viernes, 22 de abril de 2016

cuando se acaban las distorsiones mentales





Resolviendo  nuestros obstáculos, una vez que comenzamos a derivar y  limpiar nuestras percepciones erróneas  y estemos  listos para contemplar la verdadera naturaleza de las cosas, entonces... cuando miremos una flor veremos que está hecha de cielo, de nubes, de tierra, de espacio y de tiempo. Y entonces estaremos viendo al  origen y la fuente y esencia de todo lo que existe. Nos contemplaremos a nosotros mismos y veremos que estamos hechos de nuestro maestro, nuestro padre, nuestra madre, nuestros antepasados, nuestros hermanos y hermanas, de vegetales, de animales salvajes, de bacterias,hongos,algas, vegetales y agua y de todas las cosas. Cuando vemos esto a la luz de la interdependencia, estamos viendo al Buda, a dios, y nuestra visión errónea se desvanece. Ya no estamos apegados a las cosas, ya nunca estaremos presos en ellas.

Thich Nhat Hanh-

sábado, 9 de abril de 2016

las cavilaciones

Desde el habitáculo de mi arcana mente 
surgen como espasmos las cavilaciones.
Comparten espacio las
multiples lilianas no menos
etéreas que viajan cansinos por todos los atomos de mi ser.
¿Son esos "efectos" los que me hacen ser tal y como soy
ellos son lo que pienso, hablo y siento
en ocasiones veo esa  aleación que cohabita en mi...
¿He de tener Fe?
hay un origen,un punto cero,la fuente mismisima 
de todo lo que me habita.
  manejando  estas inherencias...
¿Soy más que este cuerpo? ¿Nací para ellos y después partir?
Soy sólo un vehículo para lo impalpable, pienso por momentos.
Sólo un atavío para hacer un viaje. 
Un mapa de abstractos...
Un atlas con fin.

sábado, 23 de enero de 2016

mis manos

Cuando desfallece el día y la oscuridad se cierne
sobre todas las cosas, es cuando más siento la importancia
de mis manos, pájaros de alabastro descubriendo tactos
para mis sentidos. Yo las amo y les digo que me lleven
y traigan por todo el universo que concentran sus palmas,
que recogen sus dedos, y me abran caminos de fulgores
intensos o de luces chiquitas; a su antojo lo dejo.
Atolondran la mente como un rayo en el cielo
con tan solo posarse en la piel del amor.
Son susurros al viento si la música suena.
Son campanas de adiós si la muerte se acerca.
Son un cosmos las manos donde el alma es viajera.



jueves, 21 de enero de 2016

acerca de la ecologia

Ecología gagá (Columna de Brigitte Baptiste)

Brigitte Baptiste, directora del Instituto Humboldt
14/01/2016
brigitte baptiste credito juan jose carrilloips
Vicente Macuritofe murió hace poco en medio de las selvas del Caquetá, su hogar y hábitat tradicional. Abuelo centenario, colaboró por años como muchos sabios indígenas, con estudiantes y doctores que desde la academia aprendieron de él, en la noche, acerca de las plantas y sus dueños. De hecho, estas palabras constituyen el título de un libro hermoso y perdido con coautoría de C. Garzón (1989, UN), en donde la experiencia milenaria del pueblo murui se expresa ante todo como conocimiento ecológico y a la vez, sagrado: fundamento de la supervivencia humana en la selva, que también contiene y estructura el sentido de la existencia.
Como principio de la colaboración a menudo larga y silenciosa entre mayores indígenas y científicos occidentales, el respeto mutuo al que se llega con la humildad de quien conoce los límites de su pensamiento en el tiempo y el espacio, que poco florece entre jóvenes o funcionarios, impacientes en su intento de reducir todo a una ecuación, a una clave, sin haber experimentado la plenitud de las escalas. Porque la ecología, pariente de la geografía y la historia, piensa en decenas de años y de hectáreas; al menos en tres generaciones. Nada se entiende con un sobrevuelo, un testimonio aislado, una experiencia única. Más sabe el ecólogo por viejo que por diablo…
En estos tiempos de debates ambientales álgidos, donde se equipara cultivar, pescar o hacer casa con asesinar y se considera que cortar un árbol es “talar”, se requiere del pensamiento ancestral, griego o yucuna, para recuperar el sentido de las proporciones. Y está bien que construir y poner en funcionamiento un lago artificial que incide en la cantidad de agua disponible, la pesca, la acuicultura, la generación de energía y la navegabilidad en un gran río se torne un asunto de alta política e intervención en las cortes, pero antes de llegar a ellas deberíamos acudir con más serenidad al sentido que las ciencias de la sostenibilidad buscan darle a las transformaciones persistentes del entorno: nuestro contexto de planificación debería ser capaz de operar al ritmo de los ciclos ambientales, ahora anómalos por la aceleración que viene de maximizar el retorno de las inversiones en el plazo más corto, la enfermedad económica que nos deja sin futuro. Y si cuestionamos el aparente cortoplacismo del indígena que satisface el hambre día a día, debemos entender que disfruta la confianza colectiva en el funcionamiento espontáneo y persistente de ecosistemas capaces de proveer y absorber el impacto de sus actividades, liberándolos del tiempo como carga, el deber del Estado…
Coincide el budismo zen en esta perspectiva, a la cual se llega tras muchas subidas y bajadas del río, cosechas prósperas o no, selva talada y regenerada. Pero la ecología no es una ciencia en la cual el país quiera confiar, se fomenta poco, se identifica por conveniencia con la algarabía del activismo y se desecha por recomendar la prudencia y precaución. A nuestros mayores los retiramos a la fuerza, cuando más los necesitamos, o los llamamos “viejitos gagá” si participan del debate nacional.
María Giagrekudo, indígena de La Chorrera, se graduó con su tesis del “árbol de la abundancia” (U Distrital, 2013), basada en el conocimiento ancestral de su gente, colombianos que llevan apellidos como Zafiama, Manaideke o Manaidego: ecología propia para recuperar la confianza en el funcionamiento del mundo. Un guiño vital a Gloria Galeano y otros sabedores que discurren entre muchas selvas, para bien de todos.
Editorial de Brigitte Baptiste para la República: http://www.larepublica.co/ecología-gagá_340101

