viernes, 6 de junio de 2014

llega al limite de la postura "despacio"













"No vayas a lo más profundo de la postura de golpe. Muévete lentamente y gradualmente hasta tu posición más profunda. A medida que comienzas realizar una postura, siente el primer estadio de tensión o el "limite" al que hayas llegado. Realiza una pausa en ese lugar, y relájate en ese límite. Clarifica tu postura y espera a que las sensaciones de estiramiento, dolor o tensión se eliminen un poco. A continuación, vuelve a profundizar un poco más en la postura hasta que encuentres un nuevo "límite". Pausa de nuevo, respira. Repite este proceso una y otra vez hasta llegar al límite final para que un  día en particular,  las sensaciones de tensión ya no puedan ser liberadas con más pausas." Geeta Iyengar

miércoles, 16 de abril de 2014

dokusho_villalba

Entrevista con Dokushô Villalba: “No creo en la espiritualidad como burbuja narcisista”

En esta interesante entrevista el maestro budista zen Dokushô Villalba responde a las preguntas de Yoga en Red sobre el zen y el yoga, el sentido de las exigencias del zen; sobre los maestros y los egos espirituales, los placeres de lo mundano, el amor, el camino espiritual, los errores y  muchas cosas más. Fotografía: José Ferrer.

Zen, yoga, meditación… ¿De qué nos liberan? ¿Nos liberan de los egos espirituales?
El zen, el yoga, la meditación… son caminos de liberación. Siguen teniendo ese potencial porque fueron creados como herramientas de liberación. Ahora bien, como se dice en el zen: “Este mundo ilusorio es el lugar en el que se pierden los insensatos y el lugar en el que se liberan los sabios”. El maestro zen Eihei Dôgen escribió: “Están aquellos que se hacen ilusiones sobre su despertar, y están aquellos que se despiertan de sus ilusiones”. De la misma manera que podemos usar el hierro para construir un arado o para fabricar un fusil, podemos usar estos caminos de liberación para liberarnos realmente o para enfangarnos aún más en barro del ‘yo y lo mío’.
¿Cómo resolver esas contradicciones: afectos mundanos/desapego, placeres/austeridad, vivir solo en mí/vivir para otros…?
Esas contradicciones no son reales. Son construcciones conceptuales de una mente confusa. Cuando la mente se calma, la confusión cesa y las contradicciones desaparecen. ‘Yo’ y ‘tu’ son construcciones mentales. Yo no estoy separado de nada, y nada está separado de mi. ‘Yo’ soy ‘Eso’, se dice en el Advaita, y también en el Zen. Trabajar por el bien de uno mismo es lo mismo que trabajar por el bien de los demás, y viceversa. Deberíamos vivir sin hacer distinciones entre yo y los demás, buscando lo que es bueno tanto para mí como para los demás. Las contradicciones no pueden ser resueltas en los términos que ellas mismas plantean: deben ser trascendidas o disueltas.
¿Y si sabemos que estamos dormidos pero no queremos despertar porque el sueño nos genera sinsabores pero también grandes placeres y satisfacciones?
Todos nos vemos confrontados en cada momento ante la decisión de tomar la píldora roja o la amarilla, como se vio en Matrix. Mientras creamos que en el ensueño podremos encontrar verdadera paz y felicidad, es obvio que optaremos por seguir dormidos. Pero cuando el sueño se resquebraja por todos los costados, ya no hay más opción que la de despertar.
¿Cómo sé si necesito un maestro espiritual?
¿Cómo sabes si necesitas aire para respirar? Lo sabes y no lo sabes. Pero, aunque no lo sepas, respiras. Igual sucede con la necesidad de practicar y estudiar bajo la dirección de un maestro. No es algo que tú elijas necesitar o no. El hecho es que lo necesitas o no lo necesitas. Si sientes que  lo necesitas, lo buscas. Si no sientes la necesidad, no lo buscas. Aquel que siente la necesidad de un maestro puede que no comprenda a aquel otro que no la siente, y al revés. Lo que resulta ridículo es pensar que todo el mundo debe tener un maestro. Tan ridículo como pensar que nadie debe tener un maestro.
Sea como sea, la necesidad de tener un maestro es consecuencia de la necesidad de despertar. Si no quiero aprender a tocar la guitarra, no busco un maestro de guitarra.
¿Todos podemos ser maestros?
