es abrirte al mundo y ser el mundo. Y compasión es sentir en ti mismo el dolor de los seres que viven en el mundo. Si el dolor de los demás es mi dolor, ¿cómo no voy a hacer todo lo posible para ayudarles a liberarse/nos de él?
No creo en la espiritualidad-ficción, esa especie de espiritualidad-burbuja-narcisista en la que, como decía Mecano, uno se monta el paraíso en su piso. Siento más bien como el poeta Gabriel Celaya:
“¿Hay que denunciarlo? El yo no existe. El yo es un encantamiento: un aparato fácilmente manejable al que todos nuestros muertos recurren para ser de algún modo; un sistema tan milagrosa y provisionalmente oscilante que un cambio atmosférico, una palabra que nos dicen en voz baja, una emoción, una droga —quizá una película de actualidad, seguramente mala, pero siempre impresionante— alteran hasta extremos imprevisibles. Y, sin embargo, aunque uno no es nada, debe responder de todo: del mundo entero y de todos los hombres secreta o patentemente latentes que fueron y han de venir, son ya en nosotros coleando o germinando. Porque todo —lo vivo y lo muerto, lo animado y lo inanimado, lo alto y lo bajo, lo futuro o fuera del tiempo y lo preciosamente efímero expuesto como un escándalo en los escaparates de lo instantáneo— está buscando en cada uno de nosotros su salvación, y está así haciéndonos ser como somos más de lo que sabemos, ser anteriores a nuestra historia y a nuestra conciencia, ser sin consecuencia previsible lo que cambiando hace como que se repite, pero es una invención permanente, ser por archiviejos o archinuevos más allá de nosotros mismos. Nuestras palabras y nuestros gestos, por minúsculos que parezcan, provocan alteraciones irrevocables en el curso general de lo existente”.

¿Cómo describirías hoy a Dokushô Villalba?


Siendo como soy y sintiéndome eso que llaman Dokushô Villalba, no tengo ninguna necesidad de describirlo. Siento que soy indescriptible. Como me decía mi abuela, que en paz descanse: “¡Eres lo que no hay en los escritos!”

martes, 1 de noviembre de 2016

como enfrentar la adversidad. Pema Chondron.