jueves, 14 de enero de 2016

huye de lo que te es comodo: sal de la zona de confort...

1. Desafía tus miedos
"Huye de lo que te es cómodo. Olvida la seguridad. Vive donde temes vivir. Destruye tu reputación. Se notorio"
2. Se valiente
"No quedes satisfecho con las historias que vienen a ti. Descubre tu propio mito."
3. Cultiva la gratitud
"Viste de gratitud como un manto y ella nutrirá cada aspecto de tu vida"
4. Entra en acción
"¿Porque debería permanecer en el fondo del pozo, cuando una fuerte cuerda esta en mis manos?
5. Ten confianza
"Mientras vas andando en el camino, el camino ira apareciendo"
6. Abraza los contratiempos
"Si te irritas por cualquier roce, ¿como es que seras pulido?"
7. Voltea hacia adentro
"Tu misión no es buscar el amor, si no buscar y derribar todas las barreras dentro de ti que has construido en su contra"
8. Aprende del sufrimiento
"La herida es el lugar donde la luz entra"
9. Que no te importe lo que los demás piensen de ti
"Quiero cantar como los pájaros cantan, sin preocuparme de quien oiga o lo que los demás piensen."
10. Haz lo que amas
"Déjate ser atraido por la fuerza de lo que realmente amas"
Rumi

lunes, 23 de noviembre de 2015

Que impide ser constante en la practica del yoga

La frase “Voy a ir a yoga” es más popular que “Practico yoga”. 

Aunque millones de personas practican yoga a diario y se benefician de ello, son much@s quienes van y vienen por epocas a la practica disciplinada y regular. . ¿A qué se debe esto? A que es complejo transformar el pensamiento en acción cuando son ellos quienes tienen  el control de nuestra vida. 