El budismo enseña que todos los seres poseemos la naturaleza de Buda, es decir, la plena potencialidad de vivir despiertos. Un maestro es alguien que ha alcanzado un cierto grado de despertar y, desde ahí, ayuda a despertar a los que están un poco menos despiertos. Al mismo tiempo, un buen maestro es un buen discípulo, es decir, alguien dispuesto a aprender de otro que esté más despierto que él.
Por lo tanto, todos podemos ser maestros, lo cual no quiere decir que ya lo seamos.
El amor, un concierto, un buen sillón, una copa de vino… ¿De qué depende que disfrutar de los sentidos te embrutezca o te refine, te arrastre o te eleve?
El Buda enseñó la Vía del Medio, la vía que evita los extremos. En su caso, pasó la primera parte de su vida sumido en los placeres sensuales y la segunda, entregado al ascetismo más inhumano. Por último, adoptó un modo de vida equilibrado entre los extremos del hedonismo y del ascetismo.
La vida es placer y dolor, tristeza y alegría. No debemos tener miedo de estar alegres cuando viene la alegría, ni de estar tristes cuando viene la tristeza. Lo mismo sucede con el placer y el dolor. Es imposible experimentar un placer o un dolor permanentes. Por su propia naturaleza, ambas experiencias son efímeras: vienen y se van. Si cultivamos una actitud justa, si no caemos en el apego ni en el rechazo, podemos abrirnos tanto a la experiencia del dolor como a la del placer.
¿La luz de la consciencia lo corrige todo, endereza siempre los errores al iluminarlos?
La luz de la conciencia no hace nada, solo ilumina. No dice: esto es bueno, esto es malo; o esto es un error y esto otro un acierto. Es la mente la que discierne, la que anhela, la que rechaza, la que juzga. Y la mente es siempre fruto de condicionamientos familiares, sociales y culturales. La luz de la conciencia es la que nos permite ver las cosas como son. La mente es la que decide si está bien que sean así o deberían ser de otro modo. Esto no quiere decir que la luz de la conciencia sea la buena, y la mente, la mala. Simplemente cada una tiene su función.
¿Cómo saber si me estoy equivocando en mi camino espiritual?
En el zen se dice: “¿Quién va por buen camino y quien contracorriente? ¡Ni siquiera los cielos lo saben!”.
Lo más importante es conectar con el radar interno. Todos tenemos una sabiduría innata, un instinto. Es importante confiar en sí mismo y seguir el propio instinto o la voz que nos habla en lo más profundo de nuestro corazón. Esta confianza básica es fundamental. Desgraciadamente, la educación que recibimos rompe esa confianza básica y nos convierte en personas dependientes de juicios o reconocimientos externos.
Todos vivimos momentos de confusión y desorientación. Es natural. En estos casos puede ayudar el confiar en otra persona, siempre y cuando no le demos el poder ni la responsabilidad de decidir por nosotros. Un verdadero maestro es aquel que te ayuda a entrar en contacto con tu propia sabiduría innata, no aquel que te vuelve dependiente de su sabiduría.
O también podemos detenernos, y esperar que la confusión y la desorientación desaparezcan.
No hay que tener miedo de los errores. Vivir es errar, avanzar tanteando, equivocar el rumbo y recuperarlo luego. Los errores que cometimos ayer pueden ser vistos como aciertos hoy, y a la inversa. Finalmente, lo que cuenta es la sinceridad del corazón con uno mismo y con los demás. La sinceridad es la vía del cielo, se dice en el zen.
La meditación zazen tiene fama de alta exigencia. ¿Exigencias y autoexigencias pueden ser necesarias y deseables? ¿En qué supuestos?
El esfuerzo es necesario para cualquier cosa. Tenemos que desconfiar de las propuestas que nos lo prometen todo sin esfuerzo. La meditación zen es una de las más rigurosas y exactas que existen, por eso es tan eficaz. El entrenamiento corporal, emocional, psicológico y espiritual es imprescindible. La práctica de la cirugía, por ejemplo, requiere muchos años de estudio y de experiencia. Sería insensato ponerse en manos de un cirujano que no ha hecho el esfuerzo de formarse, de practicar, de estudiar… Vivir es dar y recibir. La vida no da nada a quien nada da. El esfuerzo es dar de nosotros mismos al proceso de co-creación que está teniendo lugar a cada momento. Hasta para beber agua hay que hacer el esfuerzo de levantar el vaso…