La maestra budista Pema Chöndrön ha inspirado a  millones de personas en el mundo, pero su camino no estuvo libre de obstáculos. De hecho la autora de Los lugares que te asustan también llegó  a un punto de su vida en el que tocó fondo y para compartir la enseñanza que le ayudó a salir de tan oscura situación ella misma ha narrado la siguiente historia, cuya traducción compartimos: 
Pensé que les contaría esta breve historia sobre el fundador de la Universidad de Naropa, Chögyam Trungpa Rinpoche y mi primera entrevista en privado con él. La entrevista ocurrió en un periodo durante el cual mi vida estaba cayéndose a pedazos y fui ahí porque quería hablar del hecho de estarme sintiendo como un fracaso y sumamente emocional. 
Pero cuando me senté frente a él, me dijo “¿Cómo está tu meditación?”. Y yo dije “Bien”. Luego empezamos a simplemente platicar cosas superficiales hasta que él se puso de pie y dijo: “Fue muy agradable conocerte” y empezó a caminar hacia la puerta. En otras palabras la entrevista había terminado. Así que en ese momento, dándome cuenta de ello, sólo solté sin pensar toda la historia de mi vida: 
Mi vida ha terminado. He tocado el fondo y no sé qué hacer. Por favor ayúdame. 
Y luego llegó el consejo de Trungpa Rinpoche. Él dijo: “Bueno, es como caminar en el océano y que una gran ola llegue y te tire. Entonces te encuentras tirada en el fondo con arena en tu nariz y tu boca. Estás ahí tirada y tienes una opción. Puedes quedarte ahí o puedes pararte y seguir caminando fuera del mar”. Así que básicamente te paras porque quedarte tirada en el fondo equivale a morir. 
Metafóricamente quedarte tirado es lo que muchos elegimos hacer en algún momento. Pero puedes elegir ponerte de pie y empezar a caminar, hasta que después de un tiempo llegue otra enorme ola y te tire. Te encuentras a ti mismo en el fondo del océano con arena en tu nariz y boca y de nuevo tienes la opción de quedarte ahí o caminar hacia adelante.
“Así que las olas siguen llegando”, dijo él. “Y tú continúas cultivando la valentía y el sentido del humor para relacionarte con esta situación de las olas y te sigues levantando y yendo hacia adelante”.
Este fue su consejo para mí. Luego Trungpa dijo: “Después de un rato, empezará a parecerte que las olas se vuelven más y más pequeñas y ya no te tiran”. 
Ese es un buen consejo para la vida. No es que las olas dejen de llegar, es debido a que has entrenado para mantener la vulnerabilidad en tu corazón que las olas simplemente parecen volverse más y más pequeñas y ya no te tiran. “Perder mejor” significa que empiezas a empezar a tener la habilidad de mantener lo que yo llamo “la crudeza de la vulnerabilidad” en tu corazón. 
Así que lo que estoy diciendo es: falla. Luego falla de nuevo y quizá luego empieces a trabajar en algunas de las cosas que estoy diciendo. Luego cuando otra vez las cosas no estén funcionando, entonces fallas mejor. En otras palabras, eres capaz de trabajar con el sentimiento de fracaso en lugar de ocultarlo bajo el tapete, culpar a otro o desarrollar una imagen personal negativa, todas esas cosas son estrategias inútiles.  
“Fallar mejor” significa que debes empezar a sostener “la crudeza de la vulnerabilidad” en tu corazón y verla como tu conexión con otros seres humanos y parte de tu humanidad. Fallar mejor significa que cuando estas cosas pasen en tu vida, se vuelven una fuente de crecimiento, una fuente para ir hacia adelante, una fuente de esa parte de la crudeza que realmente puedes comunicar de manera genuina con otras personas. 
Tus mejores cualidades vienen de ese lugar porque no estás poniéndote un escudo. Fallar mejor significa que el fracaso se vuelve un terreno rico y fértil en lugar de otra bofetada en el rostro. Esa es la razón por la cual en la historia de Trungpa Rinpoche que he compartido, las olas que te están tirando empiezan a parecer más pequeñas y tienen cada vez menos capacidad de tirarte. Quizá de hecho se trate de la misma ola, quizá es incluso más grande que la que te tocó el año pasado, pero te parece más pequeña por tu habilidad de nadar o montar la ola. 
No es que el fracaso deje de doler. Quiero decir que a veces pierdes personas que amas. Todo tipo de cosas que rompen tu corazón ocurren, pero puedes sostener el fracaso y la pérdida como parte de tu experiencia humana que te conecta con otras personas. 

lunes, 24 de octubre de 2016

confia

Puedes confiar en la infinita inteligencia  en la que aparece toda tu experiencia y por medio de la cual es conocida, ¿por qué? Porque nunca te ha abandonado, siempre ha estado ahí para ti, siempre abierta, siempre disponible, sin juzgarte nunca, siempre presente como el trasfondo y el contenedor de tu experiencia, nunca juzgando la experiencia; como una madre con su hijo, siempre disponible, siempre abierta, siempre amorosa, amando incondicionalmente. 

*Rupert Spira*

domingo, 9 de octubre de 2016

Doris Lessing. escritora. ganadora del premio nobel de literatura. 2007. Admirable mujer



“Cada vez que abres una puerta te encuentras con alguien hecho pedazos”

A diferencia de Simone de Beauvoir, Doris Lessing lo dejó todo, no por un hombre sino para salvarse a sí misma. Toda su vida ha insistido en que no es una escritora feminista. Pero las lectoras han decidido ignorar sus reclamos. Hacen bien.