Santosha
Y no sólo pasa con aquellas personas que quieren volver y no lo hacen. También ocurre con los practicantes que,  habiéndose beneficiado y siendo conscientes de los muchos efectos positivos del yoga, crean un estado de costumbre en sus mentes que los lleva a abandonar la práctica, para luego volver al estado de la partida.
El impedimento reside en la mente, y sus manifestaciones son la pereza, la tendencia a aplazar y, las múltiples justificaciones como:  el no tener tiempo,  que  a veces se torna  aburrida, que si es muy exigente, que si es muy suave, que si muy difícil, que si  es cara,  que si es muy temprano, o...muy tarde, no poder dejar de estar conectados a rutinas inútiles, no poder dejar de cuidar  a alguien, y muchas más excusas.
La mente crea unas estructuras muy fuertes que son  difíciles de cambiar. Cuando Pensamos:  “Quiero  ir a yoga” es porque en alguna parte de nuestro ser sabemos que debemos hacerlo, que nos va a ayudar, que nos va a hacer bien, ya sea porque nos lo recomiendan o,  porque hemos sentido los beneficios de la practica internamente.
Pero las cadenas creadas por el tiempo en la mente son tan fuertes que nos cuesta dar el paso de
re-comenzar y continuar practicando una actividad que nos ha ido  transformando hasta el punto de ayudarnos a resolver problemas antiguos muy arraigados en nuestra conducta y muy nocivos para nuestro bienestar.
Ciertas tendencias  sociales e individuales nos van llevando a determinados estados, sin darnos cuenta. El estrés, el sedentarismo, el trabajo, la crianza de los hijos, el consumo de televisión o excesivo uso de los dispositivos de comunicacion, la inactividad física en pos de utilizar más aún la mente para hablar y comer en exceso y muchos otros malos hábitos, ayudan a la mente a construir unas prisiones de las cuales no podemos salir. Una vez allí, la mente sabe que trayendo a nuestra presencia ciertas ideas ,todo el  ser se va sometiendo a ellas, recreando  los hábitos, y...degradando nuestra salud lenta y paulatinamente.
Cuando decimos “Voy a hacer yoga”, al instante siguiente la mente trae unos pensamientos compensatorios y nos da a elegir un sinfín de excusas, hasta que alguna funciona y volvemos al estado anterior al primer pensamiento. Así, permanecemos en el lugar tóxico que la mente necesita para seguir teniendo el poder sobre todo nuestro Ser.
Y ¿por qué la mente se resistiría a que practiquemos yoga?  Porque a través y mientras se están realizando las posturas con la respiración consciente, se desactiva la mente, se modera y contiene su influencia sobre el Ser y así es posible realizar  acciones para que otros aspectos de nuestro Ser más completo se puedan manifestar, como por ejemplo las emociones o la creatividad.
Por lo tanto, si sentimos la necesidad de re-comenzar a practicar yoga y observamos que no podemos pasar de la frase “Voy a hacer yoga” o “Tendría que hacer yoga”, o que llevamos meses queriendo continuar cotidianamente sin éxito, deberíamos observar todo el proceso,  que ocurre a nivel mental cuando nos proponemos retomar esta practica  que nos va a hacer bien desde diferentes puntos de vista.
Si la clase es muy lenta o muy fuerte, si los compañeros no me gustan, si me da pereza aprender a desarmar los traumas de mi vida, si cualquier otra actividad tóxica gana el pulso a nuestra práctica de yoga, debemos entender que son todas excusas y pretextos  creadas por la mente para evitar que nuestro espiritu se manifieste libremente, aun sabiendo que debemos hacer algo para estar mejor, aun siendo conscientes de que hay cosas en nuestra vida que no nos gustan, que deberíamos cambiar, aun sabiendo que el yoga nos traera beneficios.
la practica de Yoga desactiva las estructuras mentales ayudándonos a entender estos procesos, a través de cada postura, de la  respiración con presencia a través de la relajacion y luego de la meditación.
 Esta actividad milenaria es capaz de revolucionar todo nuestro Ser hasta conseguir, poco a poco, transformarlo mermando las cadenas mentales que nos atan a los hábitos nocivos para dar paso a la conciencia, a la libre voluntad y a la sabiduría que reside en todos y cada uno de los Seres humanos.
Por ello, aplazar una y otra vez la practica  no apoya ni ayuda a reparar el  equilibrio interno , es dejar que los pensamientos sigan gobernando nuestra vida, alejándonos de un equilibrio natural que nos asegura la serenidad el equilibrio y la armonia.
adaptado por Liliana posso.
Pablo Rego. Profesor de Yoga.

lunes, 9 de noviembre de 2015

hojas de otoño

Las he mirado correr, volar, hacer giros
como una algarabía de críos jugando.
Muchas hojas con alas mudando el color,
sin percibirlo, en su afán por vivir
 sin pensar en mañana.
Hete ahí, que el mañana llegó y perdieron
el verde, lo dejaron adherido al tronco
 del árbol que las cobijó.

Enredadas salieron, se elevaron, cayeron y volvieron a izarse
una vez y otra vez mientras dejaban como rastro su verdor.
Las observo alfombrando los céspedes, las aceras,
los charcos y hasta las ramas llorosas.
Todo lo ocupan las locas hojas ya amarillentas,
algunas enrojecidas , otras vainilla
sin aromar, otras...otras ni están de trituradas por
el bamboleo del viento a ráfagas que las llevó,
primero en volandas "pá" conquistarlas y luego huyó.
Queridas mías: ya os amo yo entreveradas, varadas también
sin timonel ni timón, así, como pasto para la tierra que cíclica
y callada espera la mutación reincidente, el devaneo otoñal
que deja sabia, grato mantillo, perduración...
Amo esa hoja en concreto, la que ha quedado rezagada
en la alberca, flota muy cerca de unos cálamos.

inspirada en Riokan monje zen y poeta

El silencio, tan lleno. Los sonidos del silencio. El tren que pasa, algún golpe de viento suave, un pájaro al vuelo, los crujidos de la casa...