¿Cómo enseñar a los demás a discernir y a elegir sin manipularlos y sin condicionarlos?
Este es el punto esencial de cualquier sistema educativo, como lo es el Zen. Todos estamos condicionados por el karma, la ley universal de la causa y del efecto y de las circunstancias. El Budismo Zen nos enseña a observar de cerca esta ley universal: si plantas cebollas, ¡no esperes recoger ajos! Todos buscamos un estado de felicidad exento de dolor y de sufrimiento. El discernimiento básico consiste en tomar conciencia de qué es lo que nos lleva a este estado de felicidad y qué nos lleva al dolor y al sufrimiento, tanto a nosotros mismos como a los demás. Y a partir de esta toma de conciencia, hay que actuar en consecuencia.
¿Un retiro zen te puede cambiar la vida? ¿Qué hay de mito o realidad en ese potencial transformador?
No sólo un retiro, sino una sola sesión de meditación zen puede cambiarte la vida. Esto fue lo que me pasó a mí cuando me senté la primera vez. Zazen, la meditación zen, es una práctica muy poderosa. Puede llegar a ser un aldabonazo interior. Pero esto siempre depende de cada persona. Algunas se levantan del cojín de meditación, salen corriendo y no vuelven a sentarse nunca más. Esto es algo que depende de las circunstancias internas de cada uno. La meditación zen es una excelente medicina para quien necesita la medicina de la meditación zen, como yo, por ejemplo.
¿De qué depende que en uno surja o no el deseo de transformar, de trascender? ¿Qué enciende el fuego de la motivación?
Cada persona es distinta, su karma es diferente, sus circunstancias internas y externas varían. ¿Por qué una fruta madura antes que otra en el árbol? No obstante, la motivación surge generalmente de la conciencia de la impermanencia, es decir, del carácter efímero y transitorio de todas nuestras experiencias, y de la conciencia del dolor que acompaña siempre al apego y al rechazo. Mientras crea que la felicidad va a surgir exclusivamente de la satisfacción de los deseos materiales, emocionales y psicológicos, uno va a vivir sólo para la satisfacción de tales deseos. Cuando una se da cuenta de que eso no basta, entonces busca otra dimensión de la existencia.
A veces, una situación muy dolorosa y traumática se convierte en el detonante de la búsqueda. En el caso del maestro Dôgen -que fue quien introdujo el budismo zen en Japón en el siglo XIII- su detonante fue ver morir a su madre cuando él tenía siete años, siendo ya huérfano de padre. Se dice que, viendo cómo las volutas del humo del incienso se desvanecían en la nada durante el funeral de su madre, tuvo una comprensión profunda del carácter insustancial y efímero de la existencia humana y, entonces, decidió dedicarse a la vida espiritual.
¿Zen para liberarnos del miedo a la muerte, a la soledad, a la incertidumbre?
Zen para liberarnos de nosotros mismos, de nuestra propia estupidez y ceguera. Zen para liberarnos del “yo-mí-me-conmigo”, como suelo decir. Cuando creemos que somos un yo aislado en un saco de huesos, surge inevitablemente el miedo a la muerte, el sentimiento de soledad y el pavor a la incertidumbre. La búsqueda de falsa seguridad y de autoafirmación es algo que siempre acompaña al yo aislado.
Algunas tradiciones tratan de aliviar la angustia provocada por el miedo a la muerte afirmando una especie de vida eterna del yo. El Budismo Zen, por su parte, enseña y conduce a la experiencia de la inexistencia del yo: no somos un ser sino un siendo. Y este siendo ya venía siendo antes de que naciéramos y seguirá siendo después de que hayamos muerto. En lenguaje de la física cuántica, no somos una ínfima partícula perdida y aislada en medio de la infinitud del universo, sino una onda totalmente conectada con la totalidad. Como se decía en la película Samsara: ¿Cómo evitar que una gota de agua se evapore? ¡Arrojándola al océano!
¿Zen para enseñarnos a amar?