POR MARTA RUIZ

Doris Lessing es todo menos adorable. Es inteligente como pocas. Radical toda su vida, y una escritora que no le hace concesiones al lector. Es difícil salir ileso, por ejemplo, de El cuaderno dorado. Un libro injustamente encasillado como parte de la literatura feminista, cuando en realidad se trata de un escrito devastador sobre los dilemas más profundos de su generación. El desencanto con el comunismo y el quebrantamiento de la fe en las ideologías. La mujeres y los hombres de los años 50, con sus preguntas sobre la sexualidad, la familia y la vida afectiva, que serían la génesis de la llamada revolución sexual de los años 60. La búsqueda de experiencias psíquicas, que rompieran las barreras de las emociones y del pensamiento. El colonialismo y sus abusos. Las estética como una necesidad vital, la de romper los cánones literarios y deshacer las estructuras conocidas. Y esa sensación un poco existencial que dejó la posguerra. “He visto el mundo del desorden, lo había vivido, el mundo donde la gente se mantiene abierta hacia nuevas emociones o aventuras, vive al día, como pelotas bailando perpetuamente en la cima de surtidores de agua saltarina.”, dice Janet uno de los personajes adolescentes de la novela.
En todos estos temas, Lessing se adelantó a su época. A finales de los años 50 no le bastó con romper con el Partido Comunista. Consideraba inmoral el silencio de los intelectuales europeos frente a lo que estaba ocurriendo con escritores y artistas en Rusia, silenciados, proscritos o asesinados por el estalinismo. Desde entonces, veía el socialismo como un régimen inviable. Pero no desde una actitud reaccionaria, sino desde la sensación de que un proyecto con ansias colectivistas no encajaba en nuestra cultura. En El cuaderno dorado ese asco se suma al que le producen aquellos que abandonaron la lucha política por la comodidad de los buenos empleos, la vida trivial en las multinacionales, la nueva promesa del consumo.
Entonces el amor y la sexualidad se entrecruzan con la búsqueda perpetua de un ideal, de un sentido de la vida. Anna y Ella, dos de las protagonistas del Cuaderno, reflejan, como lo dice la propia Lessing en su autobiografía, el estado emocional en el que ella estaba sumergida cuando escribió el libro. “Sentía frío. Me sentía como la mujer con el blanco pecho acribillado de crueles flechas masculinas”, dice Anna. El dolor del amor incompleto, la sensación de entregarse y tener al final del día, las manos vacías. Esas órbitas diversas y a veces, divergentes en los que gravitan los sentimientos de los hombres y las mujeres. Las amigas, que nos ofrecen sus tardes para hablar de los sinsabores. Y el delirio. Anna, la escritora en crisis, cuyo relato es la columna vertebral del libro, de repente pisa la frontera de la locura, en uno de los capítulos más intensos. Son más de cien páginas que parecen un círculo vicioso de masoquismo y amor desesperado, de necesidad de afecto y de traiciones a sí misma. Pero que el lector, por alguna razón magnética, no puede abandonar.
Es curioso sin embargo que se hable tanto de que Lessing es parte de la literatura femenina. A pesar de que se ha dicho que fue la primera mujer en hablar abiertamente de temas como la menstruación o el orgasmo (lo cual ella misma desmiente), en realidad su mayor cuestionamiento se orienta al hombre. Confronta lo masculino todo el tiempo. Ese autismo del hombre. Sus emociones insondables. Su cómoda manera de apropiarse, a veces con gula, del mundo. Pero no es una confrontación panfletaria. Más bien lo cuestiona como ser humano. Como individuo. “Ninguno de vosotros pide nunca nada. Salvo que lo pedís todo, pero sólo por el tiempo que lo necesitéis”, reclama Anna.
A diferencia de mucha literatura llamada femenina, El Cuaderno Dorado no es un libro fácil. Sus lectores se dividen en dos: los que no pasan de la página 50 – y su edición más breve tiene 789– y los que sienten que les cambió la vida, o por lo menos que se constituyó en un espejo de su propia experiencia. El libro es, literalmente, un laberinto donde a veces la autora parece sucumbir ante la necesidad de subvertir la estructura. Pero una vez uno tiene agarrados todos los hilos de la narrativa y puede navegar en sus páginas, siguiendo las mareas de sus personajes, puede tener esa sensación fascinante que pocas veces se alcanza: la de que está frente a una obra monumental. Tanto, que al cerrar la última página, uno siente deseos de volver a empezar. Como si la vida propia y las de los que pasan por el Cuaderno se hubiesen unido. Doris Lessing dice que planeó este libro como un ejercicio racional, pero que al final es quizás el más emocional de todos sus escritos. Casi catártico. “Cada vez que abres una puerta te encuentras con alguien hecho pedazos”, dice. Y eso es lo que siente el lector.
Muchos criticaron a la academia por haberle dado el Nobel a Lessing en 2007. Sólo por El cuaderno dorado, el premio es justo. Al igual que Cien años de soledad, nadie puede decir que el libro es sobre un solo tema, ni que cuenta una sola historia. Son ambos, parafraseando a Borges, una especie de Aleph. Un objeto a través el cual se pueden ver todas las dimensiones del corazón humano, puestas en una época, en una geografía y en un cultura determinada. Es decir, arte verdadero.