La meditación zen, bien entendida y practicada, es un acto de puro amor, el acto de amor por excelencia. Esto es, entrega incondicional y abandono de sí. Amar es hacerse uno con el objeto amado. Amar es la experiencia del no-dos. Cuando en meditación zen se produce el santo olvido de sí, en ese preciso momento, nos hacemos uno con las montañas y con los valles y con los diez mil seres que pueblan la diez direcciones del universo. En la medida en la que esta experiencia se estabiliza en la conciencia, podemos seguir sintiendo así cuando nos levantamos del cojín de meditación: haciendo de comer, trabajando, conversando o haciendo el amor. Desde el punto de vista del Budismo Zen, el amor no es un sentimiento sino un estado de conciencia, es decir, un estado de despertar.
¿Cómo luchar contra el desencanto?
¿Por qué hay que luchar contra el desencanto? La naturaleza de las burbujas ilusorias no es otra que la de estallar y desvanecerse. Despertarse significa dejar de dormir y de soñar. Nuestro proceso de maduración es la historia de nuestros desencantos. Tarde o temprano tenemos que aceptar el hecho de que los reyes magos no existen y que a los bebés no los trae una cigüeña desde París. El desencanto puede ser vivido como una experiencia negativa que nos sume en la depresión o como una experiencia positiva que nos ayuda a ser más realistas y tener una conciencia más clara y veraz de la realidad. Como decía el poeta León Felipe: “La cuna del hombre la mecen con cuentos, los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos, el llanto del hombre lo taponan con cuentos, los huesos del hombre los entierran con cuentos, y el miedo del hombre… ha inventado todos los cuentos”. Desencantarse es desencuentarse, esto es, vivir sin cuentos.
¿Qué te queda de tu época de “concienciador social”?
No sé si alguna vez fui un “concienciador social”. Creo que más bien fui, y lo sigo siendo, alguien con conciencia del dolor y del sufrimiento de los demás y de la sociedad. En la medida en la que vas despertando y saliendo del huevo del “yo-mí-me-conmigo”, vas dándote cuenta del mundo que te rodea, del mundo que eres. Y en ese mundo hay muchos seres humanos y no humanos que sufren mucho de muchas maneras. Despertar y compasión son inseparables. Despertar es abrirte al mundo y ser el mundo. Y compasión es sentir en ti mismo el dolor de los seres que viven en el mundo. Si el dolor de los demás es mi dolor, ¿cómo no voy a hacer todo lo posible para ayudarles a liberarse/nos de él?
No creo en la espiritualidad-ficción, esa especie de espiritualidad-burbuja-narcisista en la que, como decía Mecano, uno se monta el paraíso en su piso. Siento más bien como el poeta Gabriel Celaya:
“¿Hay que denunciarlo? El yo no existe. El yo es un encantamiento: un aparato fácilmente manejable al que todos nuestros muertos recurren para ser de algún modo; un sistema tan milagrosa y provisionalmente oscilante que un cambio atmosférico, una palabra que nos dicen en voz baja, una emoción, una droga —quizá una película de actualidad, seguramente mala, pero siempre impresionante— alteran hasta extremos imprevisibles. Y, sin embargo, aunque uno no es nada, debe responder de todo: del mundo entero y de todos los hombres secreta o patentemente latentes que fueron y han de venir, son ya en nosotros coleando o germinando. Porque todo —lo vivo y lo muerto, lo animado y lo inanimado, lo alto y lo bajo, lo futuro o fuera del tiempo y lo preciosamente efímero expuesto como un escándalo en los escaparates de lo instantáneo— está buscando en cada uno de nosotros su salvación, y está así haciéndonos ser como somos más de lo que sabemos, ser anteriores a nuestra historia y a nuestra conciencia, ser sin consecuencia previsible lo que cambiando hace como que se repite, pero es una invención permanente, ser por archiviejos o archinuevos más allá de nosotros mismos. Nuestras palabras y nuestros gestos, por minúsculos que parezcan, provocan alteraciones irrevocables en el curso general de lo existente”.
¿Cómo describirías hoy a Dokushô Villalba?
Siendo como soy y sintiéndome eso que llaman Dokushô Villalba, no tengo ninguna necesidad de describirlo. Siento que soy indescriptible. Como me decía mi abuela, que en paz descanse: “¡Eres lo que no hay en los escritos!”.

tomado de yoga en red. 

miércoles, 2 de abril de 2014

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lunes, 24 de marzo de 2014

El milagro del Yoga y la relajación consciente en prisión
El poder transformador del Yoga no se limita a las clases. Surge allí donde se practique, incluso en las condiciones menos favorables, para asombro incluso de quienes lo conocen bien. Es la esencia del Yoga.

Es miércoles, 5 a.m.…y las fuerzas flaquean. El martes ha sido intenso, 5 sesiones de yoga, sobrepasando mis limites, teniendo en cuenta mis 54 años. El cuerpo pide cama y el espíritu silencio. Afuera hace frío, no llega aun  el sol… Todo llama a quedarse quieta… Los y las internas esperan… Salgo con Samuel, mona, mecato y zángano a dar la vuelta de rutina diaria. Me voy  hasta la ducha… siento el fuego ardiente, la fuerza  de la disciplina, y la certeza  que me lleva a lo que busco. Termino de arreglarme, desenredo las cadenas del garaje y salgo con  el pichirilo rumbo a la casa de La Tati, con quien me iré a la cárcel en Jamundi.
En el camino hacia la cárcel, nos topamos con Don Luis y sus vacas. Le encargamos la leche para de vuelta recogerla y hacer nuestro queso casero semanal. Le grito desde lejos: don Luis….déjele mas lechita al ternero!!!!
Llego al centro penitenciario, tropiezo con la “burocracia” y las dificultades de seguridad propias  para entrar, para congregar a los alumnos, para comenzar a tiempo… Me centro en la respiración para comprender y evitar discutir.
El discurso mental me invita a dejar esta actividad que cuesta tanto energéticamente mantener, y dejar de luchar con los Dragoniantes, los cuales tiene poco o nada de interés y no facilitan la labor de sacar a los internos de los patios.
 Solo cuando me topo con los ojos de los primeros internos, de las mujeres con su sabana y veo su alegría, su mano extendida, su ansiedad por salir y recibirme, me empuja desde el corazón y me empuja a seguir, a vencer los obstáculos. Lo consigo, una vez más…
Las alumnas acuden: ¡¡¡Sorpresa!!!! Hoy son todas nuevas. La clase preparada no sirve… Comienzan las dudas… Observo a las participantes para buscar la mejor adaptación posible. Una de ellas es italiana, le pregunto a Ana Fausti. Que haces aquí? Me contesta con su lechera en la boca: mi maleta salió positiva! Y punto.  los ojos le brillan y sonríe. La otra alumna está muy agitada, tiene una piyama  hermosa de satín. Otra mas joven se me acerca y me dice si algunos de estos movimientos sirven para el sexo. Yo le contesto que claro, y ella alegremente se incorpora al grupo. Son más o menos 40 alumnas.

Fluye la armonía
Me parece difícil ajustar algo que pueda captar sus mentes dispersas y no sé si seré capaz de construir frases comunes con un lenguaje extremadamente simple. La confianza en el Yoga es mi único sustento.  Comenzamos la  clase de pie, movimientos simples asociados a la respiración, mantener la presencia en la acción, en el instante, eliminar todo lo accesorio…
Estiramos brazos y piernas y comenzamos posturas dinámicas y sostenidas como la montaña, la pinza y el estiramiento de la columna en  4 apoyos.  Observación del resultado… Alargar espiración… Han pasado 10 minutos. Todas las fluctuaciones mentales  se han detenido, las caras se han relajado, fluye una armonía
Entre todas, se desparrama: ¡el milagro del Yoga!  Estoy asistiendo en primera fila a ver un milagro de transformación a través de esta práctica oriental milenaria. Dirigida  a la esencia del ser humano, veo como las clases sociales, la cultura, las ataduras superficiales, no suponen un obstáculo para el avance. Esas grandes murallas que se elevan en la vida ordinaria que hemos creado y que  incluso producen crisis y guerras, se desvanecen como sombras cuando nos dirigimos a la esencia, a la diana a la que apunta el Yoga.
Sigo la clase con gran emoción. Al terminar, las alumnas sonríen, me rodean y de forma espontánea dicen: “¡Que bueno es esto!, ¡qué energía seño!”, cuando vuelve?
Esto es solo una pequeña narración  de lo que verdaderamente ocurre  con uno de los  grupos de Yoga en  la Prisión de Jamundi.  Cada 8 días asisto a presenciar un milagro desde un palco de primera. Me doy cuenta  cómo caen los  preconceptos y me aferro cada vez más al Yoga como la esencia de la transformación que da lugar a un nuevo sentir, formado por seres humanos donde las crisis serán siempre oportunidades.
Salgo de ese lugar rebosante de energía, de alegría, con lagrimas de  gozo y plenitud.

Liliana Posso.

lunes, 3 de marzo de 2014



Encender la calefacción y abrir las ventanas.


Para practicar zen sugiero que lo hagas con regularidad.

¿Qué significa regularidad?
la regularidad es ir  más allá de lo que nosotros podemos manejar, de nuestra razón, de nuestra voluntad.

 regularidad es la forma que tiene el sol de salir cada día, no depende de una decisión libre, depende de la propia naturaleza por eso es constante y armónica.

Piensa en un dia, o dos o los que te parezcan para practicar cada semana, y una vez que hayas tomado la decisión, deja de pensar en ella.
Tienes que practicar esos dias con la misma naturalidad con la que el sol aparece por el horizonte, sin voluntad. 

No espacies mucho tu ritmo en la práctica, porque eso no te va a clarificar nada y será otra fuente de sufrimiento en tu vida.

Hacer zazen ahora, dejar pasar quince dias, o un mes, despues regresar una semana seguida, después otro lapsus de no practicar más o menos largo, eso es otra forma de sufrimiento,de autoengaño.

Es querer tener una puerta abierta por si acaso nos hace falta. y ya se sabe que pasa cuando pones en marcha la calefacción y  dejas una puerta abierta.

Los ritmos de práctica han de ser naturales, armónicos, ni laxos ni forzados.