domingo, 18 de septiembre de 2016

Despues de la votacion del 2 de octubre en Colombia que pasara conmigo.



Yo creo que el Sí ganará por mayoría en el plebiscito del 2 de octubre. Eso no quiere decir que los que votan No y los que no votan no existan o deban buscar refugio. Y lo mismo digo si el resultado fuera al revés. El amanecer de ese lunes nos dirá, mirándonos a los ojos, que todos seguimos aquí. Viviendo bajo el mismo cielo y sobre el mismo suelo. Juntos.
 Si hemos buscado la forma negociada para desactivar una guerra no es momento de comenzar con el vecino un nuevo conflicto precisamente porque su pensamiento está lejos de parecerse al mío.

Que lo recuerde quien vota sí, que lo recuerde quien vota no: sino es otra forma de escribir destino. Y en esa palabra y su significado estamos unidos.

Hay días en que agota, defender la convicción sincera de apostar por esta oportunidad de ver el final de esta guerra fronteras adentro que es desangre constante. Aturden los insultos de unos, duele la mezquindad de algunos, ofenden las mentiras de otros disfrazadas de argumentos, desgasta la palabra ajena repetida como propia  con la insistencia del boxeador que golpea con puños prestados. 

Supongo y entiendo que igual se cansa, del otro lado, el que levanta la voz y asiste a su propio linchamiento.

Está de moda hablar de polarización, habrá que recordar que  esta nación asiste a lo mismo desde Bolívar y Santander. Está visto que este no es el peor de los tiempos, aunque resulta incómodo respirar en tiempos en que tanta presión sugiere que es tiempo de dejar ciertas modas atrás: como la de polarizar. Este momento de la historia no es la contienda entre un presidente que ya no lo es y un presidente que a la vuelta de la esquina ya no lo será, es la hora de definir el futuro que queremos no sólo para nosotros que iremos a las urnas sino, sobre todo, para definir el país en que han de crecer los que todavía no pueden votar.

El tres de octubre seremos, otra vez, noticia mundial. lo prioritario es qué noticia seremos para nosotros mismos. ¿Cuál es el titular que no olvidare? El tres de octubre el planeta no olvidará su costumbre de girar una vez más.

Violencia y política han sido un matrimonio que sólo ha parido dolor en la historia nacional. Si tenemos frente a nosotros la posibilidad de divorciar dos palabras que no se deben juntar no tiene sentido que odiemos y convirtamos en enemigo a alguien por la decisión con que marque el tarjetón del domingo dos de octubre. El voto de todos sera libre. Eso ademas es practicar paz.

El tres de octubre está a la vuelta de la esquina, igual la posibilidad de un país en que la esperanza tenga lugar. Nosotros somos los otros de los otros, conviene no olvidar esa lección. Después de la votación está en manos de todos que Colombia sea un país en que pensar distinto no sea pecado mortal.

blog 0cho16.

inspirada en Riokan monje zen y poeta

El silencio, tan lleno. Los sonidos del silencio. El tren que pasa, algún golpe de viento suave, un pájaro al vuelo, los crujidos de la casa...