Sho Gu. 

tomado del blog Comando Dharma.

sábado, 1 de marzo de 2014

“Tengo más gente que me odia que  la que me quiere”
A los cuatro años dormía con una chiva. Fue criada en una familia caleñísima, la Zamorano, con un instinto cazador, que en ella se revirtió en una sensibilidad absoluta por la defensa de los animales. Tanto, que es incapaz de comer carne y le aterra ver gente a su lado “que se sirve el pedazo del cuerpo de un animal en un plato”. ¿Ponerse zapatos de cuero? Imposible. Tanto como tener en su casa sillas de cuero o un bolso y menos de culebra, porque además le resultan “espantosos”.
Liliana Ossa Zamorano, la directora de la Fundación Paz Animal, es un referente de la ciudad. No solo por su defensa de los animales, sino porque fue profesora durante 30 años y hay una generación enorme de caleños que pasó por sus clases. Filósofa de mente abierta e incrédula de cualquier religión, porque “como dijo Marx, la religión es el opio del pueblo y porque muchas fiestas religiosas se realizan en torno a la matanza de un animal” .
Crítica del concepto colombiano de cultura y de la “España macabra, porque de ella heredamos la religión, las corridas de toros y los reinados”.
Prefiere los animales no humanos que a muchos animales humanos. Vive con sus cuatro perros: León María Lozano, la Señorita Laura, Pirueto y Olivia, una pitbull violada. Y en su oficina la acompaña Mega astro, un criollito (en la foto) al que le falta una pata.
Contradictora de las políticas municipales, sin pelos en la lengua y tan insolente como para llamar al secretario de Tránsito, Alberto Hadad “churro endiosado”. De su labor, de sus protestas y sus luchas, Liliana habló con El País, como mejor sabe hacerlo: con radical sinceridad.

Usted ha sido crítica del plan de adopción de los caballos carretilleros. ¿Por qué no cree en esta iniciativa?

Porque la ley debe cumplirse, no solo por los ciudadanos si no por quienes representan a la ciudad, en ese caso la Administración. Y el decreto legislativo 0178, que ordena la sustitución de los caballos, que nosotros llamamos vehículos de tracción a sangre, debió haberse cumplido el 31 de enero de 2013 y en ciudades que no eran capitales de categoría 1 y 2 ya han salido los caballos. Soy crítica porque aquí no cumplen la ley.

Pero ya habiendo incumplido el plazo algo hay que hacer. ¿Qué propone?

Yo leí que la Alcaldía de Cali tenía un vínculo con la Universidad del Valle. Pienso que ese campus podría albergar a los caballos que van saliendo y allí mismo, con todo el conocimiento que tienen los especialistas de la universidad, ir entregando los caballos a los adoptantes, con presencia de organizaciones de derechos de los animales, una vez cumplan los requisitos que se exigen, para que el caballo quede en buenas manos.

Hay quienes creen que usted se opone porque se quiere quedar con los caballos...

No recibiría ninguno, porque no tengo cómo sostenerlos. La fundación tiene en su albergue 60 y pico de caballos que han sido inmovilizados por la Policía. ¿Para qué me voy a querer quedar con los caballos? En Palmira le dieron un contrato de $75 millones a una organización que es muy joven y me llamaron para que les recibiera 17 caballos y les dije que no. Esto para decir que no nos interesa tener un caballo más en el albergue. Allá hemos recibido caballos decomisados, desde 1996, cuando la Dirección de Estupefacientes nos entregó más de 80, porque somos una fundación respetable.

¿Cuántos caballos maltratados ha recibido recientemente?

El año pasado recibimos 80. Los llevamos al albergue, donde tienen 17 hectáreas para moverse. Muchos llegan y se mueren por desnutrición, anemia y hasta por daño sicológico. Otros no soportan la naturaleza, el silencio. Llegan caballos que ni siquiera se pueden mover. Eso no lo conoce el Alcalde Guerrero ni el ‘churro’ de Hadad.

¿Y luego de la cabalgata, llegan más?

La cabalgata ha sido un desastre toda la vida. Cuando empezó era diferente, montaban las familias dedicadas a la hípica, pero de pronto los que eran pobres y se volvieron ricos a través del narcotráfico avasallaron esta actividad y por eso pasan las cosas que pasan.

¿Por qué cree que Cali se resiste a acabar la cabalgata, sabiendo de sobra que funciona tan mal?

Porque aquí no hay educación. Esta es una ciudad donde prima la vulgaridad y no lo académico.

¿Usted cree que a esta administración le ha faltado conciencia animal?

A todas las administraciones. Si no, no existiríamos nosotros. Si ellos cumplieran con sus obligaciones legales nosotros estaríamos descansando en una hamaca bien rico. La Policía, a la que hago un reconocimiento, inmoviliza un caballo y ¿a dónde lo lleva?
Un perro no lo reciben en zoonosis, porque de inmediato tendrían que hacerle la eutanasia. ¡Es que más recursos tenemos nosotros! La Administración en lugar de vernos como enemigos debería vernos como aliados.

Pero ha hecho curso el rumor de que en Paz Animal a los animales que llevan les aplican la eutanasia...

Eso salió como un chisme, porque cuando empezamos en los 90 teníamos que recoger en las calles hasta 600 animales al mes y teníamos que practicar un alto número de eutanasias. Obviamente hacemos eutanasias, pero las necesarias, para que el animal no sufra. La gente no entiende eso porque lo traslada al campo religioso. ¡Cómo vamos a estar matando animales porque sí! Para eso tendríamos una carnicería.

En su sentir ¿cuál es el principal problema ambiental de Cali?

La falta de educación y la inoperancia de los organismos de control. Nadie sabe a ciencia cierta para qué sirve el Dagma. Al fin ¿quién se encarga de la venta de cachorros que se hace afuera de los centros comerciales? Yo creo que hasta el Secretario de Gobierno, que debe ir mucho a Chipichape, los habrá visto. La gente compra esos cachorros y muchos se mueren al otro día. En Cali no se ejerce la autoridad ambiental.

¿Les siguen llevando muchos animales de compañía a la fundación?

Nos llevan semanalmente 12 perros y gatos al albergue. Hay una frase preestablecida de la gente: “no lo puedo tener”, cuando quieren salir de sus animales de compañía. Antes había más perros callejeros porque no existíamos. En zoonosis a los perros los mojaban y les ponían un electrodo y los mataban. Una vez saqué de allá un perro al que se lo estaban comiendo las hormigas.

¿La ha mordido un perro?

Me mordió Lola, mi perra, en la pierna, al separarla de una perra cieguita que yo tenía. ¿Dónde me deja esta del brazo? Me la hizo una yegüita de ‘Chupeta’, de las que nos dio Estupefacientes. Me subí ‘a pelo’, porque no me siento en nada de cuero, y cuando me fui a bajar quedé enredada en ella.

¿Por qué cree que se siguen registrando casos lamentables con perros de raza especial, como el del pitbull que mató en enero a un niño?

Un perro pitbull no es agresivo, lo vuelven así. Yo tengo una pequeñita, que es muy brava, porque la violó un hombre. Me demoré en sacarla del habitáculo seis horas para que me aceptara.
A la perra del caso del niño de Puerto Tejada le pusimos Estoica por su valor. Llegó tiritando de miedo, con las defensas bajísimas, con anemia. Nunca la vacunaron. Había sido maltratada. Espero ver a los tenedores de esa perra en la cárcel, así como el Icbf castiga a los padres que maltratan a los hijos.

¿Y a qué le atribuye la repetida historia de gatos que amanecen envenenados en algún barrio de la ciudad?

Porque los han estigmatizado. Los gatos son muy mágicos, ellos te quieren si perciben esa energía de tu parte. Pero por ejemplo, en mi vecindario tengo una señora que los detesta y le hacen de todo. Yo les quito un vidrio de mi casa para que ellos entren, se acuesten y coman. A mí no me han hecho nada y entran 20 al día. Pero a ella le hacen ‘popó’ en su casa porque los odia.

¿Es consciente de que en Cali algunos reconocen y elogian su labor, pero otros la tildan de loca?

Que me traten de loca no me molesta, porque la locura es la lucidez más grande de un sujeto. Me gusta porque también da señas de que tengo buen humor. Soy consciente de que tengo más gente que me odia y menos gente que me quiere. Fíjese que una señora muy principal de aquí, del Partido Conservador y que fue congresista, no me volvió a hablar que porque yo pretendía que la gente no fuera a las corridas. Como si ese no fuera el pensamiento de un gran colectivo. Un día la fui a saludar como una estúpida “ve, fulanita” y no me respondió.

¿Pese a tantas críticas está satisfecha con lo que hace?

Qué contenta voy a estar. Quién va a querer ver la miseria en esta magnitud. Yo vivo muy triste. Uno tiene momentos en que se ríe, pero hay otros en que la rabia te brota, porque este es un trabajo que nadie quiere, pero alguien tiene que hacerlo.

¿Ha pensado en retirarse? ¿Cómo imagina su despedida?

Uno de mis estudiantes del bachillerato es director de la junta y le voy a proponer que me mande a descansar, porque soy ‘la zoyla’ de Paz Animal. Les pedí que cuando muera me echen en una chuspa y que a mis animales que me sobrevivan les apliquen la eutanasia y nos entierren en el cementerio del albergue.

¿Si usted fuera autoridad ambiental en Cali, qué haría con los animales?

Todos los parques estarían llenos de ardillas, de iguanas, de niños, de perros, de gatos de todos los animales urbanos. Que fueran unos verdaderos sitios de descanso. A veces no entiendo cómo hay mamás que matan la ratica delante de su niñito y por otro lado invitan a la fiesta del muchachito con una tarjeta de un ratoncito con gorrito. Esas son cosas del imaginario colectivo que no tienen lógica.

miércoles, 19 de febrero de 2014

LA INTENCION EN LA PRACTICA DE YOGA.


Un hombre que ha renunciado al fruto de sus acciones está siempre contento y libre de toda dependencia; y sabe que, aunque interviene en la acción, él no actúa.
Bhagavad Gita IV.20

El objetivo que guía una acción se denomina intención. 
Hacer algo intencionadamente es lo mismo que actuar a propósito. Actuar a propósito significa que actúas de forma consciente.
 Prestar atención es actuar de forma consciente, actuar de forma deliberada hacia un objetivo.
 Se dice que aquellos que creen en las casualidades no prestan atención. Es muy importante mantener una intención elevada durante la práctica de yoga porque aquello que determina el resultado de cualquier acción es la intención subyacente. 
La intención que pongas en tu práctica determinará los resultados, puedes obtener simplemente fuerza y elasticidad a nivel físico, o alcanzar equilibrio y armonia en todo tu ser.

Hace poco salio  en internet un articulo  sobre la gran popularidad que está alcanzando el yoga en todo el mundo.
 Según las estadísticas, los principales motivos para practicar yoga son : ganar flexibilidad, perder peso, incrementar el tono muscular, aliviar el dolor de espalda, mantenerse vital, joven y reducir el estrés.
 La gente no menciona como objetivo lograr la iluminación, acercarse a Dios o contribuir a la felicidad y libertad de otras personas.

Al yoga no le importa por qué practicas ni cuáles son tus motivos.
 El yoga te dará cualquier resultado que te prepongas si practicas lo suficiente.
" Lo que sea que estés pensando mientras desarrollas una acción, determinará el resultado de esa acción".
 Te conviertes en aquello que contemplas. Si quieres que el yoga (la práctica) te acerque al  objetivo, o a la  la iluminación, entonces la intención subyacente durante la práctica tiene que ser practicar Yoga. No vas a alcanzar Yoga, el objetivo, de forma accidental: debes desearlo con todo tu ser.

Yoga significa iluminación o unión con el Ser superior. Así como cada persona tiene que encontrar su propia manera de relacionarse con Dios, cada uno de nosotros también tiene que hallar la forma de expresar una intención elevada.
 Ofrecer tu práctica a Dios es una forma de expresar una intención elevada. Para muchos eso es mucho pedir.
 Otra opción es ofrecer la práctica a tu guia. Cuando deseas a tu guia  la iluminación, estás dedicando los esfuerzos de tu práctica hacia ese objetivo. Eso te permite dejar de pensar en ti mismo(a).
 Otra forma de establecer una intención elevada es dedicando la práctica a cualquier persona que conozcas, porque cuando nos enfocamos en los demás en lugar de centrarnos  en nosotros mismos despertamos la compasión, causa y fuerza impulsora de la iluminación.
 En el estado de iluminación uno logra descubrir la Unidad, no hay lugar para la otredad. Así que si puedes encontrar la forma de establecer una intención elevada para la práctica que te ayude a superar la preocupación por tu pequeña personalidad, ese camino te guiará hacia el Yoga.
 En la tradición de Jivamukti Yoga por lo general establecemos la intención de la clase cantando “Lokah Samastah Sukhino Bhavantu” y luego explicamos su traducción: “que todos los seres sean felices y libres, y que todos los pensamientos, palabras y acciones de mi propia vida contribuyan de alguna manera a la felicidad y libertad para todos”.
 El Bhagavad Gita enseña que aquel que desee alcanzar Yoga debe renunciar a los frutos de sus acciones. Esto no quiere decir que no hagas las cosas a propósito, o que no establezcas la iluminación como objetivo. Un practicante de yoga sabio tiene fe en Dios y sabe que su mayor deber es actuar con la máxima integridad, de forma totalmente desinteresada, sin estar preocupado por el resultado de sus acciones. Eso se lo deja a Dios.

Sharon Gannon.

texto tomado de la pagina de Rafael Cervantes. 
   

inspirada en Riokan monje zen y poeta

El silencio, tan lleno. Los sonidos del silencio. El tren que pasa, algún golpe de viento suave, un pájaro al vuelo, los crujidos de la casa...